El encanto sexual de Rasputín

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El pene del Gregori Rasputín medía 40 centímetros en erección. Al menos eso se decía tras sus famosas orgías en las que participaba uno de los principales actores en la caída de los últimos zares de Rusia, la dinastía Romanov.

Contar la muy rusa historia de ese monje loco o místico suertudo, es una telenovela que desembocó en la erradicación de los zares en Rusia, un país pobrísimo y devastado por el hambre hace más de 100 años. Aquello estaba como un hervidero a principios del siglo pasado. Los zares vivían de lo mejor, lejos de la banda hambrienta y paupérrima y además escondían un secreto: el zar que iba a heredar el poder, el pequeño Alexei, era un niño hemofílico, un padecimiento incurable que en ese entonces no aseguraba la vida de una criatura más allá de los trece años.

La zarina Alejandra y el zar Nicolás mantuvieron a la sombra al niño, hasta que una mujer de la nobleza rusa les lleva a Gregori Rasputín. Este campesino, nacido el 21 de enero de 1896, no sabía escribir y leía apenas. Pero para limpiar su pasado sucio Rasputín aprendió de memoria pasajes completos de la biblia, y era elocuente y carismático. La leyenda sobre ese personaje oscuro es increíble porque de la nada apareció este hombre con el arma de su poder de convencimiento y dotes cuasi hipnóticas. Y claro, poseer un presunto falo de 40 centímetros en erección, pues ya es  factor para pasar a la historia.

Tan pronto el monje Rasputín logró controlar los sangrados del zarievich y darle una cierta estabilidad en la salud, se le abrieron las puertas de toda la nobleza rusa, y muchas piernas de señoras que estaban encantadas con la idea de que el preferido de los zares les enseñara el báculo de su conocimiento. También era un privilegio tirarse a este señor, ya que acercaba en automático a cualquiera con el más alto poder de Rusia.

Así como en Francia, en donde el pueblo tumbó las coronas porque estaba harto y hambriento, la revolución rusa llegó presionada asimismo por el descontento popular y para colmo, una condena moral hacia los zares, ya que se decía que Rasputín tenía relaciones sexuales con la zarina Alejandra y con Anna Aleksándrovna Výrubova, la dama de compañía preferida. Esta mujer junto con Rasputín, ejercían un completo dominio sobre la zarina, quien no podía perder al monje, porque creía que su hijo moriría y si la criatura faltaba, acabaría la dinastía Romanov. Por más absurdo que parezca esta causa perdida, la hemofilia (un padecimiento congénito muy común entre la realeza europea antigua que se mezclaba mucho entre ellos mismos) causó la revolución rusa.

Rasputín, además del famoso pene grande, también era popular por tener mucha resistencia coital. Hartos de tanta fama fálica y de su influencia con los zares, algunos miembros de la nobleza deciden matar a Rasputín, en una estrambótica escena. Rasputín era como las cucarachas de Monterrey, que por más chanclas, balazos, insecticidas, se las arreglan para largarse volando. El príncipe Félix Iusopov invita al monje a una reunión y le da comida envenenada. Que no le hizo maldita la cosa. Le echaron cuatro balazos y tampoco. Le arrimaron una tunda con una barra de fierro entre varios, y antes de emascularlo (no estaba muerto aún) lo echaron al río Neva. Lo enfriaron y dejaron sin falo.

El pene de Rasputín, o el presunto pene, se encuentra entre una colección de órganos y partes del cuerpo en el Museo del Erotismo en Moscú, pero éste ha tenido también su historia telenovelesca ya que algunas cosas extrañas han pasado por falo del monje. Ahora no se sabe con certeza si es el verdadero miembro, pero lo que sí quedó registrado es que su hija Ana intentó recuperarlo e incluso, llevar a juicio a los asesinos de su padre. Nunca procedió su caso.

Además de tirarse a muchas damas de la realeza, y quizás, no sabemos, a la zarina y a su dama de honor, el actual presunto pene de Rasputín ostenta el título del pene más grande conservado en formol de personajes de la historia.

 

Con vodka para no sentir: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

 

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Alarma desnudez…

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Me encantan sus correos que recibo con alegría y mucho amor en elia.martinez.rodarte@gmail.com algunos con cosas lindas, otros con preguntas, unos con penes no solicitados y en fotos malísimas. No por nada escribí sobre las instrucciones para tomarse una buena imagen de su falo erecto con su celular. Una buena foto es determinante para un pene, porque puede redimensionarlo de maneras diversas.

