Las revueltas de las mujeres

revuelta

Foto: Cristopher Rogel Blanquet

Las mujeres siempre han destruido al mundo y lo han vuelto a construir en pos de algo. En pos de algo justo en todas las ocasiones.

Temo decir, querid@ público que odia a las manifestaciones de mujeres, que esto es justicia también y hemos de reconocer un momento en el que no hay posibilidad de ir hacia atrás. Lo que se ha echado a andar no puede ser deshecho.

Es natural la resistencia al cambio por parte de quienes no entienden el sentido de toda esta furia, este enojo que emana en las marchas en todo el país, que es igual al de mujeres, – en otros tiempos, ni tan lejanos -,  que han estado iracundas por el hambre de sus comunidades, o por el abuso sistemático de una autoridad, o por la opresión de su gobierno. Esas situaciones límite, han llevado a mujeres a enojarse y cuando la bota ya está muy cerca de romper el cuello, algo pasa. He aquí y ahora.

Hemos de analizar este prninciamiento definitorio que hubo. Nos hallamos ante un punto de no retorno. Sé que mis lector@s son personas inteligentes, me consta y lo suscribo: vamos a reflexionar lo que sucedió en nuestro país en las marchas de la diamantina, desde las revueltas de las mujeres a través de la historia; hurguemos en las formas y encontremos las semejanzas, para ser congruentes y ser conscientes de la historia del presente, para ver de qué va.

Lope Félix de Vega y Carpio, mejor conocido como Lope de Vega, escribió “Fuenteovejuna”, que es una obra teatral del siglo de oro que en tres actos cuenta el empoderamiento de un pueblo, en especial de las mujeres, con la heroína Laurencia a la cabeza; ella fue violada por el comendador Fernán Gómez de Guzmán y le reprocha a su padre y a los villanos como ella, que porqué no vengaban su ataque y deshonra. “Dadnos las armas”, dice Laurencia en su cara a los batos descremados, en el monólogo de la heroína, para luego espetarles como 10 sinónimos de maricón y otros tantos de cobarde. La verdad es que es uno de esos momentos de la literatura en que se empodera la mujera, pero es demasiado siglo de oro para mí.

Para acabar con el abuso de poder, acoso sexual y mamilencia reconocida del comendador, Fernán Gómez de Guzmán, quien era un tirano violador, se unen tod@s. Un día la banda del pueblo de Fuenteovejuna junta un buen montículo de peñascos y lo risquea en su casa. Cuando intentan culpar a alguien por el asesinato del comendador, nadie peina, ni bajo tortura. De “Lo hizo Fuenteovejuna”, nadie se movió. Un grupo de mujeres orilladas y hartas por la violencia y el abuso tomó por su cuenta la justicia…

“Fuenteovejuna” está basada en un hecho sucedido en España en 1476.

Más cerca a este siglo y en otro hecho verífico, el 25 de enero de 2011 iniciaba una revolución en Egipto, después de que su “presidente” Hosni Mubarak abandonase su cargo. Quedó una junta militar que puso a un viejo rancio, Hussein Tantawi, quien prácticamente hizo que l@s egipci@s pasaran de una jaula a otra.

Las mujeres egipcias fueron las protagonistas principales de la llamada “Primavera árabe”, en protestas que llenaban las calles, llevando a sus madres, hijas, compañeras de escuela o trabajo, entre hermanas, porque además de que querían la devolución del derecho ganado de la democracia, demandaban igualdad y equidad. Erradican la imagen de la mujer árabe sumisa y sin opinión. Ellas lucharon por tener su matria.

Fueron miles de mujeres oponiéndose a la tiranía, a la violencia, a la desaparición y asesinato de sus hij@s, a las violaciones sistemáticas y abuso sexual de los militares…

En las mismas condiciones, con las mujeres al frente de los movimientos revolucionarios las yemenitas, tunecinas, marroquíes y libias se enfrentaron a sus propios sistemas opresores. Con todo y lo que significa ser mujer en esa parte del mundo.

En el siglo pasado en España, las revueltas de las faeneras y las de las pedradas, en Málaga y A Coruña, respectivamente por los veinte, fueron manifestaciones con violencia por parte de las alcaldías y comerciantes de sus pueblos, quienes mataron a varias mujeres por protestar para conseguir que se bajase el precio del pan…De ahí en fuera en muchas sitios de España se multiplicaban las manifestaciones y las mujeres muertas. Exigían accesibilidad a la comida y al carbón.

