bugas…

cisexual

Cisgénero: los otr@s

Las personas cisgénero son aquellas que asumen su identidad de género como concordante con su cuerpo con el que nacieron. Es decir, es un hombre que se asume hombre heterosexual  en un cuerpo masculino y una mujer heterosexual en su organismo femenino. Digamos que es lo binario, las dos entidades que se transforman o se quedan en el planeta buga. De entrada ser “cis” es permanecer “de este lado”, eso quiere decir. Que se supone que es donde están los batos y las morras con preferencias heterosexuales, lo “normal” o heteronormado, que yo ya no creo en eso porque he visto a los charros más bragados besarse con su compadre y a mis amigas más casadas y con mamavan darse sus cancos con morras.

Esta terminología sexual es otra forma de sentar una separación en la diversidad sexual: cisgénero es la gente que no es transexual, y de hecho, el término cisgénero fue creado precisamente para diferenciar a los bugas/heteros, de l@s demás. Quizás en la ciencia, en el ejercicio de la ley en favor de la banda trans, en la medicina y los avances científicos para la reasignación de género, incluso en el esquema de la diversidad sexual, sea práctico usar cisgénero versus transexual.

Pero además de que la diferencia es obvia, creo que separar cis y trans, es una forma de ahondar distancias y multiplicar etiquetas.

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El papel de los cisgéneros y heterosexuales en un planeta en donde la diversidad está extendiéndose, es decir, los homsexuales, lesbianas, bis, trans y queers son nuestros compañeros de trabajo y de vida, es apoyar y ser empátic@s.

Como este es el mes del orgullo gay, los heterosexuales o quienes pretenden parecerlo, debemos asumir una postura sobre la onda gay, pero también empezar a defender nuestros derechos de inclusión en un sistema que estamos apoyando de forma continua. A mí me han discriminado muchísimas veces, por andar de jotera y calenturosa, por ser buga-hetero. Y no ando chilleteando por eso, porque sé dónde me meto, pero también es importante que nuestr@s amigues de la comunidad de la diversidad sexual ayuden a los bugas menos sensibles a ser partícipes de una conciencia comunitaria tolerante y de inclusión.

Las personas cisgénero literalmente son vistos como los otros, que aunque estén “de este lado”, están distantes de los trans. La persona transexual es alguien que nació en un cuerpo que no corresponde a su identidad de género, y ésta banda es la que ha logrado más avances en la consecución de sus derechos y en la lucha por su visibilidad; más las mujeres trans que al igual que las mujeres cisgénero-heterosexuales, son violadas y asesinadas.

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La terminología sobre la identidad de género, preferencia y orientación sexual, es revoltosa y confusa, y para la comunidad en general que apenas pudiera tener una noción de educación en la sexualidad, es de hueva. Es la verdad. En un pensamiento primitivo, que trasciende clases sociales y niveles educativos, la diversidad sexual en la mente de un mexican@ promedio es: joto, activo, pasivo, lencha, bicicleta, vestida, vestida que se hizo la charra, hermafrodita y otras morrallas inidentificables que son parte de los prejuicios y atavismos machistas que presenciamos en la cotidianeidad.

Entonces ser cisgénero es asumir la genitalia con la que nacemos y usarla para los fines bugas que correspondan y su opuesto, el transgénero, es aquella persona que nace con un cuerpo que no corresponde a su identidad de género, y toma medidas al respecto: o se realiza una reasignación de género o vive su vida con su identidad de género con la cual se siente cómodo.

Sea cual sea nuestra etiqueta y una vez bien posicionada en el culo, lo único que debemos de hacer es habitar este congal de sangre con respeto y armonía. En este mes del orgullo gay llega a México el Autobús Transfóbico, un bus que promociona la discriminación de género, la homofobia y odio hacia las personas no heterosexuales a todo lo que da, y es un ataque frontal a los derechos de las mujeres en nuestro país. No permitamos que nadie a nuestro alrededor viva con ese odio y esa incitación a la violencia.

