Princesos: ¿metrosexual, mirrey o payaso?

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foto de some ecards

Princeso: se vale llorar

En internet nacen y mueren a cada momento tribus urbanas o arquetipos nuevos. Los princesos conforman una de ellas. Ellos son varones sensibles, poseen sentimientos nobles, son románticos y hasta sufridos, como una especie de Gutierritos contemporáneo que no teme a mostrar su lado tierno. Son metrosexuales con sus propias emociones y reaccionan como se espera que lo hagamos las mujeres. No se refiere a gays necesariamente.

Se les describe como varones que no tienen miedo de exhibirse vulnerables y exponer su corazón, copiando el arquetipo de las princesas de Disney (o que adaptó Disney a partir de los cuentos de los hermanos Grimm y de los Andersen) que son ñoñas y aburridas. Todas conocen a un príncipe y se casan con él después de conflictos muy retorcidos. Al final son felices (¿por qué Blanca Nieves no acepta que comete poliandria con los enanos?; ¿cómo se abrocharon a la Sirenita?; ¿qué nivel de borrachera traía Cenicienta como para soltar un zapato?…). Nunca sabemos qué pasó después de la boda, que es lo emocionante.

Un princeso entonces es un hombre que pide equidad de género (no quiere decir que sepa qué es equidad de género, sino su interpretación de eso); que se respete su ser sentimental; que se les conceda el derecho a ilusionarse y enamorarse de una persona buena; que se le considere como a alguien que igual puede llorar en una película, telenovela o ante la cuenta del restaurante. Es una tipología de hombres jóvenes, sensibles y heterosexuales.

Ser un princeso es una mamilencia sin sentido porque asumirse como tal no dotará al varón de la capacidad de reconocer y expresar sus sentimientos. Pero sí le ofrece una puerta abierta para que se desmecate chillando en un comercial cursi. Lo cual es válido.

Abre la posibilidad para que los hombres en general se asuman como entidades con pulsiones, emociones, tristezas, alegrías y toda la gama de colores que provee el corazón de un ser humano.

No hay que autoproclamarse como princeso, pero es necesario que los hombres se liberen un poco de la carga de sobrellevar todos los sentimientos reprimidos. Lo que se aguanten y se guarden les reventará por el lado que menos esperan.

No se requiere ser princeso para que un hombre se permita a sí mismo llorar cuando necesite hacerlo. Entierren el espíritu machín y lloren. Las lágrimas son un lavado curativo para el alma: no quita todo el dolor, pero ayuda al alivio de las penas.

Tampoco hay que ser princeso para que un hombre manifieste su ternura y todo lo dulce que puede llegar a ser. Igualmente cualquier tipo puede aspirar al amor y confesarse ilusionado de enamorarse. Hay muchos de esos circulando por ahí, buscando emparejarse en un compromiso. No todos andan con la pinga blandiéndola a ver en donde la entierran.

No hay que devenir en princeso para pretender ser un buen padre, figura de la familia de hoy que provee igual o a veces mayor ternura que una madre; ello debido a que los padres jóvenes buscan una interacción con sus hij@s más involucrada en los procesos de crianza.

Tampoco es preciso que los señores princeseen para que exista equidad de género. Merecen los mismos derechos y las mismas obligaciones, vigilando que ni ellos ni ellas se gandalleen al otro. Porque si ponemos a luchar en lodo a un princeso y a una cabrona, el resultado será una masacre: la susodicha lo castraría, por la pura alegría de cortarle los cojones a un tipo que lloriquea y que ve telenovelas (como han hecho los varones desde que éstas existen en la teve).

Los hombres necesitan expresarse y mostrar sus sentimientos, porque nadie se los va a adivinar y porque ya es aburrido y obsoleto verles cargar en sus espaldas el ser machín que nunca hace dramas. Se vale llorar; eyacular prematuramente; negarse a tener sexo si no tienen ganas, sin miedo de parecer “joto” o “que no le cumple” a la señora; sentirse triste o deprimido, y hasta a quedarse sentado en el asiento del metro o camión para no ceder el asiento (a menos que haya una mujer embarazada o con niños de brazos; adultos mayores; personas con discapacidades o personas con muletas y sillas de ruedas). El ser hombre tiene muchos roles machines que es preciso abandonar. Será un alivio.

Pos chille: elia.martinez.rodarte@gmail.com

PD: Un día el querido Ricardo Velderrain, hoy mejor conocido en el mundo como Ricardo Cucamonga el daddy-o de Cindy la Regia definió al metrosexual como: el hombre que está a un metro de ser gay.😄 ¿A cuántos metros estará el princeso? (Es una broma jocunda para celebrar las tribus de internet…no se claven…o sí…whatever)