los amig@s toxicos y cuándo bajarle al inodoro…

Con l@s amigos también tronamos

Los amigos y las amigas no son tema sexual, y más nos vale que así siga, para salud mental del universo. Sin embargo el martirologio mexicano nos demanda que aguantemos a toda prueba a l@s compas lo cual me parece un imposible.

Con los amigos y los amigas también debemos de tronar; darnos un tiempo o un break; sacudirle el polvo a esa relación. Y no es exclusivo de las relaciones largas, ya que en las amistades recientes se presenta el desgaste asimismo.

Este parece un tema que a nadie le gusta, porque cualquiera sale con la falsaria cantaleta de: “yo sí soy un gran amigo, muy leal, y aguanto a mi compadre en cada una de sus pende…”, o de que: “no me importa que mi comadre y amigui le enseñara las tetas a mi marido cuando se agachó, para recoger algo que ella tiró”.

Los amigos y las amigas suelen ser, a veces, nuestra más grande molestia porque hay cariño, apego, ergo, me apalanco aquí, suelen decir y revientan la cuerda de la buena voluntad.

Sucede en algunos casos, no todos, ni estoy hablando de situaciones personales. Luego se sienten y una ni sabe porqué, no sean mamilas.

Sólo arrestos y mucho empeño se necesitan para cortarle la buena onda a nuestro compa, y detecten situaciones tóxicas que los pueden llevar a una rotura fea como:

El amig@ transa que todes tenemos, que le debe dinero a media ciudad, que intenta involucrarte en sus proyectos fraudulentos y que posee ese raro don impune de los transas: desvergüenza total, que les permite circular como si la conciencia tranquila, ya que sus compas le perdonan sus “pequeños” delitos.

Adiós también al amig@ que siempre está envuelto en una tragedia inenarrable. Todos esos años en ayudarle a que se aliviane en algo a lo cual se él/ella se opone con la misma fuerza, merece que uno suelte ese mecate y deje de arrastrar. Esto incluye a los drogadictos, infieles compulsiv@s, bebedores antisociales y otres demonios.

Urge que nos deshagamos de los amigos “presuntos” violadores. Sé que eso suena espantoso, pero en esta urbana sociedad nuestra, existen muchas personas señaladas por abuso sexual, tocamientos, violación y violencia de género o por alguna fobia (homo/lesbo/trans/hetero/) y que están en nuestro entorno. Hombres honestos que parecían bien buenas personas que de pronto surgen como agresores sexuales denunciados y exhibidos. Estoy impactada de cómo viran esos tipos, conozco de cerca a un par de ellos y aún sigo en shock…(Estoy con las denunciantes, por supuesto).

Pónganle pausa a esos compadres y comadres a quienes debe un@ resolverles la vida: desde ayudarlos a mover su mesa de billar en tu camioneta y a la semana siguiente te pide otro jale o que le cuides el perro durante los dos meses que se va a otro planeta a un viaje de trabajo. La vida es muy pesada con lo que un@ ya carga. Cuidado esos tontos que son amigos eternos de la buenota que nada más los usa para cargar macetones de un piso a otro, o el gandalla que usa a la mensa como echadero, pero son “amigos”. Esas son las primeras “amistades” que es preciso desincorporar.

Está de sobra mencionar que nuestr@s amigues que coquetean o se cachondean con nuestras carnes/compañer@s, entran en la limpieza de otoño. También a los que te deben varo y sabes que jamás…A quienes critiquen a tus hij@s o te digan cómo criarlos o que dicen caca sobre tu familia (aunque sea cierto). La amistad es a la lealtad, si no, no es.

Para corresponder a su morbosidad, yo sí he removido a algunes amigues; no por malvada, sino porque ya me tenían realmente hasta el culo y mi paciencia es muy poca. Me parece insultante el abuso de confianza, ya luego les contaré el chisme que está súper.

El caso más extremo, fue el de un amigo (todavía…) quien me contó que estaba de compras con su compadre, y empezaron a discutir por la misma idiotez por la que peleaban desde hace más de 15 años. Mi compa lo dejó hablando solo y siguen sin cruzar palabras. Era lo mejor.

Querido público, eso sí, conservemos a los amig@s buen@s.

 

Descarga tóxica: elia.martinez.rodarte@gmail.com

¿neta güey? ¿de nuevo las luchonas guerreras…?

¿Luchona o guerrera?

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¿Qué nos importan las madres solteras? Han existido desde el principio de los tiempos, porque al final, los hombres no sólo las abandonaban, sino que morían en la cacería, en las guerras o simplemente una señora se quedaba con el crío porque así se le puso la cosa.