El 24 de octubre de 1975 las mujeres de Islandia paralizaron su país. No fueron a trabajar y se sordearon de toda actividad que colaborase con el funcionamiento laboral, educativo, familiar, y se tomaron el día libre. Protestó el 90 por ciento de las islandesas, por equidad e igualdad en los salarios, en la política, en los puestos de decisiones públicas. Cinco años después tuvieron a su primera mujer presidenta. Cabe mencionar que ésta es la única revuelta femenina mencionada sin muert@s.

Otras revueltas llenas de muertas y de manifestaciones, fueron las que se suscitaron con las sufragettes, las luchadoras por el voto femenino en Estados Unidos e Inglaterra, a principios del siglo pasado. Hubo toda clase de mártiras, pero lo sobresaliente es que fue un movimiento largo y consistente, mundial y por desgracia, sólo consiguieron sus demandas completas tras la primera guerra mundial, cuando la mano de obra de bato comenzó a escasear. Entonces ellas fueron a trabajar  para mantener en operación a las fábricas y así, con más jale y pagado mal, lograron el derecho al voto.

Todas las revoluciones del mundo, encabezadas por mujeres, operan igualito a cómo se manifestaron las compañeras el viernes 16 de agosto pasado, quienes marchamos exigiendo justicia ante la violación impune de cuatro policías de Azcapotzalco en perjuicio de una menor. El yugo ahorca y revienta. Esto no se puede deshacer en la memoria.

Veamos de qué se trata esencialmente este enojo: no a la violencia de género y feminicidios.

Dicen: Les salió bara: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

 

 

 

 

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“Les vamos a cortar el pito”

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¿En qué circunstancia creen que unas morras, ya enojadas, podrían salir a la calle enmascaradas a escribir en las paredes “les vamos a cortar el pito”?

Yo diría, querido público, que en unas de hartazgo, llenadera, asco, cansancio y hastalamadrez ante la evidente injusticia sobre la violación de la joven de Azcapotzalco, en un abuso sexual grupal ejecutado por 4 policías de esa delegación, y la continua y ascendente violencia de género en la nación.

Es inmoral y muy poco sorora la actitud de Claudia Sheibaum, titular del gobierno de la CDMX al calificar como provocaciones las manifestaciones de los grupos feministas. Es inmoral un delito perpetrado por figuras de autoridad, policías que trabajan para la CDMX cuidando y vigilando. Es inadmisible que no haya culpables ni señalados ni detenidos ni privacidad para la víctima, que ha sido acosada y amedrentada, en su casa y a sus familiares. Es absolutamente inmoral que el presidente tampoco se haya referido a este hecho que nos lesiona y ofende a todas. La liga de la aceptación de la impunidad la están tensando demasiado los responsables del gobierno.

La necesidad de una alerta de violencia de género en la CDMX es urgente, y más aún si las autoridades capitalinas van a ignorar la gravísima situación de su ciudad. Acción, no veo. Yo habito en dos ciudades del norte que están del mega asco en violencia hacia las mujeres: Monterrey, en donde hace justo unos días un viejo orate se robó a un bebé de tres meses en venganza contra su exnovia que lo dejó. Huyó con la criatura no sin antes haber asesinado a martillazos a su cuñado, dejando viuda a la madre del bebito…quien tiene 13 años de edad. Y también en Saltillo, en donde apenas hace unas semanas un tipo intentó estrangular a su esposa. La mujer de milagro sobrevivió.

¿Cómo puede una no estar furiosa ante un escenario infernal, en un país horrible para ser mujer? Sea niña, añosa, adolescente, adulta joven, mujer trans, embarazada o cualquiera que sea el estatus de una. Es necesario andar con las nalgas a la pared todo el tiempo, manoteando y peleando, – cuando una tiene los arrestos -, con viejos espantosos en la calle y hasta en el trabajo y hogar. Lo peor de todo: es preciso enseñar a las más pequeñas a cuidarse y a andar a las vivas. Mínimo, para que no acaben muertas.

Hace poco recomendaban en las redes sociales que las madres debemos de ver con qué ropa y accesorios salen nuestras hijas de la casa: ¿saben para qué? Para que, si desaparecen o las violan y matan, una pueda reconocer el cuerpo. Esto me parece un asco de vida en esta nación. No es posible vivir en un sitio en donde estemos preparad@s para en algún momento, recibir a una hija muerta o violada, admitiendo un destino de violencia y feminicidios.

Jesús Orta, el titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, razonó responsablemente al asumirse no violentado y que entiende el motivo por la cual fue llenado de diamantina rosada cuando estaba hablando. Las mujeres estamos hartas. Todas estamos ya hasta el coño. Es muy dolorosa esta impunidad y más aún, la indolencia y la pasividad en los resultados ante una y otra injusticia en este escenario de violencia de género desatada que vivimos en México.

