yo me vine, tu te viniste, nosotros…

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Carrera de orgasmos

¿Quién se debe de venir primero? Vamos a transitar paso a paso en el mundo de la cortesía cachonda en el fornicio, para que los hombres y mujeres no se acalambren a la hora de friccionar.

Siempre estamos pensando en la metida, y nos olvidamos que podemos sembrar muchos orgasmos a lo largo del cuerpo haciendo otros cariñitos con la boca y las manos. Pónganse atascados por favor. Si quieren que su vida sexual dure, tendrán que ser lo más creativos o tener varios proveedores sexuales, porque siempre con él/la misma sí aburre, y más nos vale que nos cuiden y nosotros ser responsables de nuestra vida sexual y del bienestar de con quien compartimos.

Los hombres en la actividad sexual asumen la responsabilidad de aguantarse hasta que la mujer termina, o ellos creen que termina, o ellas fingen terminar, como si eso fuera un punto al que hay que arribar.

Cuando uno coge no es para venirse.

Lo digo en el idioma que tod@s entenderemos mejor, pero el punto final no es eyacular o reventar en orgasmos: todo esto, querido público, es un paseo en el que nos regodeamos en sentir sabroso. Si nos gusta el fornicio, estos serán de los momentos estelares de nuestra vida, y para quienes no les guste tanto, pues al menos tendrán una cara de felicidad cada vez que les suceda. Ante el sexo no estamos indiferentes nunca.

Entonces el señor al asumir el ritmo de las venidas, va a ser quien dicta cuánto durará el coito o la manipulación de su pene. Se asume también que al eyacular el individuo se acaba la función.

Lo cual es una injusticia si tomamos en cuenta que las mujeres carburamos hacia el orgasmo un poco más lento, lo cual deben de considerar l@s contrapartes. El camino hacia el coito con una mujer debe ser lubricado mínimo con un guaguis, con la digitación de su vulva, de una buena masajeada en los pechos y claro su media hora de besos para que se atarante un poco.

Antes de que lleguemos a una parte en la que los genitales vayan a ser usados o penetrados, debemos de lograr una lubricación abundosa, no vaya ser que falte, porque luego uno se roza y es incómodo y doloroso un rozamiento genital. Anal, ya sabrán.

Las parejas creen que han llegado a un punto romántico excelso cuando logran un orgasmo simultáneo, y más allá de la caramelización del momento, creo que también han alcanzado un grado de control en su genitalia. Quien puede controlar su eyaculación, y quien logra mandar su voluntad en las paredes vaginales, tiene la diversión garantizada hasta que ya no le funcione el equipo o decida cerrar el parque. Anal, ya sabrán también. El culito es el mero rey de los apretones.

Para prolongar el gozo y no sólo irse con una eyaculación o un orgasmo, sino con varios trofeos, es necesario que vean al fornicio como una carrera en la que el punto no va a ser el final. Acaben y vuelvan porque el cuerpo está hecho para el placer cuando se le da más placer. Es usual que las parejas que fornician mucho siempre quieran más. Sea por sus sustancias felices activadas o porque son maños@s, pero de las dos formas cuenta.

Es importante detectar los movimientos de la genitalia para saber en qué punto cambiar de velocidad: sientan los latidos; escuchen la respiración, que no los gemidos que son más engañosos; y tómenle la temperatura a los genitales a mano. Al conocer bien todos los movimientos y estertores, podrán potenciar orgasmos, no sólo en forma coital, sino con las manos y la boca. Los juguetes son maravillosos, pero seamos básicos: si no dominamos nuestras propias garras menos vamos a poder con un palo de silicona.

En el ejercicio del sexo no importa que se venga quien sea primero. El camino es el bueno.

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¿Si no se viene?: elia.martinez.rodarte@gmail.com