Todes conocemos a una madre soltera, como yo por ejemplo, y se ha viralizado un desprecio a esta condición, más aún cuando existe un signo de empoderamiento o falso empoderamiento de la mujer que ya parió, pero quiere seguir “actuando como soltera”.

Entonces existen madres solteras que publican en todas sus redes sociales que andan de viaje con su novio, o en la borrachera, o con otras amigas pasándosela con ganas, y sus críos, pues están bajo el cuidado de alguien más que puede ser la abuela, la tía, la vecina u otra sufrida que quiera liarse con la responsabilidad de cuidar a l@s hijos de otra.

Ahí es donde comienza el problema, porque entonces mientras esas madres solteras que son tachadas de putas o de desnaturalizadas que se van de borrachas con tipejos, nadie se acuerda del inseminador que les ayudó a hacer los chamacos.

Es lo que me choca de este país y de muchos batos: sacan la malteada a diestra y siniestra y ni siquiera asuntan sobre la peligrosidad e irresponsabilidad de un embarazo que él mismo inseminó. Olviden esa sensiblería que les choca sobre la paternidad y de su responsabilidad, que a todas luces desconocen: un embarazo no planeado es un retroceso para todes en este país, porque no existe una infraestructura que pueda darle siquiera una vida medianamente digna si nace pobre.

Estas luchonas o guerreras no son personas malas ni locas del desquicio: sólo son mujeres que quieren salir a divertirse en un acto de revanchismo y de igualdad y equidad en contra de los preñadores. En el transcurso de ello, dichas señoras cometen cualquier clase de ridículo, pero si contamos con alcohol, mala copas, truenes, custodia y pensión, tenemos casi una bomba molotov.

Ellos a su vez, no aguantan que “sus hembras” salgan a buscar a otros machos después de que ustedes ya cometieron la avería. Los temperamentos de los hombres funcionan de maneras tan primitivas, que no es raro encontrar a esas madres luchonas y guerreras siendo perseguidas o vigiladas por sus preñadores, o criticadas en las redes por andar de divertidas o por ser mujeres como las cualquier era.

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Las chicas siempre se han querido divertir. En la mayoría de las películas del cine mexicano previas a los noventa, las expresiones de madre soltera o de divorciada, eran sinónimo de “mujeres de la vida galante” por seguir en el mismo dialecto de aquella época. En 1979 apareció una que se llamó “Soy madre soltera” del director Rubén Galindo. La mensa que se embaraza del casado y que a partir de vivir con el estigma de “madre soltera” cualquier pelegatos intenta darle un canco. La actriz y cantante Luciana, estelariza la película y también interpreta un tema sobre ser madre soltera…

En cada una de las televisoras mexicanas en donde se ha tenido a mal realizar contenidos para idiotizar, las mujeres solteras que son amantes de alguien, que son madres o que no tienen pareja sexual fija, son parte de este estigma de burla y denostación.

Los hombres y mujeres machistas piensan en automático: acaba de parir, ahora debe de sujetarse a la ley de mantener las “patas cerradas” porque ya cometió el pecado de preñarse de un inseminador imprudente, que quizás no pague manutención ni pensión ni nada que se le parezca.

Entonces su vida debe ser de trabajo y de apegarse a una vida de castidad, como les ha pasado a muchas doñas que se han rifado una existencia de puro jale, pocos novios, ergo poco fornicio, y encima aventarse el jale de cargar con el estigma: el que sea: porque son unas divertidas borrachas de muchos novios o unas santas patronas del jale perpetuo, la sociedad nunca dejará de sancionar a una madre soltera.

Si de declara entonces como luchona y guerrera, entonces los machistas de nuestra sociedad van a gritarle feminazi, o algo sobre Paquita la del Barrio y Jenny Rivera, o algotra insensatez de señor dopado en el veneno de sus propias gónadas.

No defiendo a ninguna luchona o guerrera, porque me parecen posturas ridículas e impostadas, pero: ¿por qué no empezar a ponerle nombres, exigir pensiones, demandar seguro médico a los que inseminan a esas guerreras luchonas? Ellos son la mitad del problema.

Aburrida: elia.martinez.rodarte@gmail.com

eat my shit

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Coprofagia y coprofilia

Una cosa es leer al Marqués de Sade e imaginar todas las escenas que describe, que rayan en el crimen y en una lujuria desenfrenada y sin concierto, y otra ver las impactantes imágenes de su literatura en películas. Como las escenas en donde comen caca, se amarran, golpean, cortan, meten cosas por los orificios corporales y otras delicadezas de ejercicio erótico, por  llamarlo de alguna forma.

