carne da vermis

Imagen

Carnívora de clóset

A ustedes sí les puedo decir todo lo que sufro porque extraño al hermano puerco, el animal que más apegado se encuentra a mi concepto de lujuria, en especial cuando ingresa por la boca.

Hace más de un año dejé de comer carne roja y blanca, porque de pronto ya no la toleré: se me ponía caliente el estómago y era una sensación de nausea tremenda. Y no estaba embarazada, ash. Ni siquiera fue porque el médico me lo ordenase, sino que se ha convertido en algo que quizás es parte de un proceso de desintoxicación de mi cuerpo.

En un inicio la gente creía que estaba faroleando. Y cuando estaban pensando que era asunto de mi evidente yo mamila, me dieron un taco de camarón con tocino y me puse como la niña del Exorcista, porque tenía grasa. Ash. Así de delicada. Pero no tan mensa como para dejar los mariscos y los pescados, que con ellos nada nos falta: si queremos molleja comemos pulpo, si queremos chicharrón hay de pescado, y el camarón, a quién no le gusta que se lo sirvan.

Tras meses de evitar la carne, mi amor me dijo que era por todos esos años que me la pasé comiendo tripas, chicharrones, tortas de carnitas y toda clase de pedazos de animal. No presumo de haber comido ninguna carne exótica, pero siendo una persona norteña del desierto, se supone que yo deba depredar toda clase de cuadrúpedos, cosa que por el momento no deseo hacer. Y de buenas que ahora no tenemos que cazarlos, como hacían nuestros padres chichimecas.

Como no me considero vegetariana, ni tampoco una carnívora, me quedé estacionada en un limbo en el cual soy una apestada de bajo impacto en una carne asada y si voy a una cena, soy la persona anticlimática a la que la anifitriona desea zambutirle el jarrón con flores cuando le revelo “mis preferencias”.

En entornos más amables: un diálogo con mi mamuchis, por ejemplo, es así: “mamá ¿qué puedo comer del refri?”. Madre: “come caldo de pollo”. Yo: “no como carne, ma”. Madre: “ah bueno, también hay milanesa…” El concepto de gente que come carne está metido hasta el tuétano en nuestro ser norestense, al grado que una persona que no gusta mucho de los cárnicos no se comprende: si no se engulle un cadáver en el norte entonces se es una entidad extraña. ¿Y qué haces cuando estás un fin de semana en Monterrey?, me preguntan como si no hubiera pastos suficientes en donde yo pueda ir a alimentarme…

Pero gracias a que no como carne, evidentemente estoy más buena, ergo, más contenta y lo mejor, sin planearlo. Y me ha hecho conocer lados bastante anticlimáticos de las personas, como los que se azotan y creen que pronto volverás a las carnes, como quien retorna a la religión tras haberse reconocido como paria, siendo ateo. También están los exvegetarianos que se asumen como los maestros Yoda de la alimentación, pero que ahora volvieron a los pellejos por cuestión de gula. Y por otra parte, querido público, tenemos a los habitantes de los planetas vegano y vegetariano, que son como cualquier secta, religión o sindicato: sólo su verdad es la comestible. Como si no tuviera ya suficiente con sentirme ridículamente fuera de lugar nada más porque no como carne o pollo o puerco. Y ni quiero ahondar en esos círculos del infierno, purgatorio ¿o paraíso? en el cual habitan los frugívoros, los de la slow food entre otras tendencias que pudiesen parecer estrambóticas, pero que la gente las elige por sus beneficios.

Con el tiempo, mis personas queridas se han ido acostumbrando y me atienden, me alimentan y me cuidan. Mi mamuchis me hizo enchiladas rojas con queso (y papitas en cuadros con chorizo…), mi cuñada Lucy pidió un plato vegano para mí en su babyshower y mi compañero es un cocinero increíble que entiende a mi estómago.

No sé si volveré a la carne, pero sé que las segundas partes son muy chafas. Ya tuve suficiente con todos esos mamíferos que me comí en el pasado.

Nos vemos en las redes sociales en Ivaginaria en Facebook, en donde les invito a comentar y postear sus cuitas.

 

Tocino: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

 

2 comentarios en “carne da vermis

  1. Excelente declaración de principios, enunciación de razones, expocision de motivos, afiramción de nostalgia o lo que sea que este texto sea. Hay que echarle ganas a los cambios y no satanizar las decisiones del de al lado. Me gusta como tocas todos los puntos, y como te encuentras entre los que no entienden porqué decides qué cuando en realidad lo que importa es que lo entiendas tu. Bien por usted, si estomago, su hígado y sus intestinos. ; )

  2. Yo soy vegetariana y no pertenezco a ninguna secta ni critico a la gente por lo que come. No sé porque la gente nos rechaza como si fueramos fanáticos religiosos… en fin cada quién habla de lo que conoce yo no me junto con vegetarianos, antes de volverme vegetariana tampoco conocía ninguno, así que no cargo con ese trauma. Pero a partir de que lo soy me ha tocado lidiar con mucha discriminación, burla y descalificación por ese hecho. Incluso tu te mofas de los vegetarianos al considerarnos locos fanáticos. Increíble que lo que uno coma coma sea un motivo más para excluirnos los unos a los otros.

Los comentarios están cerrados.