Pero tras mi columna pasada sobre la desnudez en grupo (La cuerpa, Vol.1 que luego les compartiré porque la dicté mientras viajaba en un autobús porque no tenía internet…en fin…), me llegaron algunos correos en los que se me reclama un poco, sobre el asunto del pudor y de que, mostrarse en desnudo para niños y niñas, puede ser nocivo e incluso, un tema que propicie una situación de abuso. Precauciones en las que coincido totalmente, y me atrevería a decir que, los mismos padres y madres exhiben a sus hij@s en las redes, un sitio inestable e inseguro para los infantes, ante la navegación de tantos depredadores sexuales y pedófilos que existen.

La desnudez puede parecer mala o impúdica, porque al cuerpo también se le ha erotizado y visualizado como una entidad forniciatoria, coital, de fricción y que gracias a los muchos “pecados” que rodean al acto sexual, aquella exhibición de piel se remite a lo obsceno o lúbrico.

Citar el libro del Génesis es hablar de la maldad de la desnudez per se. Es incluso escandaloso pensar, a mí me ofende incluso, descubrir que el concepto de la desnudez y la culpa han sido introyectados en nuestra pobres mentes y almas desde el inicio de los tiempos cristianos, lisiando a nuestros amados organismos y convirtiéndolo en el ancestral perchero de toda clase de garra que se nos haya ocurrido echarnos encima.

Me encantan los artificios que nos vestimos, pero no a costa de la satanización de mostrar al cuerpo. Y no sólo me remito a lo encuerado, sino a las ropas, incluso cuando su objetivo es una desnudez ataviada y ensenando, o recordando al mundo a través de la moda que la brevedad no es símbolo de invitación: es sólo querer mostrar el cuerpo, lo primero que hicimos desde el principio de la humanidad, andar encuerados.

Mi primera lección sobre desnudez me la ensenaron mis padre y madre: iba a ir a una función de baile africano en la que, personas de ese hermoso continente, aparecerían en el escenario semidesnudos. Recuerdo perfecto que me dijeron que probablemente salieran bailando unas señoras sin brassiere, lo cual era normal en sus países porque hacía mucho calor en el continente africano. No entendí qué me querían decir, pero me pareció rarísima esa puntualización, pero pese a que era aún un espermatozoide de seis años, entendí que algo les preocupaba.

El ballet fue una maravilla. Las pieles negras son perfectas y poderosas, y sus movimientos eran hipnóticos. Eran manifestaciones de cuerpos distintos a los que había visto, con otras formas de concebir el movimiento y el ritmo además de que también conseguía visualizar coincidencias con nuestra forma de operar nuestra configuración.

Lo más importante es que entendí que el cuerpo humano era el mismo en todos lados y los colores de pieles son más que un anuncio mamila de Benetton en los locos noventas: una imagen prejuiciada que, trucosamente, parecía un símbolo de inclusión y de diversidad. Incluso propiciaban una mayor discriminación y estigma, de bajo impacto. Nunca estuve de acuerdo con su publicidad.

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yo desnuda en el baño

Entiendo y empatizo con la causa de proteger el cuerpo de situaciones vulnerables que, ahora son problemas mundiales por el uso de las aplicaciones del celular. El envío de fotografías de menores, o de mayores de edad pero sin su consentimiento o de pornografía infantil, es parte de esa vulnerabilidad del cuerpo humano, cada vez más cosificado.

Agradezco a mis lector@s su precupación, porque eso quiere decir que estamos en un diálogo. El cuerpo y su exposición es una decisión personal en la que nadie que sea ajeno a ese cuerpo, deberá incidir en ello. Nuestro pudor no sólo se trata de autoestima o de vanidad, sino que implica también la situación de nuestro organismo respecto al entorno (si hace frío, o estás en el mar o en la nieve, si hay animales cerca…) Es nuestro escudo.

Cuido mi cuerpo: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

 

tóxico: la palabra del 2018

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Tóxico en el sexo: Lo que nos haga daño, nos estrese y angustie, desde la comida hasta las relaciones, los ambientes de trabajo y los atorones en el tráfico son situaciones tóxicas. Las relaciones sexuales tóxicas también son parte de esta forma de anularnos a nosotr@s mismos y conformarnos, o sufrir o vivir una vida sexual mala o mediocre, o rutinaria y aburrida. E incluso la estigmatización de la asexualidad, es tóxica. Y hasta una buena relación sexual acompañada de una convivencia romantico-afectiva tortuosa, es tóxica.