Sade sabía cómo violentar la imagen y la imaginación. Fue un noble francés desmecatado, quien visibilizó muchas prácticas sexuales y parafilias. En Sade vemos que gustaba del shibaru, esos amarres en donde envuelven de mecates a una persona, la enrollan como tamal y la cuelgan como jamón en carnicería.

En Sade encontramos también una palabra: el sadismo, que significa la aplicación de dolor y sufrimiento en otro, con miras a la consecución del placer, cosa que no siempre lograba el marqués. Al divino Sade le gustaban demasiado las trabajadoras sexuales, a quienes torturaba y trataba muy mal, hechos que propiciaron que estuviese en la cárcel en varias ocasiones.

El escándalo tronó verdaderamente cuando fue perseguido por haberse fugado con su cuñada y otra vez al bote. Curiosamente el marqués de Sade quizás se haya vuelto un loquillo porque nunca conoció el verdadero amor. Era un rebelde que desarrolló una amargura que se transformó en lujuria enloquecida, porque nunca le permitieron vivir el romance y encontrar a su pareja anhelada. Los nobles franceses, como en casi todas las cortes, se casaban con la esposa idónea en matrimonios arreglados por conveniencia.

“Saló”, una cinta dirigida por Pier Paolo Pasolini, es una de esas adaptaciones de la obra de Sade (Los 120 días de Sodoma) en las cuales hay que tener un estómago firme para aguantar escenas verdaderamente gruesas de violencia y de sadismo. Y es la obra fílmica donde la coprofagia y coprofilia se visibilizan como práctica extrema y erótica.

Coprofagia y coprofilia son antiguas parafilias que ahora conforman algunas de las más atascadas secciones de los sitios pornográficos. En “Saló”, Pasolini puso a comer harto helado de chocolate a los protagonistas del filme y recrea la parafilia con fidelidad. Algunas referencias sobre la producción de la película mencionan que la caca de la filmación contenía mermelada de naranja para darle mejor consistencia a la nieve. Pasolini lo logró con creces: recreó la mejor popó del cine del siglo pasado.

Grandes montones de nieve simulando caca pasmaron a aquellas audiencias setenteras que vieron la adaptación de las ideas de Sade y las del director, quien realizó una metáfora de la postguerra con la cinta.

“El círculo de mierda” es la parte de la película en la cual vemos a algunos jóvenes, a quienes se les prohíbe defecar durante un rato, para que luego emitan por sus tafanarios su execrencia, misma que fue engullida. Eso no les excita a ellos, sino a quienes les obligan a hacerlo.

La coprofagia es la actividad de comerse las heces, como lo hacen algunos insectos. Es una función de la naturaleza que permite el reciclaje, aunque en ciertos animales como los perritos, es algo esporádico, pero sucede. Existen personas que no sólo les gusta la caca, sino que experimentan con ella en sus actividades sexuales porque les excita, como lo es en la coprofilia.

Nadie puede entender las motivaciones y pulsos internos que expliquen a detalle cuál es la razón que incita a la cachondería con la mierda humana, pero existen muchas formas en las que la gente se hace encima de otra, les gusta y les calienta. Verlo y hacerlo.

Es para temperamentos muy resistentes ver en el porno a una señora tirándole sus execrencias a un tipo en la cara, o quienes se sientan en el cuerpo de otr@ y lo forran de “helado de chocolate”, así como las escenas de sexo anal en donde se viene todo el contenido de desecho humano y va a parar en la piel de alguien. Son parafilias y son maneras de ejercer la actividad sexual y deben ser forzosamente una actividad consensuada y responsable, porque no es higiénica, ni salubre y es de alto riesgo infeccioso. Sólo es la comprobación de que todo lo que sale del cuerpo humano sirve.

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Orinarte: elia.martinez.rodarte@gmail.com

La vieja tradición de matar y aventar cuerpos femeninos…

Creyó que estaba muerta

En enero de 1977, Edgar Contreras Martínez, casado, 30 años, ejecutivo de ventas, mató a Laura Millet y trató liquidar a la hermana de ésta, Elda. Intentó violarla. Todo le salió mal. Ni siquiera alcanzó bien una erección, cuentan algunas versiones maliciosas en línea. Las golpeó, ató y balaceó. Las abandonó desnudas en un predio cercano al aeropuerto de Monterrey.  Elda sobrevivió y acusó. El tipo la creyó muerta luego de dispararle. Edgar se va a Estados Unidos, lo extraditan y cumple con su condena.

Eso fue en los setenta cuando todavía la ciudad regiomontana era, dicen las crónicas del crimen, un sitio inocente, semiprovinciano y no tan prolífico en violencia extrema.

