Cosquillas en la orejita…awwww (sin babosear por fis…)

La oreja

La oreja más famosa del mundo fue la que se automutiló el pintor Vincent van Gogh. En uno de esos días en que se le caramelizó el cerebro hasta volverlo flan (él tenía una enfermedad mental) se la cortó, y ésta se convirtió en un ícono de la locura artística y en una de esas situaciones límites en las cuales, un hombre debe lidiar con su propio monstruo.

Pero la oreja como zona sexual y erógena, es una de las más deliciosas formas de localizar y perseguir el placer.

Sepan ustedes querido público, que yo no tengo sueños cachondos, prácticamente nunca. Pero la única vez en que sí hubo peligro de inundación genital al estar dormida y soñando, fue cuando alguien acercó su boca a mi oreja, separó sus labios y me sopló. No me acuerdo ni quién fue, ni si sus intenciones eran honorables, pero aún recuerdo cómo la piel me quedó eriza y los vellitos enchinados, como antenas que esperaban una lengua, o un beso, o una palabra al oído.

Tratar a una orejita como zona cachonda, no es cualquiera cosa, ni a tod@s se les da, a menos que ensayen.

Acercarse a la oreja es un asunto de cuidado, porque primero que nada, uno no debe de ir a ese sitio con intenciones babeatorias salivantes. No me sorprendería que alguien se quedara enfermo de hueva crónica, si alguien tiene la maravillosa ocurrencia de meterle la lengua y babosear impunemente.

Recuerden que cualquier cosa que suceda en la oreja se escuchará en grados superlativos. Una babeada abundosa aunque sea en monoraural, se escuchará como un babeado en estéreo y los chacualeos de la saliva no sólo ofertarán una sensación desagradable, sino una cantidad innecesaria de fluidos que son anticlimáticos para el erotismo.

Quien se aproxima a una oreja, deberá hacerlo como si se acercase a un objeto de cristal, delicado y etéreo. El canal auditivo, al que usted jurgonea como si fuera sacar de ahí a un animal microscópico que se se refugia en sus dentros, es muy delicado. Cualquier infección, residuos de agua o de shampoo, golpe, hurgamiento o exploración brusca, puede provocar daños en la capacidad auditiva. Amén de otros desperfectos.

Aunque nosotros en donde nos cachondeamos es en el oído externo, es muy importante saber que la lengua que ingresamos para explorar, debe ser gentil.

Así como un hombre posa su lengua en una vulva con gentileza, y más le vale, en la oreja debe suceder lo mismo. Mete la lengüita suavemente, sin abundar en la baba. Sácala con amabilidad. Rodea la parte externa siguiendo las formas de la orejita, muerde el lóbulo como se muerde a una suavidad; haz que tu boca pasee como si fuera a reconocer un terreno, aunque haya estado ahí muchas veces con anterioridad.

La mano también puede darle placer a la oreja, pero haciéndolo con dulzura y sin meter el dedo en las profundidades del canal auditivo. Acaricia con la punta de tus dedos la parte externa, masajea los alrededores, en donde los pelillos se ponen erectos y procura caricias en la zona trasera a la oreja y en la parte que da al rostro.

Amar a la oreja cuando estás forniciando, produce sensaciones que prolongan el placer, intensifican el orgasmo y ayudan a que gocemos más la genitalia que tenemos dentro o que estamos pompeando en algún benévolo orificio.

La erotolalia es a la oreja, como el consolador a cualquier hoyo de nuestra preferencia. Nombren cerca del oído, quedamente y sin gritonear, las palabras sucias, los decires del amor, los halagos, las oraciones que se rezan cuando se folla y que provocan que se aparezca ese dios que siempre sale a relucir en los orgasmos. Para algun@s, mientras más cerdo más rico, y para otr@s, con que les digan “mi amor” ya estarán chorreando alegría. Busquen sus vocablos para la oreja y ensayen sus efectos.

Aunque no es recomendable meter nada al canal de audio para cachondear, una plumita traviesa o soplido que le haga cosquillas a la orejita y sus zonas aledañas, es bienvenida y juguetona. Cualquier sitio erógeno del cuerpo puede detonar en orgasmos y cuando se trate de la oreja, siempre escuchen bien.

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Oye: elia.martinez.rodarte@gmail.com