¡Voy a marchara!: elia.martinez.rodarte@gmail.com

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reset: Ibsen

The-Daughter

En el crossover de los libros al cine perdemos “mucha literatura”, pero ganamos en conocimiento de autores, fundamentales e importantes, como uno de los padres del teatro, Henrik Ibsen, de cuya obra adaptaron recientemente The wild duck, en una versión a la que le pusieron The daughter.

Desconocía la película y el libro. La una me llevó a la otra. Con The daughter esperaba ver una cinta para irme a la cama sin pensar en nada más que en levitar entre la trama y la duermevela, pero me encontré con una historia densísima, lejana y casi ajena al tratamiento lineal y blandengue de muchos guiones de hoy en día.

Entre la novedosidad de plantear dimensiones imposibles en historias estrambóticas y mal filmadas y la del director autor que cree que nos puede llenar el cerebro de nitrógeno, hallamos la opción de una obra de Ibsen, fresca, actual, clásica y narrada maestro.

Henrik Ibsen es un pilar de la literatura mundial. Es el chanoc de Chejov y Joyce aprendió noruego para leer a Ibsen en su idioma original, en el cual fueron concebidas sus obras. Quizás una de las más nobles motivaciones para aprender cualquier lengua. Yiddish por Bashevis Singer, alemán por Rilke, japonés por Oé, ruso por el padre Tolstoi y Dostoievsky.

En The daughter se esforzaron por una buena adaptación, sin embargo, imitaron como párvulos los sofisticados recursos de Ibsen, esos momentos en que un personaje desentrama la trenza con una elegancia, sin decir mucho, y sólo con llevar al receptor de sus diálogos hacia el terreno de las suposiciones y la conclusión fatal.

La trama es la historia de un hombre que regresa a su casa natal, a la boda de su acaudalado padre con una mujer muy joven. Al llegar al pueblo se encuentra con su mejor amigo. Su mejor amigo está casado con una mujer y tienen una hija adolescente. La hija adolescente es el producto del amor ilegítimo de la mujer del mejor amigo y el papá del hombre que regresa a su casa natal. Las verdades van apareciendo en torrente con una espesura y tono dramático excelente, porque además todos los actores son de primer nivel: Sam Neil, Geoffrey Rush y los demás.

Ibsen es un magazo del inuendo. No te dice nada y permite al lector-espectador construir la obra y asumirla con sus sentidos, entregándonos a los personajes y a sus dramas personales. Cuando veía la película pensaba: es como Chejov, cuando aún ignoraba que se trataba de la adaptación de The wild duck de Ibsen.

Ibsen es el maestro del teatro moderno y autores desde Wilde, Tablada, Bergman, Miller, Reyes, Gutiérrez Najera, de cualquier ámbito o nacionalidad, honran a Ibsen. Si me detengo a hacer lista de sus fans, sería una publicación sólo para ello.

Henrik es un genio en el conocimiento del alma humana. No concede tregua y pone a la gente en situaciones límite, en esas esquinas de la existencia a las cuales nadie se quiere enfrentar y es mejor verlas en una historia, recreadas por esas pobres personas a las que obliga a empinarse ante sus abismos.

Amén de las frases y situaciones ingeniosas, sarcásticas y de personajes sólidos y perfectamente delineados (un poco flojones en la adaptación de la película), la mano de Ibsen se nota en la trama por la complejidad de sus relaciones. Es un autor que trata la endogamia como pocos, y que comprende las motivaciones humanas, con la dureza de la realidad, pero ciertamente con una indulgencia. Ibsen es generoso con sus personajes y un demiurgo que vale porque escribe con el lenguaje y la lengua del oficio, elaborando un sofisticado entramado y andamiaje por donde se manejan los personajes, pero es universalmente amado por la razón por la que amamos (amo) a los novelistas rusos, a las poetas de Europa del este, a las feministas francesas, a los poetas brasileños y portugueses, a los cantautores perdidos entre la “alta literatura” que sólo es un techo de soberbia: escriben desde el corazón. (Y luego editan)

Todas las guerras, hasta el amor, llevan a Maquiavelo…

en listo.jpgMaquiavelo y el sexo

Niccolò Machiavelli o Nicolás Maquiavelo legó su nombre a su teoría filosófica y práctica del ejercicio político como consejero durante el renacimiento. No importa que aquello haya sucedido ha centurias: lo que él reflexionó sobre el poder y control en la política, se puede ejecutar en el fornicio, en la sexualidad, en el amor, en el romance y derivados.