Ninguna queremos más agresiones, queda en evidencia, sin embargo creo que es la primera vez que veo a tantas mujeres y algunos batos, justificar la destrucción de la sede policiaca y la furia de las morras: es inaudita la viralización de la violencia de género, que está derivando sin duda en una violencia que se despierta, se espabila, se enfurece y puede llegar a ser peor.

Este viernes que viene vamos a marchar, de nuevo, a manifestarnos, otra vez, en contra de la violencia de género y de las violaciones, a favor de la justicia y señalamiento de esos policías violadores. En este trabajo de luchar contra la violencia de género, esperamos a l@s policías de nuestro lado, porque sabemos que no tod@s los elementos de esta corporación son villanos, o asco de personas o gente a la que debemos de temer. Ayúdenos a volver a confiar. A confiar…

Glitter: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

La enfermedad de los escitas

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Los escitas tenían dos potencias: sus mujeres amazonas que les ayudaron y encabezaron muchas de sus batallas, que merecen un texto aparte, y la ayuda del opio y el cannabis para sus campañas militares…

En algún momento de sus muchas travesías guererras, los antiguos griegos se encontraron con un pueblo bravo y nómada, de a caballo, que eran los escitas.

Esta cultura bastante rijosa (s. 8 A.C.- s 2 D.C.) estaba posicionada en lo que ahora son los territorios euroasiáticos entre el sur de Rusia, el mar Negro, Ucrania y zonas aledañas. Eran personas muy bellas y poderosas, fuertes y buenísimos para montar. Y montando fue que se relacionan padecimientos de los órganos sexuales pélvicos externos e internos del varón con la llamada enfermedad de los escitas. Aunque también hace alusión al travestismo de hombre que toma ropas de mujer.

Uno de los padres antiguos de la ciencia médica, Hipócrates, en uno de los tomos de su Corpus Hippocraticum, compilados para nuestro regocijo y chisma (y saber…), refiere a la banda escita como poco dada al amor y al sexo, por su calidad de seres ecuestres. Se les arruinaba su capacidad sexual y las ganas menguaban. Amén de múltiples dificultades en su espalda y articulaciones que surgían por su posición al montar, actividad que realizaban por mucho tiempo durante sus existencias enteras. Era de esas cosas de la antigüedad que determinaban toda tu vida.

Las referencias de historiadores de la antigüedad como Herodoto, describen a los escitas como señores de ojos azules con cabellos rojizos como fuego (Herodoto era dado al detalle homoerótico…). Menciona asimismo la capacidad guerrera escita, a caballo, buenos con el arco y la flecha, como también se ve en los guerreros persas, quienes fueron influidos por los primeros. Centauros con buena y rápida puntería.

Pero el problema no era con ése arco, sino en el que recibía el continuo roce de la montura, que a muchos dejaba “impotentes”, como erróneamente se le dice a la incapacidad eréctil o a la ausencia de erecciones. Al que no se le para se le llama impotente, pero es un término inexacto. Porque a veces eso alude a infertilidad, aunque la falta de erecciones no necesariamente quiere decir que el señor no pueda producir criaturas con sus espermatozoides.

Los escitas andaban por largo tiempo a caballo y al regresar con sus morras al pueblo, el padecimiento de las largas cabalgatas provocaba que su competencia viril fuera escasa o nula. Después de varios intentos de penetración sin lograr una erección, el señor escita mejor se echaba y tomaba las ropas de mujer y se dedicaba a las labores propias del género femenino escita. Cuando no se les paraba ejecutaban con elegancia y temprana resignación, la vuelta charra, lo cual es un sinsentido. Pero Hipócrates se cebó en el relato e inventó la enfermedad de los escitas por ese presunto travestismo. Cabe resaltar que escitas hombres y mujeres usaban ropas similares…

Esa “enfermedad”, dice maloramente Hipócrates, no es tampoco una para la banda pobre de los escitas, quienes no tenían para un caballo. Ese padecimiento sólo afectaba a los ricos, que eran los jinetes de esa cultura de la antigüedad.

La narración sobre tribus de aquellos días por parte de Hipócrates suena divertida y hasta rara, pero el buen médico tenía razón en algunas cosas. En sus escritos menciona que los escitas estaban tanto tiempo encima del caballo que ni siquiera portaban calzones o los gastaban demasiado, lo que exponía su genitalia a tal oreamiento y enfriamiento, que vulneraba y podría inutilizar su zona viril.

