Sexo prehistórico: somos l@s mism@s primates…

Sexo prehistórico

Alarma: el sexo prehistórico de nuestros herman@s humanoides se asemeja veramente a lo que hacen los monos bonobos, que son los primates más calientes después de los humanos. Estos changos ocupan cualquier orificio que tenga capacidad de fricción, sea de su abuelo, su hija, su tío o su cuñada…Follan como animales. Ergo, toda la información que acumulé del libro “¿Por qué nos gusta tanto el sexo?” de Gustavo Vázquez Lozano para la banda de editorial Algarabía, me pareció un recordatorio de lo que somos. Y seremos…Un@s austrolopitecus con maña de bonobo en celo permanente. En este volumen hay un capítulo dedicado a nuestros hermanos en manías sexuales como lo son estos monit@s. Ellos disfrutan del sexo solos y en grupo, frotándose y viniéndose como changos en celo perenne.

Esta etapa prehistórica es fundacional para la forma en que follamos ahora: como empezamos a andar erguid@s, la vagina ser recomodó, lo que permitió que conectásemos nuestros genitales cara a cara, y no de perrito, una de las posiciones primitivas por excelencia.

Ser un humano que realiza prácticas del sexo prehistórico, es absolutamente contemporáneo. Todos buscamos en donde franelear, lo aceptemos o no. Quien sea anda olisqueando y viendo en donde untarla, sea de una forma voluntaria o involuntaria. Ya he visto tanta telenovela que no me sorprende la putañería propia y ajena.

Conocer las prácticas sexuales de nuestros hermanes prehistóricos, es una aproximación a comprender a nuestra especie, que pese a lo cajeta y mamila que puede ser, es solidaria y buena: debemos amarla para no extinguirla.

En este libro, que es el tomo uno de “¿Por qué nos gusta tanto el sexo?”, nos aproxima a una era en que el sexo estaba muy lejos de las convenciones morales que ahora sufrimos.

“Hasta la invención de la agricultura, durante cientos de miles de años, los humanos sobrevivieron en un ambiente hostil gracias a su tendencia de compartir conocimientos, experiencias, alimentos, protección…y parejas.” …Como se podrán dar cuenta querido público, ahora hacemos lo mismo, pero cubriendo nuestras huellas.

Uno de los datos más impactantes de este libro, es conocer de la conciencia de la reproductividad de las mujeres desde tiempos lejanos, si consideramos que el control natal existe desde el principio de la humanidad, y dentro de este modo de equilibrar a la población, la matanza de niños era natural.

Otro elemento de debate del sexo prehistórico, es esa eterna, prehistórica y milenaria maña de las mujeres a tener siempre ganas fornicatorias. Por eso a nosotras el sexo grupal nos acomoda perfecto porque no nos cansamos. Además de que nos gusta la variedad, ash, es normal.

“A las “chicas prehistóricas” les gustaba la variedad: diferentes hombres…”. En pocas palabras, eran adeptas a los Neanderthales, de quienes agarraron ciertas mañas y malteadas, incorporando sus ade-enes marranescamente.

Ay no hermanas, pero aquí es donde patinaremos bien hermoso: es una costumbre del escarceo prehistórico llevar a cenar a la hembra, para demostrarle que el macho primate es un buen proveedor. O sea que en todos estos millones de años hemos entregado las nalgas por un par de aguacates y una banana…

Pero en este libro del sexo prehistórico, sólo nos deja en claro una tesis: no ha cambiado nada en millones de años. El orgasmo femenino era una forma de control para que no se fueran a follar con otros; pero atacáos “…los humanos prehistóricos sentían más placer que nosotros, debido a la mayor firmeza de sus músculos de su suelo pélvico…” Obvio hermanas. Mientras más músculo en la pucha, más agarre. Jelou…

El dato controvertido de este libro, fue el de una tumba prehistórica en Suecia, en la cual estaba una pareja enterrada, abrazándose. Sin embargo eran comunes esas fosas reveladoras, como aquella de un trío, dos mujeres un hombre, así como la evidencia de la poligamia. Pero leo una escena romántica y prehistórica: ¿en serio nos hemos mamado esa mamada de romanticismo todos estos años?

Pero agárrense mushashas: ¿saben por qué somos gritonas en la cama? Porque eso servía, en las sociedades prehistóricas poligámicas, como una forma de atraer a los machos al sexo grupal. Pues hasta ahora no veo claro…Y sí: las más ululantes son las más promiscuas.

Chequen este libro. Nos vamos a espejear.