Dame laik…

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Mi primer selfie, que les oferto gratis con la lectura de este blog.  La corona es de Hellove.

10 años de que se fue el pudor

Una cosa es la exhibición voluntaria de nuestras propias miserias y otra es la compulsión por hacerlo. Ése fue el primer signo de acalambramiento en los protocolos sociales a nivel mundial con Facebook hace diez años cuando inició.

La red social más popular en internet hizo que todas las personas se bajaran los calzones voluntariamente y triunfara como medio de socialización.

Sin duda nuestra forma de administrar la vida privada es diferente ahora con Facebook. Primero que nada, una disculpa para quienes no están en las redes y segunda, quiero dejar asentado que aunque me es útil y alegre a veces, Facebook me parece una de las mayores desgracias que le ha sucedido a nuestro sentido del pudor y de la vida privada. Hay cosas de las cuales nunca hubiera querido enterarme y menos con tanto detalle. Lo peor, con fotos y videos que lo avalan.

Nuestra imagen es ahora moneda de cambio, y en muchos casos, está bastante devaluada al rolar una y otra vez por la red social. Eso nos lleva al punto en el cual hasta nuestra vida pasada sale a relucir, al ser rememorada por otros, en fotos y videos, que formaron parte del pretérito que quizás muchos ya quieran dejar atrás, o pensaban que ya lo habían logrado.

Facebook es el planeta de los exnovios, es el sementerio (así con ese), más grande de la historia de la humanidad. Como en FB acortamos nuestros seis grados de separación, pronto nos encontraremos siendo amigas con: la exnovia de tu exnovio que a su vez es la primera exesposa del tipo con el que sales ahora y que te sale medio pariente cercano. (Enfermo, si…Caso verífico, además)

Tengo un amigo querido que ha optado por no entrar a Facebook porque sabe que le caerán como enajenados muchos novios y esposos enloquecidos porque saben que el susodicho ha manifestado que cuando se meta a Facebook posteará las fotos y los videos de las señoras en el acto sexual. Ese día será histórico.

El Facebook también acabó con la capacidad de la gente a sucumbir ante su pasado: ahora todos en dicha red son amigos virtuales de sus compañeros de la primaria, secundaria y prepa o la carrera, y lo peor, se han dedicado a reciclar romances que eran musicalizados por Flans o Michael Jackson y que empezaron en el siglo pasado, nunca mejor dicho.

Por desgracia eso ha llevado a insufribles reuniones de generación en los cuales uno sólo sale apanicado y con una sensación de infarto.

El Facebook ha provocado truenes, divorcios, broncas, enemistades, infidelidades y toda clase de insensateces, que perdónenme, eran más sordeados cuando las redes no eran virales.

Ahora nadie se puede echar un brinco en ningún sitio, porque de pronto ya te tienen etiquetado y localizado o peor aún, foursquareado.

La vida privada se ha vuelto un albur, así que planteen bien sus reglas de etiquetado con el calenturiento que siempre anda tomando fotos en las fiestas y subiéndolas a la red. Ya no se puede chupar a gusto en ningún lugar, ya no se puede fajar a placer como antes y no se te ocurra mear fuera de la batea, porque siempre hay un babos@ balconero que sube todo. Material en el que estarás etiquetado mañana haciendo tu dislate.

Quizá algo que sí me da terneza es el cambio arrasador del concepto de “yo bonito”. Las mismas inseguridades sobre ser o sentirse feo prevalecen, quizás más señaladas o estigmatizadas por la masificación de la autoimagen y su promoción. Pero ahora, como tod@s lo hacen, ¿qué pierdo yo posando en una foto que, en alguna dimensión desconocida, puede resultar sexy? Nadie duda. Al momento del click definitivamente todos son hermos@s. El selfie. Si desmenuzarámos el selfie en los tres elementos de la semiótica:

El signo sería la foto, la carita fotografiada mostrando su plenipotenciaria realidad. Y más ahora con la perra claridad de las cámaras nuevas.

El significado del selfie sería: lo ricuritas que me veo.

El significante: nosotros: el bulto que rola en las redes sociales.

Los celos también se han transformado con Facebook, porque antes un@ sólo se ponía celoso de la persona que coqueteaba con tu amor, pero ahora hay gente que se engorgona con los “me gusta” que cualquier persona le ponga a su pececit@.

La cantidad de lagartonas, batos gandallas, viejos calenturientos, adolescentillos hormonosos, dulces polly, sátiros de barrio, ligadores en fondas, o por siempre solos que vagan en Facebook siempre encontrarán un poco de amor, encono y drama si le rascan tantito. Celos nunca les faltarán, porque además de esa exhibición permanente de nuestras miserias emocionales, la gente ya se ha acostumbrado a debatir hasta las razones de sus taras del corazón.

Cuando están celosos, tristes, amargados, azotados, cuando se van a divorciar o se van a separar porque su vieja los dejó por otro. Estas experiencias nos han convertido en personas que ya no se sorprenden con mucho, pero sin duda yo no creo que haya terminado: falta mucho por ver en cuando al exhibicionismo.

Ni siquiera me siento capaz de criticarlo, más bien sólo digo las cosas que me han incomodado en esta red social.

Nunca he sido de las que ponen sus relaciones, ni me gusta exhibir a mis familiares, y ciertamente mi página Ivaginaria en Facebook es la que me sirve, porque me tiene en contacto con la gente y puedo escuchar e intercambiar comentarios que me han sido muy nutricios a lo largo del tiempo que he compartido en esa red. Por lo demás mi vida es muy ñoña y soy una madre soltera de Saltillo que ni siquiera el cumpleaños ha colgado en Facebook.

Este capítulo sobre mis reflexiones acerca del chacoteo en Facebook, sin duda me ha quedado corto.

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