“tu sabes si lo sufres o la gozas…”

No dolerá, pero…

El sexo anal es para tod@s, pero está lleno de prejuicios morbosos y de mitos que han satanizado esta práctica, que si bien no es la de mayor utilización entre las parejas heterosexuales, sí es una de las favoritas.

La experimentación y aventurarse en los demás hoyos, ha llevado a muchas parejas de hombre-mujer a ejercitar la zona del culo para que se vaya adecuando a la penetración y a la intervención. Y estoy hablando de ambos. Sensibilizar el ano es un procedimiento que es bueno que ambos ejecuten el un@ en el otro sin miedo y con ganas de saber de nuevas sensaciones.

Amén de que deben echarse mucho lubricante en el centro del tafanario, querido público, nadie dijo que estrenar el culito o mantenerlo en saludable uso, fuera algo fácil. Si hay que soltar un par de lagrimitas antes de que la operación sea un éxito total. Una penetración anal es un acto de acondicionamiento del recto a un objeto fálico o al pene, entonces habrá estimulación de esfínteres y puede ser una sensación incómoda, por ello debe ser gradual, cortés y amable.

Para esta posición, como en todas las ejecuciones de cualquier penetración, es básico saber acomodarse, y como vayan sintiendo se van apalancando o solicitan que les ingresen más carne a la cavidad. Porque de un tirón duele y no se le agarra tanto el gusto, a menos que sean de esos sadomaso que les encanta que se los follen a cachetadas.

Yo no les puedo decir en qué posición va a ser más cómodo para ustedes y con cuál no les va a doler, pero debemos considerar que en cada una de ellas la cavidad anal se ajusta de diversas formas. Con las varias maneras de acomodarse, podrán sentir mejor e incluso tener orgasmos. Y cumplan la regla de oro: los orgasmos o las eyaculaciones no sólo le pertenecen al coito o a un metisaca. Cualquier zona de su cuerpo puede producir venidones tremendos si es estimulada correctamente. Cuando tengan un orgasmo por sólo besarse hervorosamente, recordarán lo elemental.

Pero volviendo al atornillamiento vía anal, recordemos siempre que en esta posición tendremos que confiar uno en el otro y darse instrucciones.

Una posición buena para controlar el ingreso por la puerta trasera, es sentarse arriba del pene erecto. Así se puede ir sentando con precaución, y aplicar lubricante de manera constante en el tallo del pene y en la cavidad por donde ingresa. Es idónea cuando hay un pene grueso de por medio. No se ahüiten si poseen un miembro largo. Recen sus oraciones si el amigo está muy grueso. Usen mucho lubricante. Y aguanten vara, nunca mejor dicho.

Otra posición buena en el control del ingreso del pene en el sexo anal, puede ser la de la cucharita, pero se requiere una buena coordinación y un dinámico juego de piernas para empujar. En la cuchareada, el señor del pene va a tener un abrazo de boa constrictor en su tallo, ya que en esta pose las nalgas abarcan golosamente al invitado, antes de que pase a la antesala anal.

Una de las posiciones, dizque llamada de tornillo (como si no fueran todas un atornillamiento ash…), es una en la cual el penetrador se pone frente al individu@ a penetrar, que se encuentra echado de espaldas y con las caderas y piernas giradas hacia la derecha o izquierda. Con el culito así de lado, el penetreitor ingresa. La cavidad anal se abre golosamente y es una pose de mucho gozo porque el cuerpo se acomoda naturalmente a la fricción, y son de esos platos que un@ quiere que le sirvan doble. Existe la variante de subir la patita, que hace las delicias de chicos (obvio…) y grandes.

En la penetración anal, ya es un lugar común ponerse de perrito, es decir, sosteniéndose el recepto en las cuatro extremidades. Es una estupenda forma de controlar el movimiento, es el reggaetón del fornicio y es un ejercicio maravilloso para todos los implicados. Pero suele ser repetitivo y primigenio, y no siempre es adaptable a todos los grosores de pene. No deja de ser la opción tradicional.

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Astro: elia.martinez.rodarte@gmail.com