Las relaciones sexuales tóxicas nos impiden gozar de la sana alegría del fornicio y sus paseos, que son lo más hermoso que posee nuestra especie.

En una relación sexual tóxica, un@ es el que manda o lleva la batuta de cuándo, cómo, dónde y a veces hasta con quién se mantiene una relación sexual. Actúa unilateralmente. Un bato que sólo quiere tener sexo cuando llega borracho a su casa o una morra que sufre de vaginismo y no busca tratamiento, son personas que enrarecen la vida sexual de sus compañer@s. Ell@s mandan. Si nuestra vida sexual no se compagina con la de nuestras parejas sexuales, debemos de hablar y negociarlo.

Otra actitud tóxica en las relaciones sexuales, es el sexo por obligación. Muchas personas dejan de ser o actuar como son realmente en el fornicio debido a que prefieren complacer a su compañer@ y que les deje en paz. Eso es casi una violación y sin duda, un ambiente tóxico para la vida sexual. También poseen su grado de toxicidad esas obligatoriedades sobre el sexo que muchas personas exigen como: depilaciones rigurosas, algunas prácticas que las personas no quieren realizar, modificaciones corporales como cirugías o dietas, uso de aditamentos o juguetes que la otra persona no acepta, la realización de orgías o tríos…

Much@s ceden ante la demanda de su compañer@ sexual: hay un@s que hasta lo llegan a normalizar durante años, como aquella señora que me contó que siempre tuvo sexo anal desde que se casó: su esposo le enseñó que eso era lo normal entre las parejas casadas…

Una tradicional maña tóxica de las personas en su vida sexual, es la culpabilización sobre cómo se ejecute el sexo y su éxito. El compañer@ sexual es como un acompañante en el baile: para que haya movimiento, y si se puede, gracia dancística, ambos deben de moverse.

El orgasmo y la eyaculación y todas las fases de la respuesta sexual humana son exitosas en la medida de la responsabilidad que asuman los ejecutantes implicados. Tus orgasmos son tu responsabilidad y por más maleta que sea con quien te ayuntas, es obligatorio que busques el placer por tu cuenta y con lo que tengas atorado en la genitalia. El poder sobre nuestra sexualidad lo debemos desarrollar en nosotros mism@s primero, para luego sacarle el jugo completo a quien baile con nosotros.

Es horrible y demasiado tóxico en el sexo ese enorme sentido de inseguridad que genera en las personas cualquier cambio en la vida sexual. Existe una tóxica posesividad hacia los amantes y compañer@s sexuales, que cualquier modificación en la rutina forniciatoria, puede causar sospechas, asegunes, comentarios y ante todo, duda. Al ejercer nuestra sexualidad es preciso estar en continua creación y permitir al otr@ que se ponga expresivo y creativo.

La romantización del sexo es un aspecto tóxico en el ejercicio de la sexualidad, porque no ayuda a que éste mejore, debido a la idealización que se hace de él. Cuántas veces aseguramos y juramos que aquel fornicio estaba fabuloso con cierta persona o que nunca habías tenido semejantes orgasmos con tal. Nosotros también creamos la experiencia sexual en la cabeza y le construimos atributos. Con el tiempo y la práctica nos damos cuenta que ese “gran sexo” ya lo superamos, porque podemos construir mejores escenarios sexuales. O sólo diferentes.

Esa necesidad de aprobación en el sexo, genera ambientes tóxicos en las parejas por que sólo se complace a uno, y el otr@ sólo trabaja por la continua aceptación, sea del cuerpo, de las prácticas y hasta de las posiciones. El sexo es intercambio equitativo e igualitario, así que si eres de los que sólo llega y la mete…Ash.

Nos vemos en las redes sociales en @Ivaginaria en Twitter, Ivaginaria en Facebook, en Tumblr, Instagram y en mi página http://www.ivaginaria.wordpress.com

Les abrazo y les amo mucho, gracias por leerme, y pasen lindas fiestas.