Los espermatozoides pueden ser afectados por las temperaturas, sean calientes o frías, y también afectar con el impacto de montar, la zona de la próstata, sensible y fundamental no solo para la reproductividad sino para el placer y las erecciones.

Zeus era escita: elia.martinez.rodarte@gmail.com

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Me quejo de Nymphomaniac por aburrida…

Nunca el sexo fue tan aburrido

Como cuando vi Nynphomaniac… Esta ha sido una de las películas de contenido “erótico transgresor” anunciada como de las más fuertes de los últimos años, controversial más que nada, del director Lars von Trier. Recuerdo que la vimos en una versión pirata que consiguió mi cómplice peliculero. La vimos tres veces porque algo nos distraía de la trama. Eso fue hace más de cinco años.

No pretendíamos cachondearnos ni usar la película para estimularnos con todos esos conflictos freudianos aburridos hasta el coño que le suceden a la personaja de Charlotte Gainsbourgh. El gran talento que tiene esa actriz es su enorme capacidad de mimetizarse con la doñanadies. Si uno la ve en la calle no la ve nunca. Entonces su personaje, una mujer que devela la historia de su sexualidad que le cuenta a un ruco pervertido que la rescata de la calle, queda perfecto.

En aquel entonces mi compañero de función me dijo: vas a recordar siempre esta película. Pensé que era por lo que hacíamos mientras, pero ahora que tengo que verla de nuevo para escribir un ensayo sobre ella, he batallado para concentrarme en esa historia de lugares comunes sobre el sexo, sobrepensados, en donde el tueste de la reflexión sobre quiénes somos y porqué en la sexualidad, está sobrado.

La “pornografía” de esas películas o la exaltación por las mismas como en el caso de Nynphomaniac, volumen uno y dos, está en la idea de una transgresión que nunca sucede. Sólo son sucesiones de lugares comunes sobre los traumas más chafas de la sexualidad. Quizás ese sea el valor. La narración de la vida sexual de una persona que realmente a nadie le importa, y la develación además, de cómo el dolor se instala freudiamente como un escape directo al placer.

La protagonista Joe desarrolla un recuento biográfico sobre su sexualidad y cómo ésta, tal y como sucede con la sexualidad de tod@s los humanos, que ejecutamos los clichés del sexo, visiblemente ante todos, cumpliendo con los protocolos sociales y religiosos. Pero también cuando no nos ven, en el derecho a la privacidad y a la intimidad, devela a otr@ que también somos.

En Nymphomaniac van apareciendo lo que se muestran como “perversiones”, que más bien son las parafilias, y lo que en sexología se llama actitudes comportamentales del sexo. Me parece loable, eso sí, que tratemos de escenificar “nuestras perversiones”, porque si alguien filmara la realidad creo que much@s estarían perdidos. La sexualidad es una fuente de continuas transgresiones sobre las cuales no queremos que nadie se dé cuenta.

Lo que sí, querido público, me choca esa banalización del sexo que se ha dado en películas como ésta que les comento, así como en “50 sombras de Grey”, que aunque revolucionaria por su apertura al sadomaso y sus derivados, es aburrida. La actividad sexual es un ritual sagrado y va más allá del coito. Cualquiera de sus representaciones en el cine, sea en porno o materiales eróticos, nunca será lo suficientemente fidedigna respecto a lo que se enciende cuando el sexo es honesto, ponedor y se hace con ganas. Cierren los ojitos y piensen en su última echada heróica y recononcerán que no se le equipara a ningún porno.

Ahora que me debo de fletar la película de nuevo, en donde hay escenas de sexo “duro”, mecánico y robotizado para ilustrar esa banalización del sexo que les digo, caigo en cuenta que ni de porno sirven esos escenarios. Sé que no es el fin, sólo sigo la marea del tufo controversial y lo que intentaban vender. La verdad es que nunca había relacionado la palabra sexo con aburrimiento, hasta que me eché de nuevo Nymphomaniac.

La finalidad de Lars von Trier no era erotizar, sólo contar la historia de una mujer que narra sus asegunes sexuales desde su tierna edad y que luego se esclaviza a una de las parafilias más comúnes del mundo, y que en realidad nada ni mucho de lo que hagamos en el sexo y en el ejercicio de la sexualidad, se aleja de lo ordinario. No acabo de entender porqué hizo además dos partes. Dicho lo cual, a seguirle con esta tarea.