La historia de ese crimen sigue asombrándome, desde que Pedro de Isla, escritor regiomontano y apreciable amigo, me la semblanteó una sinopsis, que luego se transformó en un andamiaje literario. Escribir sobre ese trágico hecho, no sólo fue un tema central en muchas de nuestras conversaciones, sino un suceso referencial en la violencia de género.

Un feminicidio como el perpetrado por Edgar Contreras fue un acto de sadismo: los crímenes violentos y virulentos en contra de mujeres en México, son ejecutados con una sorpresiva saña, ira, odio…

Es decir, la matan, la rematan, le cortan la cabeza, le prenden fuego, la machetean, la cortan, las esconden en agujeros indignos. Así es ahora y es muy visible. Casi podríamos decir que el atroz feminicidio de los setentas, era como un atisbo premonitorio de lo que sucedería después: un montón de señores iracundos,violentos, asesinos potenciales, feminicidas en ciernes.

Pedro de Isla narra en su novela “Los andamiajes del miedo”, una descripción puntual y morbosa de la mente de un asesino, cuyas motivaciones radican en actitudes muy arraigadas en el machismo y la misoginia en México. El feminicida las levantó de una discoteca regiomontana, se las llevó del sitio, las atacó y lo demás es una historia intensa en la que resalta el mensaje purulento de la sociedad de Monterrey de aquella (y todas las épocas), justificando la conducta del asesino: ¿qué hacían esas muchachas, hermanas, nativas de Yucatán, estudiantes foráneas, a altas horas de la noche con un señor casado?

Todo lo que acontece después de que sobrevive una de las hermanas atacadas, Elda, fue un circo espantoso tras el cual las identidades de los implicados se diluyeron en el olvido: las versiones de los destinos de los protagonistas se complicaron o falsearon y el arribo de nuevos y más violentos crímenes, feminicidios y escándalos, ocultó el caso de las hermanas Millet y su trágica historia a manos de un hombre regiomontano.

En la novela de Pedro una de las aportaciones más valiosas, es la forma en que él domina la mente del asesino, traduciendo a la realidad el verdadero monstruo que fue el tipo. Fue la peor pesadilla de cualquier morra: golpeó a las secuestradas, las manoseó, ató, amenazó con una pistola, arrastró y a la que mató, lo hizo por estrangulamiento, una de las formas más íntimas y personales de matar, si así se le puede llamar a una atrocidad en la cual la empatía hacia otro ser humano desaparece.

La sociedad regiomontana, que en ocasiones se las gasta para juzgar a sus torturados con gran saña también, condenaron a las muchacha como unas putas trasnochadas de mala fama, en un extravagante giro del seguimiento de esa tragedia: las mujeres no salen de noche con tipos, a emborracharse, menos si son casados, sin la presencia de su madre cerca para vigilarlas. Un cúmulo de difamaciones espantosas rodearon a las hermanas Millet, quienes además de sufrir el linchamiento regio, padecieron un acoso mediático.

Recordar historias así, no es una cosa de nostalgia, sino la confirmación que este país no ha cambiado un ápice en 40 años: sigue lleno de batos machistas, mujeres misóginas, tipejos violentos que creen que pueden poseer a cualquier mujer, personas que replican la violencia de género y hasta llegan a justificar un feminicidio: “porque andaba de puta”, “se viste de zorra”, “ella lo provocó y estuvo tomando” y muchas otras condenas ciegas, que perpetuarán ese odio hacia las mujeres.

Nos vemos en las redes sociales y en mi página http://www.ivaginaria.wordpress.com

 

Ahora no salí de bruja: elia.martinez.rodarte@gmail.com

Que los hombres piensen en cómo violarnos menos…

Estamos rodeadas de hombres que excluyen a las mujeres de las decisiones importantes a base de estrategias silenciosas, que siguen en sus masculinidades sin cuestionárselas jamás. Y tengo menos paciencia, ahora que maduro, con la falta de crítica que los hombres tienen de sus comportamientos. No mueven un dedo contra los terroristas del género masculino (los violadores, maltratadores y asesinos de chicas). Hacen su trabajo sucio e invisible para que los chicos “normales” puedan seguir disfrutando en medio del terror que nosotras vivimos. Estoy harta de que tengamos reuniones entre nosotras para hablar de la violación y que nunca estén ellos. El problema es suyo, que lo arreglen ellos. Nosotras, aparte de correr con más velocidad, no veo cómo lo podemos solucionar. Se necesita urgentemente que los hombres se reúnan para hablar de cómo violarnos menos. No todos los hombres son iguales, pero joder, tienen tantas ventajas quedándose tal y como están que prefieren no moverse. Antes de morir me gustaría ver que se ocupen de enmendar la mierda de masculinidad que conocemos: VIRGINIE DESPENTESfemme-de-l-etre_virginie-despentes_1