Aullando

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Gritar o no gritar, ése es el dilema y ante todo una forma de reacción al sexo y al placer erótico, que quizás lo volverá más sabroso o puede apagar la cachondez, o agregarle la diferencia que requería. No es la misma cosa follar con un gritador@ compulsiv@ que con un ratoncito que apenas gime o se expresa. Aunque vivimos en un país de griton@s: no creo que haya much@s que se hagan de la boca chiquita.

Así es de importante la oralidad en el erotismo, a este y muchos otros niveles. Si alguien se expresa con la boca emitiendo sonidos sensuales significa un cúmulo de cosas: es la voz de la excitación; el anuncio de un orgasmo; el gemido de una eyaculación; el retumbe del gas que se sale porque le apretaron muy fuerte las víseras, una queja; las porras y las instrucciones que necesita la persona para ser satisfecha; las fantasías y las obscenidades y las palabras más sucias para los que gustan de la erotolalia, es decir, que les platiquen sabrosuras mientras les follan. 

La oralidad forma parte del sexo y el erotismo, porque en la práctica nuestros sentidos están operando en función de estamparnos al otr@ en la piel. 

No todos los gritos y las expresiones son sexosas. Tengo un cuento en donde un tipo se la chupa a otro, pero el chupado está gritando y diciendo obscenidades que le impiden al chupador concentrarse en la tarea. Igualmente anticlimáticos son los gritos muy altos, de esos que inquietan a los vecinos de la cuadra o del motel: a todo mundo le causa morbo y envidia escuchar a los que se franelean, porque en la intensidad del tono, sabemos cómo se la están pasando. Eso sí, en estos tiempos, al escuchar a alguien gritar: “me matas”, una ya no sabe qué pensar.

En la gritada del fornicio también hay un momento religioso y es en donde much@s farise@s por fin se acuerdan de Dios. ¿Por qué el grito erótico-sexual es también un llamado a la divinidad? Porque los orgasmos, las eyaculaciones y los alivios sexuales son instantes en que nuestra humanidad es rebasada y nuestras sensaciones habituales son superadas por el éxtasis sexual. Así se siente de rico, papi…

Al ser el orgasmo también un lugar común, la muerte chiquita, sentimos que en él nos extraviamos y por eso experimentamos esa agonía, la más cercana al éxtasis religioso. ¿A poco no les ha tocado ver imágenes religiosas con caritas extasiadas en un clímax inenarrable? Teníamos una amiga que le decíamos “la me muero”, porque ella aseguraba que siempre decía (o gritaba) eso cuando vivía un orgasmo intenso. O lloraba, lo cual es una reacción muy común de ciertas mujeres cuando se vienen, por el enorme cúmulo de emociones que brotan de ellas, de sus genitalias y de sus gargantas. Si la morra les llora cuando terminan el sexo, sólo quiere decir que fue éxito garantizado. Preocúpate si llora antes del fornicio.

El hecho de que alguien grite y se convulsione como serpiente de los infiernos, no quiere decir que ya triunfaste. Acuérdense que les pueden estar fingiendo para que ya acaben y dejen dormir (o de joder…) Aprende a leer el letrero que pocas veces dice mentiras: la cara de una persona. El sonrojo, la forma en cómo muevan los ojos, si aprietan o relajan los párpados, los rictus de los labios y de la boca: además de las palabras, ruidos, gritos o manifestaciones que alguien pueda emitir, es importante ver el rostro de la persona con quien follamos: ahí está el verdadero grito del fornicio. O el bostezo, si de plano no la rifan en las sexosidades, ash.. 

Yo apoyo la moción de la expresión vocal en el sexo. Sean sucios, atrevid@s, patanescos, sorpresivos: prendan el bóiler en serio y métanse a bañar, bañándose. Digan en el fornicio todas las cosas que quisieran escuchar, elogien cuando algo vaya bien, sean mandon@s o sumis@s, jueguen, ríanse un poco: un orgasmo intenso puede resultar tan sólo de la combinación de unos labios pegados a una orejita que escucha obscenidades. O un poema erótico. O un chiste pornográfico. O sólo tus cochinas intenciones. La lengua en el sexo manda hasta cuando no se mueve. 

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