El macho nunca dice no…

papalords

Ellos también pueden decir no…

En un principio, en esta su columna Ivaginaria, había filas de batos haciendo caritas y quejándose de que siempre les echaba mucha tierra. Pero pronto ese querido público masculino comprendió cuánto le amo e hicieron lo conducente: adorarme…como yo a ellos.

He aquí entonces que ésta columna será para darme nuevamente a mí misma la razón, porque una quiere equidad de género, pero no a costa de los derechos de los especímenes masculinos, que tantas lágrimas  y orgasmos nos saben dar.

Ya estuvo bueno de viejas locas que quieren igualdad en todo pasando por encima de los hombres, replicando los viejos y mamilas modelos de poder masculinos, y asumiendo un matriarcado patriarca pésimamente entendido.

Por ello debo de informarles a mis vaginitas parlantes, que un hombre no tiene la obligación de follarte porque tienes ganas y te le tiras encima, cuál leoncita sobre un pobre lince. Tampoco debes insultarlo porque él se niega y de plano no está de humor para rayarte la pintura. Mucho menos sentirte ofendida y quemarlo con la banda diciendo que es impotente, “maricón” (pésima y horrible palabra homófobica) o cualquier epíteto que más bien te ubica como una histérica que no encuentra quién le ponga…

Una asume malamente que el hombre siempre quiere. Y que quiere con todas y como sea, y que son unos penes desaforados que pueden forniciar sin concierto tan pronto oteen a una cavidad disponible.

Lo más hórrido del asunto es que a los hombres también les han hecho creer eso sus mismos pares masculinos, obligándoles a que se tiren a todo lo que se encuentre (o no…) en movimiento, aupándolos a que se comporten como monos bonobos. Esa especie de primatitos no perdona ningún agujero y se caracterizan por ser de los changos más folladores del planeta. Y aunque ustedes crean que ya conocen a un bonobo por su cuadra, muchas de las veces se comporta así por la presión social de los mismos batos, para que folle indiscriminadamente porque tiene mucha testosterona que avalar y harta hombría que reiterar.

¿A quién le importa eso? Es un hombre más digno el que sabe negarse y prefiere no perjudicar a la damita que le ondea las bragas en la cara, que ir a follarla por obligación, para demostrar que es muy macho (cosa cursísima y demodé que ni a Pedro Armendáriz en sus arrebatos de charro bragado le quedaban) o lo peor: que le eche una follada por lástima o compasión. Para que no quede mal la mensa, ni él, pues…

Fuera de ostentosidades testosterónicas y de mis muchos ejemplos National Geographic del día de hoy, conmino a los varones, a que se mesen bien los cojones y sepan decirle no a la muchacha o mujer que intenta arrinconarlos para el fornicio.

No me importan sus motivos, todos son válidos. Hay hombres que no quieren follar porque no desean ser infieles, y en verdad les importan sus relaciones. Algunos sí de plano le tienen cuscus a su vieja, y prefieren rajarse, para no sacar a pasear a su Godzilla sobre Tokio. Otros quisieran decir que no porque, aún suene muy entusiasta y cachonda la propuesta, la morra está hórrida aunque esté buena, o está pepenable pero tiene cara de máscara de teatro Kabuki, o está gachamente fea y ya. Algunos de más allá a veces preferirían negarse, pero los agarran descuidados y terminan echándose a una dama, a la que en un futuro, le estarán sacando la vuelta todo el tiempo. Porque hay unas que, como ya les dijeron que sí a follar, creen que tienen derecho de piso y que por un solo brinco, han ganado el derecho a sacarle punta a ese caballero todas las veces que les apetezca.

Caballeros, muchachos, amigos míos…Digan que no a tiempo y desalienten a esa brujer, porque es por su bien y por el de ella. El ejercicio del sexo debe ser responsable, protegido, higiénico y por supuesto, consensuado. Que nadie les orille a follar cuando ustedes no quieran, aunque la señora ya se haya apoderado de sus braguetas y se les haya hincado en frente. Denle a su pene la dignidad que merece.

Ora, éstese: ivaginaria@reforma.com

3 comentarios en “El macho nunca dice no…

  1. Cuanta razón!
    Un gusto como siempre leer tu columna. Saludos desde Argentina.

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