Marido, status quo y crimen

Ha sido muy impactante la historia de la bebé Amanda, robada de un hospital regiomontano. (Ahí cuando se les ofrezca, pueden ir a robarse unas pintas de sangre, algunos tapabocas, y quizás hasta algo de codeína que tan lindos sueños provoca con un par de martinis, dice el alquimista. Seguridad cero en el hospital Metropolitano).

Un drama entero de la cabeza a los pies. No sé aún las motivaciones de María Victoria Quezada para secuestrar (maldita palabra que nos asuela en mi país) a una bebé de un día de nacida.

Pero no me siento capacitada para juzgarla, condenarla e incluso insultarla a mis anchas, aún: según las primeras declaraciones la raptora lo hizo después de perder a un bebé de tres meses, fingió un embarazo y luego buscó a una criatura para sustituir a su propio producto. No quería contrariar al esposo.

No puedo pensar en el drama de una mujer, cualquiera, que pierde un hijo: de su vientre, arrancado por la violencia de este mundo, por un accidente….

Nosotras somos animales y en nuestros dentros yace el germen de la especie, nos guste o no.

Que nadie diga o especule a la ligera sobre nuestra “bendición” de generar vida, porque está más que claro que eso no es del todo cierto.

La maternidad es un sino con que nuestro género ha sido coronado y la forma de conducirse del ser humano en general ha condenado a este estadio femenino a la desgracia y a la felicidad, en partes iguales. Nuestros genitales nos determinan, nunca de una manera del todo grata.

Por favor que ningún hombre, ni el partero que ha traído a mil niños a este planeta, opine sobre este rubro, no lo permito y me da hueva escuchar al idiota que cree que con capear al niño cuando nace, ya encontró el sentido de dar vida.

Lo siento por lo injusto que es para nuestros pares varones, pero parir, abortar, concebir de un óvulo, llevar un producto en la matriz= madre, es un privilegio y drama femenino. No más. No de ninguno.

Ello no quita la condena moral y ética que recae en la secuestradora quien con sus razones retorcidas e irracionales sin duda, intentó mantener un status quo ante su marido, su familia y sus vecinos, para los fines que a ésta interesaban.

Inmoral como personaje de Mailer, intensamente chejoviana, con momentos de Shakespeare. Que su conciencia no la mate y que su razón no la torture tanto: que la claridad de haber cometido la estupidez más rotunda no se frague a la par de entererarse que, ni siquiera valían tanto la pena las personas por quien ella cometió semejante desgracia. Ese momento va a llegar. Pobre.

Me dio gusto ver a una joven madre feliz: enterísima recibiendo a su bebé en las oficinas de la Policía Ministerial, y a su vapuleado marido, quien reaccionó a la noticia desvaneciéndose, quebrado ante lo que seguramente fueron, los peores días de su vida.

Este es un texto en el que pienso en todas las mujeres que tienen hijos e hijas: con ellas, lejos, muertos, vivos…Este siempre será un gran dolor aunque no duela, una alegría permanente secreta, y la condena de nuestro género.

En Monterrey, en donde hasta los más pequeños pueden llegar a poseer una biografía controversial en sus primeros días de nacido, las tragedias de “gran ciudad” se suscitan al mismo tiempo que las balaceras, cateos y desarmes.

En agosto pasado  un hombre asesinó de un balazo en la cabeza al bebé recién nacido que su esposa había concebido con su amasio.

Lo mató en los brazos de la mujer, una madre modelo que incluso presumía lo bien avenido de su matrimonio con sus compañeros de maestría en la Universidad Autónoma de Nuevo León, en donde fue de esas señoras que estudian un postgrado para matar el tiempo. Una mujer de clase media alta vecina de la colonia Del Paseo Residencial…

Se embarazó tras criar a dos jóvenes chicas, adultas jóvenes casi. Una concepción milagrosa que ella atribuyó a su marido, el homicida Ricardo Adolfo Cavazos Ramírez, quien se había hecho la vasectomía hace más de 14 años. Este ingeniero químico, un hombre presuntamente educado, debió saber que tras un procedimiento como el que se sometió, hace casi imposible que se suscite un embarazo. Incluso revirtiendo la vasectomía.

Neyda Gloria Flores Tamez no sólo perdonó al homicida de su hijo, sino que declaró semanas después del crimen que había cometido una infidelidad y el bebé muerto era producto de esa indiscreción. Esta declaración la hizo porque serviría como atenuante para la condena de su esposo. Los crímenes que se cometen bajo ciertas condiciones de desbalance emocional se juzgan con menor severidad y obtienen penas más reducidas.

Y era claro que de cualquier forma Cavazos Ramírez estaba conmocionado: primero un embarazo inaudito, después el nacimiento, luego una prueba de ADN que confirmó sus sospechas de que el bebé no era suyo, y luego, el día de la tragedia su mujer le dice que la criatura fue producto de una violación que ella le intentó ocultar. Todo culminó con disparos afuera de su casa, a primera hora de la mañana. El bebé de 14 días de nacido resultó muerto y ella levemente herida.

Neyda perdonó a su marido, el bebé (la víctima inocente) enterrado y en espera de la condena de Cavazos Ramírez combatirán como un equipo y como familia esta tragedia, asegura ella.

Neyda y  María Victoria al final de cuentas poseen las mismas motivaciones: conservar su status quo y al hombre que eligieron, a su esposo, aferrándose a un matrimonio o unión, pese que para ellos deban delinquir o solapar a un criminal.

En Monterrey al parecer resulta demasiado intolerable la soledad.

Un comentario en “Marido, status quo y crimen

  1. Lo que más coraje da es que el nombre y rostro de la robaniños todos lo conocemos, pero el de su pareja no. Termina siendo arrastrada al infierno ella solita, y el tipo por quien hizo semejante atrocidad está bien allá en casita.

    Qué asco también con la que perdonó a su marido. Ha de haber visto al asesinato como un Deus ex Machina, y al rato va a volver al té canasta como si nada. Más denigrante sería que le diera visitas conyugales al tarado.

    Tienes tanta razón. Cómo prefieren las regias perder la dignidad que condenarse a sí mismas a la soledad.

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