Cada acción que ejecutamos a favor de nuestra genitalia o de alguna relación amorosa o afectiva en nuestra vida, es producto de una serie de maquiavelismos que planeamos antes de llevarnos a alguien a terreno, cantarle un tiro fogoso o simplemente ver la forma de cómo se enamora de nosotr@s, a base de pura maña sucia. Ya no conozco a nadie que le tire el lazo a un@ sin truco.

Maquiavelar significa en lo cotidiano, una acción de estrategia y pensamiento previo a realizar alguna cosa, sea legal o ilegal. Maquiavelo fue un asesor político en tiempo de guerras, ergo se dedicó a estudiar las mañas de los seres humanos para encontrar su punto débil y manipularles. Todos maquiavelamos a cada momento, porque continuamente estamos planeando cómo obtener lo que deseamos con los recursos que poseemos.

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Nicolás, nacido el 3 de mayo de 1469, no era tan maquiavélico para el sexo, y según cuenta a  su amigo Luigi Guicciardini en una crónica sobre una experiencia sexual que tuvo, andaba tan ganoso que se tiró entre las sombras de un callejón, a una mujer en ruinas: sin dientes, sin pelo, habitada de piojos y liendres, que babeaba como fuente cuando Maquiavelo le aluzó la cara, nada más para darse cuenta de que se había cogido a un esperpento. Aunque el recopilador de esta crónica Gregorio Luri, en El blog de Ocata, asegura que quizás nuestro maquiavélico sólo estaba madreando a su compa. Otra biografía de Maquiavelo, del argentino Fernando Lucero Figueroa, cuenta que además de su esposa Marietta Corsini, tuvo amantes diversas: mujeres ordinarias y lejanas de las damas del poder que él admiró, como a Catarina Sforza, una de las mujeres guerreras de ese tiempo y su “dama de Forli”.

Las citas de Maquiavelo que conocemos emanan de sus muchas obras, siendo las más populares El príncipe y El Arte de la Guerra, sólo por mencionar las más conocidas: fue prolífico en libros.

El sexo es poder y la teoría maquiaveliana lo sustenta debido a que Maquiavelo separa la moral de la política, y es absolutamente pragmático en cuanto a lo que desea obtener.  Como cuando dice que “hay un doble placer en engañar al que engaña”: el sueño de todas las personas que buscan vengarse de quien les puso los cuernos.

La más terrible de sus sentencias y que se aplica perfectamente al fornicio, es cuando escribe: “Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos”, y eso se exhibe en los batos que siempre se avientan el hociconié sobre sus ejecuciones sexuales y nomás no rifan. No hay congruencia…

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Debido a que el empleo recurrente de Maquiavelo era el de asesor y perro policía de señores poderosos de Italia, sabía que habría de cuidar su propio poder. Por ello no se equivocaba cuando decía que “Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen…”, porque a quienes amamos están amarrados a nosotros y vapuleamos ese lazo. Manda quien quiere menos, y ese ejercicio del poder también estaba entre las consignas del filósofo, quien conocía a fondo la naturaleza humana. Y a la más venenosa, como es la de los humanos en el poder.

Nunca pareció un tipo osado en el amor o en el sexo, aunque él valoraba el arrojo de los hombres que se atrevían a conquistar mujeres, porque mostraban la misma lumbre que aupa la ambición por el dinero. Pero sabía proyectarse, ya que en otras de sus obras, podemos ver a Maquiavelo siendo realmente maquiavélico, como en la comedia La mandrágora en donde una personaja inventa una pócima para poder engañar a esposo, mientras consigue quién le ayude a producir un heredero, práctica muy común con tanto marido borracho impotente, en ese y todos los tiempos.

El fin justica los medios: también palabra de Maquiavelo.

 

Florencia 500 años: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

Chatterley

Pornoerotismo literario

Ninguna imagen pornográfica en el mundo le ganará jamás a nuestra atascada imaginación. Quizás sí haya un@ más cochino y atrevido, y alguien con más recursos obscenos: pero lo que cada un@ siente con lo que se inventa y se elabora, es único e irrepetible.