 

Despiértame al final: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

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Viva la vulva Vol.1

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Como soy bastante congruente con el pensar y el deshacer, unas sexólogas y yo organizamos unos talleres que se llamarán Viva la vulva en Monterrey y en otras ciudades. Vulva, envoltura en latín, es una de las palabras menos nombradas para referirse a uno de los órganos sexuales pélvicos externos. Le llaman chocho, coño, panocha concha, panelita, pucha y miles de etcéteras. En español nos jactamos de utilizar muchísimos nombres para la vulva, pero lo cierto es que en todas las lenguas esta boquita preferida posee hartas denominaciones.

Busquen en el Diccionario Secreto de Camilo José Cela.

El asunto es que se me desniveló el tema, cuando observé que muchas personas siempre confunden la vulva con la vagina. Vulva es lo de afuera, la parte exterior, los labios mayores y menores y el capuchón que guarda el clítoris, que anda por ahí visible o no tanto. La vagina es la cavidad en donde sucede el coito y en donde acontece el parto natural y muchos otros procesos sofisticados del cuerpo femenino. Es la conexión del útero con el exterior, y su hoyo se encuentra entre el ano y la uretra. Es muy importante conocer la vagina porque si usamos condón femenino o interno, o copa menstrual, hay que saber muy bien cómo funciona la uretra, porque se puede orinar perfectamente si uno trae un condón femenino o la copa.

Conozcamos nuestros órganos sexuales internos y externos. Urge. Además consideremos a veces que el coito no es para tod@s, porque mucha banda no puede o no quiere, entonces también conocer la vulvita pulposa, se convierte en un territorio de exploración. De hecho la atención a la vulva previa a un coito, por ejemplo, no es muy abundosa por lo general.

Existen ideas o lugares comúnes sobre la vulva que ustedes mismos me han compartido. Una que es recurrente, es que, aunque unos se sabroseen sólo con la idea de una panocha expuesta, existan también personas que siendo “muy machines”, heterosexuales y cisgénero (o sea buga y no trans) ni siquiera soportan la idea de bajarse por los chescos (me vale que sea cunnilingus, me hace reír “bajarse por los chescos”. El otro día estaba yo con un sexólogo máster y yo toda fruncida diciendo disfunción eréctil para no verme grosera hasta que él me detuvo y me dice: “¿por qué no dices simplemente que no se le para?” Ash).

No es obligatorio tampoco que las personas usuarias de la vulva quieran darle un beso payaso de inmediato cuando vean una o hacerlo por decreto. Lo idóneo es que cada quien consuma la genitalia que le provea el placer que en ese momento de su vida desea y puede recrear, con prácticas sexuales consensuadas, responsables y no violentas. Sabiendo esto ya está resuelto lo demás.

Ninguna de las personas con las que me devané el culo hablando del taller este fin de semana, me regresó en la conversación la palabra vulva. Una mujer me comentó que se sentía incómoda hablando de la vulva, que prefería no escuchar la palabra y que gua gua bla bla. Sin embargo le hube de reconvenir que es obligatorio para todas quienes poseemos vulva, revisarla y vigilarla. No me supo explicar porque le resultaba tan asqueroso e inmoral reflexionar sobre algo que ella tiene enmedio de las piernas. Me dio tristeza.

Ahora yo puedo asegurar que una de las experiencias más impactantes de mi vida fue haber conocido mi vulva porque yo sólo la había visto en las pelis porno. Y aquellas vulvas parecían un machetazo al pubis de Barbie: no pelo, no carne, no labio, no cachete, no mata, nada verífico, no aterrizado. Entonces ver aquello, primero con la selva y después de que le hice la primera brasileña, fue de impacto: me gustaba y asustaba. Así de pasmo ha de haber sentido Momoa Acuamán cuando se quitó la barba.

La vulva es un sitio sagrado en nuestro cuerpo y me encanta la idea de presentárselo a la gente con el ánimo que le conozcan, le respeten por la importancia de sus funciones y fisonomía, por lo relevante de su peso histórico y porque, ash, ahí está el santo grial. Quien mejor la chupe, simplemente gana.

Entonces a mí me toca dar la clase de vulva y cunnilingus. Eso me gusta mucho porque siempre ando bubu que nadie la chupa bien y jamás hago nada al respecto. Ergo habrá como un entrenamiento, instrucción y conocimiento de la vulva para darle placer y tratarla como un adoratorium. Al que le guste, que le de. Si hay algunos que no gustan de su consumo, también vayan porque deben conocer los órganos sexuales pélvicos externos e internos.

Pueden escribirme a mi correo habitual o a: contacto@vivalavulva.mx

Asusta el coño: elia.martinez.rodarte@gmail.com