 

Guárdenme torta de pavo: elia.martinez.rodarte@gmail.com

Queer

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Género fluido: ni bato ni morra

Existen personas que no se identifican en la binaridad sexual, es decir, en su identidad de género no se asumen como hombres ni como mujeres: las únicas dos opciones consideradas como la “normalidad” del ser sexual al ser un humano. Son queer o sin género. Si consideramos que los nativos norteamericanos poseían cinco géneros, sigue siendo una opción corta sólo dos. El asumirse sin género, no binario o de género fluido no es siquiera algo extraño ni que haya aparecido ayer: es parte de la historia de la humanidad. En una lista de gente que son género fluido o sin género, se menciona el caso de We’wha, una india norteamericana de la etnia zuni nacida en 1849, cuyo género era Lhamana, que significa dos espíritus, en el cual opera un hombre dentro de un cuerpo de mujer. Cumplía ambos roles, pero no estaba obligada a ejercer los de uno o de otra y vestía ropa que ahora sí, sería correctamente llamada unisex. La banda zuni era un pueblo granjero que existieron en Nuevo México desde hace miles de años. Entonces el reconocimiento a un tercer género o no género, es un asunto inherente al ser humano.

Otro pueblo milenario que presenta géneros más allá de hombre y mujer, son los sulawesi en Indonesia, quienes poseen otros dos géneros y un metagénero. Calabai son hombres que ejecutan el rol de mujeres y mucho muy empoderadas, porque son las que organizan las bodas, un asunto sagrado en cualquier cultura, además de que no permiten ser restringidas como las mujeres heterosexuales cisgénero (mujeres no trans). Calalai son mujeres que ejecutan roles de hombre y viven como hombres. El bissu es el metagénero, y son básicamente chamanes y sacerdotes. Es muy interesante que su género también incide en los roles religiosos, pero más sorprendente aún que son los intersexuales (mal llamados hermafroditas…), quienes pertenecen a este quinto género entre los sulawesi.

Las warias de Indonesia en la actualidad son el tercer género y son hombres trans, quienes en un territorio con mayoría musulmana se la han rifado para sobrevivir a la discriminación, al abuso y maltrato en el trabajo sexual y a ser relegados. Incluso deben rezar en sus propios templos.

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Los géneros fluidos o sin género de otras culturas y pueblos, se relacionan con los roles que debe ejecutar una persona en una comunidad, más allá de su sexo asignado y de su identidad de género e incide en su expresión sexual. Un ejemplo excelente serían las llamadas vírgenes juradas, mujeres de los Balcanes, específicamente. En las familias debe existir alguna, porque son seres bendecidos que viven como hombres con todo y sus roles y vestimenta. Fungen como patriarcas y asumen el control de la familia, basado en una ley de hace más de cinco siglos. Así como las vírgenes albanesas, nuestras muxes asumen desde muy pequeñas su expresión sexual como femenina, en una tradición también antigua: un bato de los hij@s de la familia, que no se casará ni tendrá hij@s y se dedicará a cuidar a sus padres y será mujer.

Otros casos de queerismo o género fluido en el mundo y la historia, son los danzarines Kocek del extinto imperio otomano, ahora Turquía. Eran señores vestidos de mujeres que tampoco abjuraban de su masculinidad. Eran exóticos, sexuales y performanceros asesiados por hombres, quienes querían probar el lado aventurero de estas bailarinas trans. Esta danza decretada ilegal en el siglo 19.Kuchek_Hanem_-_19th_century_dancer_01.jpg

Todas las personas de los géneros mencionados antes, cumplen roles determinados en sus culturas y sus géneros son una construcción, a veces muy sofisticada, incluso; ahora el movimiento queer, se erige como la postura ajena a lo binario hombre mujer desde los locos noventa. Hace poco Nueva York se convirtió en una ciudad friendly queer, o amigable con el queerismo, al aceptar el registro del tercer sexo en las actas de nacimiento. No sólo para registrar a bebés, sino para las personas que, habiendo tenido un sexo asignado como femenino o masculino, quieran marcar el tercer género, o equis. No es necesario más que pedir el cambio en el acta.

Despidamos este año con mucho amor y más sexo para combatir estos fríos que congelan la genitalia. Feliz 2019. Les amo.

 

Rompan bragas, el corazón qué: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

Whatssap: el cencerro del mal

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Yo no uso Whatsapp, lo cual me ha convertido una mujer muchísimo más libre y relajada, y eso que nunca fui fan de esta aplicación del celular porque me molesta mucho que me anden olisqueando el tafanario. Pero no usarlo te orilla a una forma ridícula de muerte social, pero como mañana cumplo años, esa situación me vale unas 20 hectáreas de berenjena.

