Épica del faje

Fajar es amor

Porqué desdeñar al faje si de eso pedíamos nuestra limosna cuando oteábamos un poco de libertad y oscurito en nuestras vidas, en nuestra fase de espermatozoides adolescentosos.

Todos alguna vez hemos estado meándonos de la emoción cuando las luces del cine se apagan o al instante en que vamos a tocar a alguien, en quien no se supone debíamos marranearnos o quizás experimentado ese cambio de respiración en los inicios de los romances, que son la adrenalina de todos los pueblos.

Si nos ponemos serios y formales, el faje es la primera experiencia sexual no coital, pero sí orgásmica de las personas. No me vengan con caritas de inocencia de que no se chorrearon como todos los ríos juntos cuando les pusieron una mano en la genitalia. Si no lo recuerdan, vayan de inmediato por la aspiradora y remuevan de por encima de esas memorias empolvadas, el recuerdo del primer franeleo.

El faje es una emulación de las historias épicas de la humanidad, porque es un trabajo de descubrimiento y conquista. Al pasar a un nivel siguiente en ese recorrido, es como si ganáramos un territorio que reclamamos para nos. Si ya nos besamos y acariciamos por encima de la ropa, entonces lo que sigue es encuerarnos por completo. Si ya nos besamos como pajaritos que se alimentan entonces ahora sí dejamos ir un lenguazo que sale de las bocas como serpientes infernales, que son los besos preferidos de la tía Ivaginaria y supongo que de todas las tías que laboramos en este prestigiado diario.

El faje por su sentido aproximatorio es la única forma en que aprovechamos el tiempo eficientemente para conocer el cuerpo del otro que se nos arrima. Muchas personas abandonan el acto mágico del faje y sustituyen esa exploración por la ordinariez de un coito. Algun@s han batallado tanto para conseguir buen sexo, que todo su asunto genital lo resuelven montándose como si fuesen cerdos en apareamiento. Y al menos los hermanos marranos experimentan orgasmos de media hora. Hay unos que se montan y se ordeñan todas las ideas en dos minutos. Por eso es importante el faje

La gran verdad del faje es que además es el movimiento erótico por excelencia, ya que es el que involucra de forma más intensa los cinco sentidos en acción, sin distraernos con la fricción de la genitalia o la gritadera alocada como de montaña rusa o las eyaculaciones y orgasmos que se suceden en un coito como una peregrinación cuetera.

En el faje olemos a la otra persona y se empieza a meter en nuestros dentros el verdadero aroma de la piel. Por eso la orejita y detrás de ella huele tan bien; las axilas son más insolentes de aroma y nos gusta y también nos abrazamos de lo que las feromonas ajenas nos permiten pepenar. Cuando estamos en el afanoso faje, el hipotálamo está como loco enviando señales a todo el cuerpo y a la sangre, para que corra y ponga roja la piel. Así está más sensible pero también echando al aire las sustancias necesarias para que allá abajo se ponga mojadito y vaya creciendo la erección.

De los besos del faje no hablaré, que ya tengo todo un capítulo en un libro sobre el asunto. Sólo concéntrense en la boca del otr@ como si se la fueran a comer y a tragar y piensen que nunca hay suficiente saliva en el mundo para suavizar todos los besos que nos debemos dar.

Entonces como no es coital, pero sí orgásmico porque uno se viene como loc@ cuando faja, este es el movimiento allegro ma non troppo del sexo: la música es rápida, pero no tanto para reventar las cuerdas. El faje se adapta a todas las circunstancias, ya que es una actividad que podemos realizar incluso sin desvestirnos del todo y en cualquier sitio en donde no ofendamos a los demás con nuestra lujuria.

El faje no es sexo y se le mira como un ayudante benévolo, como si por sí mismo no fuese la pura sabrosura. Si lo ejecutamos a conciencia si lo será.

Nos vemos en mi página Ivaginaria en Facebook y @Ivaginaria en Twitter. Les agradezco mucho que se detengan un momento a conversar. Nos vemos también en www.ivaginaria.wordpress.com

 

Oscuro: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

 

 

 

3 comentarios en “Épica del faje

  1. Reblogueó esto en Ivaginariay comentado:

    En el faje olemos a la otra persona y se empieza a meter en nuestros dentros el verdadero aroma de la piel. Por eso la orejita y detrás de ella huele tan bien; las axilas son más insolentes de aroma y nos gusta y también nos abrazamos de lo que las feromonas ajenas nos permiten pepenar. Cuando estamos en el afanoso faje, el hipotálamo está como loco enviando señales a todo el cuerpo y a la sangre, para que corra y ponga roja la piel. Así está más sensible pero también echando al aire las sustancias necesarias para que allá abajo se ponga mojadito y vaya creciendo la erección

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