Pizzero toca la puerta y le abre mujer en negligé…

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Foto: http://pornsfw.com/ Muy divertido.

Más falacias del porno

Cada vez que hablamos sobre fingir orgasmos, a un hombre le sale una arruga en el escroto. Si hay algo que un señor no acepta, es el hecho de que en muchas ocasiones le han simulado los gritos orgásmicos. No pasa nada, a menos que sea todas las veces…ash. Habiendo planteado esta premisa, me parece ilógico entonces que crean en la veracidad de los mega venidones que ven en los materiales pornográficos. La gente acepta la simulación del lenguaje de la pornografía porque le es conveniente a sus fines: es como si alguien les echara porras mientras se masturban. A un@s, mientras más aullido, mejor.

Porque en el porno las mujeres experimentan orgasmos volcánicos y los saben gritar muy bien. En lo que fallan súper gachísimo, es en la cara de anuncio de pomada para las hemorroides que ponen cuando según ell@a están terminando. Además la morra, a como dé lugar, “disfruta” mucho, así lo esté haciendo con un negro que la va a partir en dos o con un japonés que le lame la cara cuando la besa.

Tampoco es muy válido creérsela cuando se trata de: cantidades de eyaculación y duración de la erección. Siéntense y analicemos. Cuando un señor se viene en una película porno, emite una cantidad de leche que parece que se ha explotado la pasteurizadora. Porque estos señores a eso se dedican: al negocio del deslactosamiento y ellos saben cómo administrar sus pececillos. No son como striper de despedida de soltera, que cuando atiende a la última ya sólo avienta suspiros. La industria de la pornografía requiere de gente dándose mucho mantenimiento y producción, entonces los coc@s, drog@s, borrach@s deben realizar un trabajo extra para mantener sus erecciones y en el caso de las mujeres, un poco de lozanía para mostrar las carnes. Para quienes se cuidan no suele ser una carrera tan corta. Cuando he entrevistado a actores de materiales pornográficos, la mayoría de ellos son hombres que se mantienen en forma para tener erecciones de buena calidad y que realmente se vean duras y sanguíneas. Esto no se logra en una sola toma y aquel tiene que estar duro y dale a mano limpia o conseguirse algún succionador. Las erecciones también son cuestiones de fe en los platós de filmaciones de pornografía, pero son profesionales que no se arredran ante un pene flojo. Tiene que pararse a trabajar. Nunca mejor dicho.

Los más inverosímiles trucos de la pornografía quizás se ilustran mejor en las eyaculaciones femeninas. ¿Cómo le conectan la manguera al culo de la actriz para que parezca un aspersor? Lo ignoro. Pero como en complejo de rico nuevo, se confunde lo grandote con lo grandioso, entonces como los señores avientan semen como si fueran a graffitear una pared en el porno, las mujeres cuando eyaculan deben emitir algo parecido al chorro de una manguera que se reventó.

Ya quedamos entonces que todo es una simulación en la pornografía. Sólo sirve para calentarnos y acelerar el hervor. Dicen que a mayor consumo de pornografía, la gente desea materiales más violentos, perversos, sadomasoquistas o más agresivos cada vez. Y en cierta forma puede suceder. Estamos hablando de una forma de adicción que nos ayuda a veces a administrar nuestro proceso masturbatorio. Es bueno no dejarle todo al porno e imaginar. Las fantasías propias suelen ser las más cochinas, y por supuesto que esos años de consumo de sexosidades, nos ha dejado bastante bien pertrechados de mañas.

Aunque el porno tenga sus finalidades semieducativas, debiese existir una leyenda preventiva en todos los materiales porno que digan: “no todo lo que sucede en este video, es lo que acontece en la vida sexual real”, en especial cuando algún tontone intenta meterle el puño a su novia por la vagina o que una mensa use pinzas metálicas en los pezones y se lastime, sólo porque lo vio en un video. Y nunca ignoremos o dejemos pasar el hecho de que las criatura vean porno: siempre habrá algo que comentar y orientar para que sepan que el material para adultos contiene escenas que no siempre coinciden con la realidad o bien, que son estados alterados en donde la sexualidad y su ejercicio se alteran y actúan.

 

Abierta: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

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