Te voy a hacer un hijo o el mejor hociconié…

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Argumentos van, argumentos vienen, sólo hay pocas cosas que hablan por sí solas, y en las cuáles un hombre ni siquiera tienen nada qué agregar…

Lengua larga

Esta es una columna elemental y de un debate antiguo cuya conclusión es: nunca debemos creer todo lo que nos dice un hombre y mucho menos, antes de que nos hayamos acostado con él por primera vez.

Lo más fácil es drogarse en el choro mareador y creer todo lo que nos dicen, pero es mejor esperar a que saque las mañas y qué veamos bien qué clase de garra estamos levantando. Las fases del macho hablador son básicamente tres: cantar bonito el verbo a la mujer de su preferencia, para que se le vayan aflojando las rodillitas con el romance y las promesas amorosas, que por lo general son bastante estrambóticas. La fase número dos es el verbo erótico, que acompaña a la fricción sexual: son palabras del momento sexoso, pero siguen siendo románticas y prometedoras. Y la fase número tres, puede ser una serie de conjugaciones sorpresivas del verbo “despedir”, porque es cuando algunos batos preparan sus argumentos para su nueva nalga por conquistar.

En la búsqueda y consecución del tafanario, los varones expresan una cantidad de sinsentidos.

Por ejemplo tenemos al que llamaremos “el padre de la patria”, que en las primeras pompeadas emite la sensacional ocurrencia de: “te voy a hacer un bebé”, “estamos follando tanto que te voy a embarazar”, “sería sensacional hacer un bebé juntos” y una serie de mamarruchadas que, si somos listas, harán huir a nuestro ovulillo como un Pac Man que tomó ácidos. Siempre es linda la idea de la maternidad (y respetable también que las mujeres no quieran ser madres), sin embargo en los primeros fornicios debiésemos sopesar si ése potencial padre de nuestros hijos, no está meando fuera de la olla.

Otro de los peligrosos habladores es el que te dice “te quiero” antes del mes de conocerse bien. El amor es un sentimiento que se puede sentir en la cabeza, el corazón y en la genitalia. Si las pulsaciones son debajo de la cintura, entonces el amor podría identificarse mejor con la calentura. En cada “te quiero” o “te amo” existe una responsabilidad por parte de cada persona y es urgente que evitemos manifestarlo si no estamos seguros, o si sólo es una calentura de la genitalia o nada más porque sabemos que ése es el boleto del metisaca.

Uno de los más nocivos es el “nunca antes…”, que se trata de un varón que asegura que esa follada que está teniendo contigo en ese momento, es el suceso más relevante de los últimos tiempos y que nunca antes en su vida le habían dado semejante sacudida a su falo. Ahora resulta que se lo has meneado con una maestría tal, que le inspira a decir toda clase de sandeces mientras le saca punta a su lapicillo. 

En lo personal me caen bien los que tienen complejo de terratenientes, porque esos son los que no sólo se aseguran de que les otorguemos nuestro multiovacionado tafanario, sino que además la consigna es que ese precioso hoyuelo sólo sea para ellos, en la dimensión imaginaria en la que ellos son nuestros padrotes momentáneos, o al menos eso parece. “¿Verdad que eres mía?”, “no te voy a dejar ir, no te vas a querer ir, te vas a quedar porque eres mía”. Todas esas insensateces hacen creer a las morras y a las ya que ya están producidas, que son entidades únicas escuchando frases antes dichas, mismas que se han repetido en un frenético manoseo desde que el amor romántico se inventó y nos llenó el cerebro de caramelo.

La idea no es que nos volvamos incrédulas, sino cautas. Escuchen bien las promesas, dentro y fuera de la cama y hagan un ejercicio de realidad. Que por lo general no sirve para nada, porque la fe en el amor, es el más poderoso de los afrodisiacos. Las ilusiones nos hacen respirar, pero necesitamos dos o tres choros mareadores y luego que la realidad se ocupe de la crueldad restante: el bato sólo te quería para follar.

Las mujeres asimismo han agarrado mañas y también ejercen el mareo hacia el otro para conseguir sexo casual o muchas cosas más…pero de esa y otras lagartonas…

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