los besos que se quedarán en el Cine Palacio

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Cine Palacio

Ha mucho que no hago sabrosidades en el cine, creo que desde Gravity, la película de Alfonso Cuarón que ganó el Oscar, pero es una verdad rotunda que en la penumbra de los cinemas transcurren episodios entrañables de nuestra vida amorosa y erótica.

En mi ciudad natal, Saltillo Coahuila, desaparecerán en breve el legendario y antiguo Cine Palacio, en la calle de Victoria. Lo que sucederá en ese terreno, ni vale la pena mencionar: es una vulgaridad comercial de algunos tendajeros oportunistas.

Quizás debiese concentrarme en las películas que pasaron o las obras que se estrenaron en el también teatro, pero lo que se va con este cine es la tradición colectiva de asombrarnos y de soñar viendo la función…en algunos momentos. Adentro del hermoso edificio del cine Palacio se quedarán todos nuestros saltillenses besos, las agarradas de mano y las caricias debajo de la falda y por encima de la montaña de la bragueta.

No voy a decirles que me dieron mi primer besuco en ese cine, porque ése mérito lo tienen las calles de Manuel Acuña y Álvarez, y luego el de lengua en la calle Salvador González, en la colonia República, y luego en el Hotel San Jorge…y así sucesivamente transcurren las suavidades de las memorias saltillenses.

Pero sí fue en el cine Palacio en donde vi salir a una mujer enojadísima, tras haber peleado durante toda la película de “Colmillo blanco” (adaptación de la novela de Jack London), discutiendo y manoteando en voz baja mientras todos nos enterábamos que el tonto sí le había puesto los cuernos con la mejor amiga de la novia y lo aceptó. Yo que tenía cinco años sabía que el tipo estaba haciendo algo estúpido. Creo que esa película inauguró esa malsana costumbre de llorar con cualquier cursilería, porque en el fondo querido público, tengo un corazón relleno de bombones envinados. Además aprendí que las infidelidades no se confiesan: sólo te cachan y ya que ardan los infiernos.

Cuando fui a ver “La guerra de las galaxias”, una pareja de novios, que me parecían unos ancianos porque tenían como 16 años, se revolcaron en los asientos que no saltaron, sólo porque no tenían la conveniencia de hacerla una sola banca como ahora. Se manoseaban, reconociendo las partes del cuerpo del otro y se calentureaban en besos que no se podían dar…porque ¡no sabían! Creí que esas lamidas de cara y lengüeteos que parecían aplausos de saliva en mejillas y cuello, eran la forma en que la boca buscaba a otra, para el beso, pero sólo nos estaban mostrando el camino que quizás en la calentura transitaríamos después, cuando a nosotros nos tocase aprender. Fueron los últimos en salir de la función.

Los ciclos de cine de terror y de peliculitas de nenas cagonas enamoradas de lo que en algún tiempo fue Charlie Sheen, poblaron las tardes de novios, de amigas, de manos y de besos, de abrazos y de fajes. Entrábamos un@s y salíamos otr@s, más amad@s y con una nueva puerta del mundo abierta (y la bragueta a veces ash…), con la breve euforia que nos daba sentir al otro en la oscuridad, en donde las manos reposaban una encima de la otra en los regazos o en los húmedos descansa brazos de madera. Sólo las pequeñas luces de los pasillos a los lados, brillaban un poco más que el amor y el faje entre las butacas. Estas lámparas-ojos que lo vieron todo se apagarán pronto.

El maestro saltillense Armando Javier Guerra dice del cine Palacio: “El sitio para hacer noviazgos y deshacerlos; el sitio para conocer gente; el sitio del primer beso; el sitio de la primera cachetada; el sitio para el primer cigarrillo; el sitio de bromas con las cajas de palomitas y que tus amigos metían la mano para agarrar un puñado y grito al encontrar “premio” con las palomitas.”…Amén de su hermosa referencia, nunca vi el premio dentro de la caja de las palomas…Al menos no en ese cine.

Me perdonarán las tristecitas, pero igual sentí hace 10 años cuando escribí en esta misma columna “Adiós al vocho”, cuando descontinuaron nuestro eterno hotel rodante. Que queden las memorias o lo que se preserve de ellas.

¡Cácaro!: elia.martinez.rodarte@gmail.com