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Coito: no te claves

(la perfecta metáfora de un metisaca que te trema hasta el cerebro)

Los momentos del coito
Como todos saben, siempre he pensado que el coito está sobrevalorado por diversas razones, en especial porque se trata del plato fuerte del sexo para muchas personas. No es absolutamente necesario, pero hoy hablaremos de sus bondades, porque el coito tiene una de las principales funciones en el sustento de la especie humana: sin él no saldrían los espermatozoides en la carrera loca en búsqueda del óvulo expectante.
Primero, el coito es la vía de la inseminación. Si no hay fricción entonces no habrá forma de que ingresen los pececillos al canal vaginal. Entonces no habrá bebé. Y a menos que tengan mucha lana para rentar un vientre y hacer todo el show, para procrear un bebé por la vía normal y las más barata siempre se tratará del coito ancestral, el metisaca adorado por las diosas.
Segundo, todos los libros sagrados de la sexualidad y los no tan sagrados, están orientados a las posiciones coitales del sexo. No es lo mismo estar haciéndolo de misionero que de perrito que de pie en contra de la pared. Todos los coitos nos llevan a diferentes resultados y si ustedes quieren un bebé, es mejor fabricarlo mientras se encuentren en posiciones en donde la mujer funja como una ollita. Ella abajo siempre y con las caderas hacia arriba. Eso asegurará que el semen se quede encapsulado en los dentros del a mujer y puedan sobrevivir los espermatozoides durante un tiempo razonable y fecunden al huevecillo.
Tercero, si tú eres de las personas que sólo reciben placer mediante el coito, es el momento en que trabajes por ello. Tus zonas vaginales no son las mismas si las friccionas siempre de la misma manera. Cambiar de posición durante el coito nos ayuda a conocer mejor a nuestro cuerpo y a la genitalia, que reacciona siempre distinto a las diversas formas de frotación.
Cuarto: no todas las personas gozan del coito de una forma grandiosa. Todavía existen mujeres que se someten al coito como si fuera una manda, y eso provoca mucho dolor, en especial con aquellas mujeres que padecen vaginitis. Es un padecimiento en el cual las paredes vaginales se cierran y no aceptan la entrada de nada, ocasionando muchísima incomodidad. Por supuesto es algo tratable y que requiere ayuda, pero el coito no es para todas las personas, en especial si existe un bloqueo como puede ser la patología antes citada.
Quinto…No es nada divertido ser quinto en ninguna de sus manifestaciones. La virginidad coital es una de los resultados del ejercicio primario de la sexualidad. Una persona no es la misma después de que se le metió a alguien y visceversa. Son decisiones para siempre y significarán mucho. Es preciso decidir con responsabilidad y con mucha reflexión, quién será aquella persona que nos penetrará y a quien penetraremos. Es un instante definitorio en nuestra existencia.
Sexto, el coito deberá ser siempre un acto protegido y lubricado. Existen mujeres y hombres cuyas lubricaciones suelen ser muy pobres. Si requieren ayuda, prueben el lubricante a base de agua, y nunca escatimen en su utilización. Usen todo el que necesiten y no se hagan los machines pensando que si aguantan la fricción si aceitan bien. Siempre será necesaria una poco de ayuda y no lo ignoren.
Asimismo, siempre deberá existir un coito protegido con condones, con un método de control natal y mucha conciencia de lo que nos estamos metiendo al cuerpo. Si dudan, no fornicien, así de simple. Muchas veces el instinto nos lleva a territorios seguros que a veces decidimos ignorar.
Séptimo, el coito siempre debe ser un acto consensuado. Cuando empezamos a negociar si queremos que nos den la puntita, ya estamos cediendo de la mitad para atrás. Nunca hagan un metisaca si no sienten la confianza, si no tienen ganas o simplemente porque no necesitan eso en este preciso instante. No somos máquinas condicionadas para follar y menos si no tenemos el entusiasmo ni la voluntad para hacerlo.
Y por último, u octavo mandamiento de los coitos, sería el que busca la perfección de la meneada. Ni es buena una metida fuerte, ni lenta, ni profunda, si no existe el ritmo. Es como bailar, pero acostaditos y húmedos.

Adentro: elia.martinez.rodarte@gmail.com