Una de las principales razones por las que no uso esa aplicación ya más es porque expone a las personas a un exhaustivo control de las otras y a estados de paranoia, sospechosismo, celos, especulaciones. No es una exageración: el simple hecho de no responder ya es una respuesta; si dejan el mensaje como visto, es una respuesta también. La gente ha perdido otro territorio de su privacidad e intimidad, porque cualquier cosa que hagan o no, podría generar en otr@s inseguridad o desconfianza. Y no hablo solamente de relaciones romántico-afectivas o de corte sexual, sino de todas.

Un jefe molesto porque no leyeron su mensaje. Una mujer esperando el audio de un bato durante horas. Unos padres histéricos porque su hijo adolescente les dejó en visto. A ninguna de esas personas se le hubiera ocurrido la brillante idea de llamar al celular, porque automáticamente asumimos que el Whatsapp es la forma natural de comunicarse ahora y que marcar es innecesario. Conmigo no cuenten. A mí que me llamen.

Por el estado del Whatsapp (si no lo desactivamos el teléfono…)la gente puede saber a qué horas nos levantamos o dormimos, cuánto tiempo dejamos de usar el celular, cuántas horas estamos en línea. Y cuando estamos en pareja y usamos Whatsapp es una forma de control absoluta: no puedo con cuestionamientos como ¿por qué te dormiste tan tarde? o ¿por qué nunca estás en línea? o ¿no estabas trabajando a esa hora? Me parece una absoluta falta de respeto y una situación de hueva ancestral: es una correa virtual bien apretada.

Cuando bajé esta aplicación era una maravilla y me sirvió para mantener relaciones cercanas con mis personas amadas que viven lejos de mí. Gracias a esta aplicación he estado “en vivo” en el funeral de mi abuela adoptiva en Barcelona, felicitando a amigos en cumpleaños en otras ciudades de México, e incluso he tenido una relación larga y sana, gracias la comunicación al minuto. Y el sexo whassapero puede tener su encanto.  Ahora uso skype y el teléfono, porque además no soy esclava de las fotografías y a mi pack siempre lo ven en vivo y muy seguido, entonces realmente no tengo a qué volver.

Pero la muerte social sobreviene: la gente cree que te le sordeas, porque ya no te ve en Whatsapp y el demonio de su paranoia les dice: “te borró Elia”. Algun@s lo notan, y otras ni se enteran, pero entonces los grupos en donde tuviste la desgracia de ser adoptad@, empiezan a especular también: ¿por qué no hemos sabido nada de ella? Gracias a que ahora soy invisible, batallo más. No me mandan los libros de las tareas, tengo que andarlos  taloneando; me entero tardísimo de los intercambios de regalo de navidad; estoy atrasada de noticias del grupo de mamás del colegio; no sé que están tramando las feministas; me pierdo de los chismes de un grupo swinger que conocí hace un año, días después de mi cumpleaños: se convierte una en apestada social, pero hasta ahora nada me convence de volver a ensuciar el apellido con esa aplicación.

La conciencia de la inmediatez del Whatsapp despierta en las personas una actitud invasiva que no debemos de tolerar. Todo mundo dice: pues bloquea, no aceptes su solicitud para estar en tu was…en este país en donde todo mundo tiene piel de jarro barato, donde la banda es sentidísima. Es más chamba.

Esta muerte social de la que ahora me sorprendo, no es una exageración: pero al menos me deja un espacio privado y muchas horas de sueño sin novios borrachos y calientes llamando en la madrugada. Otras redes como facebook pueden generar esa inmediatez con video llamadas y mensajes instantáneos. Nos toca administrar también la intimidad.

Nos vemos en las redes sociales y en http://www.ivaginaria.wordpress.com

 

En avión: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

Post scriptum: antes de escribir este texto estaba por cumplir años. Entonces el mero día del cumpleaños que casi no estuve pendiente del teléfono, me llegaron varios mensajes vía sms que porqué los había borrado del wassap a algunas personas. Lo que quiero dejar en claro, que como sea, nos podemos comunicar. Bien recibidos y aceptados sus reclamos, porque eso quiere decir que se acordaron y hasta tuvieron hermosos arrestos de reclamar mi presencia en una red social pedorra. Lo tomo como un acto de amor, eso sí.