Por ejemplo, no es lo mismo la cachondería que se experimenta al ver una imagen porno en una película o en internet, que lo que se siente cuando se lee un libro. Porque los sentidos están involucrados de manera diferente: cuando vemos, creemos que “sentimos” en todo el cuerpo, porque el lenguaje visual nos lo oferta: ¿pero qué pasaría si sólo estuviéramos “oliendo” el acto sexual o escuchándolo? Sin ver.

Entonces cuando uno lee literatura cachonda, los sentidos se ponen alertas, enloquecen y nos hacen experimentar cosas distintas, más sensuales y sensoriales. Se siente más sabroso y la excitación proviene del mero epicentro de nuestro relleno cremosito. Es imposible no calentarse. Mi querido Samuel Noyola, poeta y desaparecido, sin querer me ayudó a seleccionar algunas de las novelas cachondas que les recomiendo ahora, porque era las que leía en el baño para jalársela. Así era de romántico.

Por ejemplo, “El amante de Lady Chatterley” del autor inglés D. H. Lawrence, que es un clásico del erotismo en la literatura. Todo el libro está lleno de sensualidad, de una ansia extraña, como si fuera una de esas erecciones que va y viene pero que no se decide a rendirse. La novela está plena de olores, tonos y de texturas de la naturaleza, del sonido del agua y de las manifestaciones de la luz y de la tierra, y de los cogidones que le daba el leñador y guardabosques a Constance, la infiel protagonista, que no llenaba de tronco, y debía fletarse además al marido enfermo e impedido, ígnaro de aquella situación. De esa novela aprendemos tres básicos para el fornicio: es buena idea ir a forniciar sin llevar ropa interior, para agilizar el proceso. No hay que alucinar sobre qué significa el sexo. Sólo es sexo normal entre dos personas normales e infieles. Y quizás el mensaje principal en cuanto a erotismo, es que, al ejecutar el acto sexual, nuestra percepción del cuerpo del otr@ cambia. No es lo mismo sabrosearse unas nalgas de lejos y luego tocarlas: no necesariamente empatan las sensaciones.

La literatura pornoerótica nos remite asimismo al Marqués de Sade, pero la verdad yo me lo saltaría, porque su asunto no es erótico del todo, sino pornogore: le encanta la caca, las violaciones, comerse a la gente, y aunque respeto las parafilias de cada quien, me parece un poco indigesto; el fornicio literario que prefiero es el que se remite a las sensaciones más intensas, espirituales quizás, pero profundas y mejores, para orgasmos más luminosos en la mente. Igual está Leopold von Sacher Masoch, el del masoquismo. Puro canco mala onda sin deberla ni temerla, sólo porque a una condesa loca le gusta beber sangre de doncellas.

Henry Miller, el novelista estadounidense, puede aportar sensaciones que remueven los dentros y mojan las bragas cuando lo leemos, y quizás ayuda su estatus de pequeño patanzuelo. En “Sexus” (la primera de una trilogía), el protagonista está enamorado de la vieja loca que se llama Mara, pero entre tanto se la pasa manoseando a cualquier incauta que aparezca en su camino, en un viaje sexual y sensual de mucha experimentación. Es cachondo y calenturiento al narrar, de mucho detalle y fiereza en los actos eróticos.

Si midiéramos en un eyaculómetro estas novelas, recomendaría primero “El amante del Lady Chatterley”, “Justine” (de Sade que es más erótica que porno), “Sexus”, “Historia de O” de Pauline Réage (que me encanta porque va directo al fornicio, casi sin encuerarse, al iniciar la historia), “Las edades de Lulú” de Almudena Grandes, que narra un desmecatamiento sexual muy humedecedor sobre una morra que se abandona al goce y a los rigores del falo. Y en las historias homopornoeróticas, no está demás leer a Luis Zapata con su “La más fuerte pasión”. Bragas húmedas garantizadas.

De las escritoras analizaremos pronto su intenseo, porque su sensibilidad erótica va más allá del sexo, y se clavan más en los clavable.

 

Viva la matria: elia.martinez.rodarte@gmail.com