nymphoshit

Porno somos y en porno…

Nos convertiremos en unos inútiles sexuales (lentamente…eso sí) al ver tantos materiales pornográficos sin llenadera, ya que esta industria de billones de dólares, es una de las que más afectado el ejercicio de nuestra sexualidad. Crea demasiadas expectativas que nunca se cumplen.

Porque en muchos casos los materiales obscenos fungen como un aislante del sujeto sexual. Por ejemplo, no es nada raro que una persona (sin importar sus preferencias y orientación sexual) sólo se excite viendo porno, o sólo funciona de esa forma en el fornicio o simplemente es su método para gozar sin tener que mantener interacción con otras personas. Ver pornografía para masturbarse o excitarse para el fornicio es una práctica normal y saludable, siempre y cuando no se la pasen salpicando la pantalla de la computadora, ash…

Ahora se encuentra en los cines una película que se llama Nymphomaniac (Ninfomaniaca) del director Lars Von Trier. Yo les recomiendo que la bajen de internet porque en las salas está demasiado cortada, y la verdad es que ni es para tanto. Este film fue promovido ruidosamente y la consigna de la publicidad era que iba a convertirse en una especie de fenómeno erótico, quizás uno que no se haya visto desde Emanuelle, la saga erótica que hizo famosa a Sylvia Kristel.

El problema de esas películas es que nos llenan de una publicidad mamila para una producción sobrevalorada. Es la historia de una mujer, Joe, que cual Sherezade moderna empieza a contarle historias eróticas, pornográficas o sexuales a un señor que tuvo a bien recogerla de la calle en donde la encontró tirada y llena de sangre. (Mi comadre E cuando mencionó el factor Sherezade, me pareció emocionante como sujeto narrador y conductor, pero también como una expectativa de un virtuosismo erótico de la personaja. Resultó ser una morra cuasi bucólica cuya idea del orgasmo empieza en un dedo y acaba en un fuete…Nada más faltaba que recitara a Benedetti de memoria para que fuera el epítome de la aburrición).

A partir de la narración que se avienta Lars en dos partes y cinco horas, exploramos la vida sexual de la mujer desde que es una chavita masturbatoria hasta que se transforma en una adicta al masoquismo. Su planteamiento de que el sexo sin amor es el más chido, puede ser válida y hasta respetable, pero yo esperaba un poco más de erotismo, paseo por las pieles, algo que en verdad despertara los sentidos.

En lugar de eso en Nymphomaniac, relata todas las masturbaciones, traumas, desarrollos y desatinos sexuales de Joe, quien no es la única personaja urgida de falo en el universo contemporáneo, porque antecedentes hay muchos y con más carga erotizante. Hasta la escritora Catherine Millet, quien hizo un libro sólo para contabilizar los kilómetros de penes que se había insertado, agrega una carga erótica más compleja en su libro, y eso que su labor en la vida era sólo convertirse en un saco receptor de semen. (¿Por qué nadie le dice lefa a la leche en este país?, fue el comentario y la suspensión de 15 minutos de película. Creo que no me había reído tanto en meses…)

También es notable el tipo de censura que le aplican a “Nymphomaniac”, misma que es exhibida en México con hartos asegunes: sin cortes en la peli salen vulvas, penes, muchos senos, escenas de lesbianismo, de onanismo, un trío con un par de negros, spanking y violencia. Pero se nota la burda mano censuradora. (Para combatir la censura llevamos cocteles en un shaker forrado con la camiseta de mi clase de yoga. El calvados va perfecto con las películas de Lars)

La verdad es que me resultó una historia tan aburrida, ñoña y sobrevalorada como la mayoría de la pornografía, porque además “Nymphomaniac” debiese llamarse “La guerra de los coitos”.

Si Lars quería abordar la triada amor-sexo-erotismo, lo cual no creo que haya logrado, deifica al coito como la máxima expresión de la sexualidad erótica. Y más bien es inherente a la sexualidad reproductiva. Entonces es así que vemos a Joe follando y brincando sobre el pene de una cantidad muy respetable de señores, muchos de ellos rejegos: no se la creen que alguien se les quiera encimar con tanta vehemencia, porque si algo tiene Joe, son ganas de que se la metan todo el tiempo. Aunque parece rudo el lenguaje querido público, si yo dijese: Joe sólo quiere que le estén introduciendo el falo en su cavidad vaginal, no cambia nada. Como sea su onda es la fricción y sacarle humo a su genitalia.

Deben ver la película y discutirla con su pareja o amig@ especial, amasi@, curador de arte, músico de jazz de los jueves, asistente personal, enfermera o jardinero de su preferencia. “Nymphomaniac” no es la gran película erótica que parte las enaguas del cine mundial, pero sí es un espejo en donde podemos ver nuestras propias parafilias, “perversiones”, fantasías, traumas y reconocernos que somos tan normales como la personaja principal.

 

Me aburrí elia.martinez.rodarte@gmail.com