Sin pudor

Aunque toda esta columna sonará como una invitación a que nos encueremos y salgamos a ventilar la chuleta, no será así. Es un minicurso de administración del pudor, para acabar de una buena vez con esas personas ridículas que follan con la luz apagada. O que están en el fornicio con los ojitos cerrados como si alguien les fuese a aventar algo en la cara. Evitar esas malas costumbres de tener relaciones sexuales a medio vestir, como si todavía tuviésemos que usar la sábana con el agujero para el coito.

En el ejercicio del sexo y del erotismo desarrollamos mañas que nos es muy difícil de erradicar. Y mientras no rompamos la rutina de hacerlo siempre de cierta forma, no va a ser divertido, luego será monótono y rutinario, y al final no follarán…al menos entre ustedes como pareja.

He conocido todo tipo de pudores en hombres al menos, y todos son desquiciantes. Había uno que no le gustaba hacer el amor en semana santa, porque era pecado. Mencionar alguna peladez en el viernes santo ya era pleito con el tipo. Otros, acomplejados por alguna parte de su cuerpo, siempre andaban posando para que no se notara la ausencia de nalgas o que sus pies eran feos.

Pero el asunto de desnudarse no sólo se relaciona con el erotismo o como un aditivo para la cachondez. La desnudez es una pose que debemos asumir como la batería pesada del fornicio. Es el único escudo que tenemos: nuestra piel.

No poseemos más que esas carnes y con ellas debemos trabajar. Esto con especial mención  a aquellas traumadas con el peso (o sea el 99 por ciento de las mujeres) y muchos hombres también, que nada más se quitan la camiseta y empiezan a hablar de su panza. Como si pudiese evitarse el tema ante lo obvio. Pero tod@s perdonamos o dejamos de lado las “imperfecciones” de la carne, porque en realidad aunque nos encante la gente que se revienta de buena, en realidad somos omnívoros. Nos gusta si vemos que a alguien le gusta.

Si nos esperamos a que llegue la chuleta más jugosa, o ansiamos que el buen sexo sea factible hasta que nos pongamos bien sabrosos, seguramente nos pasaremos largos meses sin follar. Y a dos pasos de la tercera guerra mundial, con esas Coreas en pugna, es mejor forniciar todo lo que podamos…

Al apagar el foco o hacer el amor bajo las sábanas permanentemente, o a medio vestir, estamos entregándonos a medias a un momento que debería ser exploración y manoseos interminables.  El sexo exprés o rapidines, demanda que uno folle con la mayor parte de la ropa puesta o bien, sin reparar mucho en quitársela toda (a veces ni la interior, nomás se hace a un ladito…) Pero el manejo de nuestra desnudez deberá ser una tarea importante a desarrollar en pareja, en especial porque el cuerpo que tienen es el vehículo hacia el placer. Se sentirá más rico hacer el amor pensando que un@ está sabroso y apachurrable, que cuando estamos concentrados en que no se noten las imperfecciones, las llantas, las estrías, la celulitis, las manchas , las cicatrices (mmm) y todo aquello que nosotr@s mismos decidimos “cancelar” al público.

No hay una fórmula mágica para sentirse sabroso, así como tampoco la hay para ponerse ídem, de la noche a la mañana. Por eso el trabajo hacia la buenez y el sentido saludable de nuestro yo erótico, lo debemos trabajar desde adentro, para que cuando compartamos en el sexo, ya estemos sintiéndolo. Y hagamos sentir al otro.

Nadie va a perder el pudor de la noche a la mañana, y seguramente hay personas a quienes les tomará más trabajo hacerlo con luz, o desnudarse completamente y exhibirse,  o incluso abrir los ojos o hablar en el acto sexual. Pero eso se resuelve con media luz, quitarse los calzones al último y abrir los ojos de vez en cuando…Hay personas que son idóneas para follar con ellas y otras ideales para verlas masturbarse. Al perder el pudor y usar tus pieles a tu favor, serás ambas. Somos la sabrosura cuando verdaderamente comprendemos lo que es el descaro y administramos sabiamente la obscenidad.

Nos vemos en @Ivaginaria, en Facebook y en ivaginaria.wordpress.com

 

Míra: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

 

 

 

 

3 comentarios en “Sin pudor

  1. ¡Carajo! ¡Años para leer, de una mujer, estas líneas! Pues sí, toda la razón, somos los mexicas una raza de apocados, con el rebozo a la mano por el qué dirán.
    Ya pasé por varias de las mencionadas etapas y sólo a fuerza de chacotear, con la víctima de turno, se puede ir haciendo algún avance. Con pena, confieso, me quedaba con los calcetines puestos a la hora del choque de panzas y fué hasta que una bienhechora desinhibida me puso el alto: “con calcetines ni tus abuelos, no mames…” y me quitó la maña.
    Creo que el 90% de las ocasiones en que he perdido “vergûenzas”, ha sido a base de descolones y ahora pienso como dice Juanga: “…pero qué necesidad…”.
    Elia, si me permites tutearte, eres la luz al final del tubo retorcido que es nuestra sexualidad (hablo de los machines), ya no me quiero imaginar cómo andamos en otros ítem. Felicidades, síguele y más con ese manera de escribir tan fluída y amena porque parece que solo así, entre desmadre y muy en serio, nos entra la letra…
    Ciao, ciao

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