otra fórmula más para que no se agarren…

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Las cosas que le pudren a tu pareja

…y tú ni en cuenta. Platicando con una comadre me hizo la observación sobre cómo se enchilaba el esposo de una amiga cuando hablábamos de las cosas que hacíamos ella, la esposa y yo cuando nos reuníamos. Que en realidad eran puras tontonerías, pero como involucraban hombres del pasado, era bronca segura, aunque delante de nosotras él aguantaba callado. Yo ni enterada de que a aquel se le fruncía todo y en eso pensé: ¿Cuántas cosas hacemos muy seguido que le molestan a nuestras parejas y ni nos enteramos?

Por ejemplo, mencionar a nuestro panteón amoroso le choca casi a cualquiera. Que son muy tolerantes y liberales, que el pasado quedó atrás y que no le importa…Ash. Sólo existen dos tipos reacciones respecto a tocar el tema de las ex parejas: la primera es el engorgonamiento absoluto y el segundo es una buena actuación: la pobre alma finge que le vale. Por eso es mejor dejar el tema enterrado junto a los huesecillos de nuestros ex y toda su podredumbre.

Hay gente inverosímil que cuando está con su pareja, se da el lujo de golosearle el tafanario a quien pase. He visto con mis ojitos de papel volando, a mujeres que le clavan la mirada al pene de otro señor mientras están amarteladas con sus maridos. Absténganse. No me opongo a que sabroseen a las personas, pero háganlo cuando estén sol@s. No lastimen a su amorcit@ con su imprudencia.

Una de las situaciones que más molestan en una pareja, es cuando un@ bebe más que el otr@. Cuando salen a divertirse, ella o él, sabe que va a regresar con un bulto a casa. Esa es la parte fácil. Durante toda la noche el o la pobre dejaron de lado su diversión por cuidarle la guacareada a su compañer@ y por sacarl@ de la pista antes de que empezara a encuerarse o a bailar una danza que atentase a su integridad física. Moderen el trago antes de que les dejen durmiendo en un bar.

Aunque no lo crean, existen suicidas que se atreven a coquetear en público mientras su pareja se encuentra cerca. Eso es como meter una mano sangrante dentro de las fauces de un cocodrilo. Sean civiles, quiéranse un poco y si coquetean frente a su fierecill@, van por su propio riesgo.

Como la crisis está muy dura, muchas veces hay un elemento en la pareja que no para de hablar del varo. Pero del que gana su amorcit@. O porque no trabaja. Quizás porque gana muy poco o mucho o que no alcanza con el sueldo del uno, ni de la otra. Hablar de lana es de pésimo gusto. Y más aún si ventilamos las intimidades financieras de nuestra pareja.

Entramos en una zona minada cuando una persona habla mal de la familia de su pareja. Las relaciones de parientes políticos siempre tendrán asegunes. Hasta los que más se quieren y se respetan, o fingen hacerlo, en una relación de suegro y yerno, suegra y nuera o cuñad@s tienen sus broncas. De lejecitos, con cordialidad y mucho tacto con ellos.

Otra de las situaciones que ponen a alguien en una situación de enojo o incómoda en una pareja, es cuando uno de ell@s tiene malos hábitos ostensibles a todo mundo. A poco no nos compadecemos de la señora cuyo marido siempre se está hurgando la nariz o rascándose los cojones. También se avergüenzan los señores con mujeres que viven en la eterna fodonga, o que se la viven acomodándose el brassiere o sacándose el calzón de la zona intergluteal. Cada quien tiene sus mañas y no se da cuenta cuando derrapa. Hay que vigilar nuestras manías.

Algo de pésimo gusto es cuando ella o él hablan de sus intimidades sexuales con personas ajenas a su relación. Las disfunciones sexuales, los problemas de alcoba, lo que sucede debajo de las sábanas ajenas siempre serán anécdotas que otr@s quieres contar sin empacho ni vergüenza. Nadie saber guardarse esa información. Y como diría el mafiosi: un secreto entre tres personas permanecerá así si dos de los que lo saben están muertos.

Quizás me falten mencionar muchas situaciones más. Observen las reacciones de su pareja y su mirada. Entonces sabrán.

 

Fruncido: elia.martinez.rodarte@gmail.com