Pornovelita tercera entrega…

Amor: mis ovarios

(el teléfono de casa de Prisci suena dos veces…se apaga el timbre…vuelve a sonar y Prisci contesta).

Prisci, con el aguardentoso acento mañanero: diga…

Del otro lado de la línea, Adriana: estúpeda ¿dónde te has metido? Te he mensajeado toda la noche porque hice mi cagadera.

Prisci (acomodando la almohada en la cama): ¿qué hiciste demonio?

Adriana: ayer salí con Lalo, te acuerdas, el de Veracruz…

Prisci: ah, si el morenazo…El que dijiste que amaste por completo cuando se quitó el bóxer…

Adriana: pues sí. Todo estaba sucediendo como ambos esperábamos. Yo estaba depilada hasta las cejas y sabía que había valido la pena la brasileña.

Prisci: ¡no! ¡Hasta te hiciste la brasileña!, madre, eso quiere decir que le traías muchas ganas al negro, a ver si un día dios me lo pone en mi camino.

Adriana: comadre, atácate, porque no he llegado ni a la parte menos dramática después de la trágica…Nos fuimos Lalo y yo al restaurante cubano, y nos la pasamos en el repegue…Llegamos directo a una mesa, dejamos nuestras cosas, y de ahí a la pista con mi negro. Tras un par de canciones ocupamos la mesa. Nuestros celulares parecían radiactivos, estaban encendidos. Lalo tenía 10 mensajes de la loca de su ex…Yo tenía 3 de mi trabajo, pero eran sólo cambios de citas de pacientes.

Prisci: ¿la ex cineasta, la ex activista o la ex documentalista ecológica?

Adriana: no güey, no ésas locas, sino la morra aquella que publicó todo su primer truene con el negro en Facebook…

Prisci: ¡Ya sé cuál!

Adriana: no habíamos pasado ni una hora de manosearnos en el baile, cuando se aparece la loca en el antro cubano, con una furia de perra demencial…El negro estaba estupefacto…

Prsici: ¡no!, güey, ojalá hubiera estado. Y luego…

Adriana: se le fue encima al negro gritando y meneando la cabeza como si quisiera deshacerse de una peluca. Yo fui a la mesa, me eché lo que quedaba del trago, mío y del negro, y me salí del antro. Ella me miró con una cara de “al rato sigues tú cabrona”, por ello opté por huir, mientras ella le sorrajaba al negro que ¿desde cuándo salía con esa puta?, ¿cómo te coge esa perra?, así de incómodo…

Prisci: típico…

Adriana: Los meseros entraron al quite y el conjunto trató de seguir el ritmo, pero yo ya estaba saliendo. Estuvimos juntos una hora. Nomás me dio a otear su erección en la salsa que nos sobamos.

Prisci: pues te libraste por esa noche…

Adriana: ay espérate. Me salgo rumbo al carro y pienso, si apenas son las 10 y media de la noche. Y abro la lista de contactos del celular para ver con quién seguirla…

Prisci: ¡Híjole! La bomba en la mano, el celular cuando una está caliente. Lo hubieras puesto en vibrador y le haces menos daños a la nación.

Adriana: veo un número y contacto que no sabía de quién era…Marco, y ¿quién crees que era?: Alfonso, el de las convenciones de psicólogos.

Prisci: ahora sí que te desbarrancaste, con Alonso, ¿Alón?, ¡ay qué sabroso!

Adriana: que no, Alfonso, Alfonso Tapia…

Prisici: ah ya…

Adriana: ¿eso es todo lo que vas a decirme? Es el tipo del doble faje…

Prisci: ése nunca me ha dado buena espina. Es gay, algún día lo comprobaré: se me hace que es de esos que debe tener un amigo al que idealiza y al que en el fondo se lo quiere coger. Ponle la peli de 300 y vas a ver que con dos tequilas se le vira la canoa…

Adriana: cállate estúpeda…llegó casi detrás de mí, parecía que se había conectado al culo un teletransportador. Lo encontré estacionándose frente a casa mientras yo abría la cochera.

Prisci: ¡ya iba por completo erecto el tipo!

Adriana: yo tenía dos botellas de vino, él llegó con otra, más o menos buena…

Prisci: sabía que no les durarían. ¿Y cogieron?

Adriana: nos echamos los tres tintos, me dio un masaje en los pies que me provocó quedarme dormida; y luego él se marraneó en mí como si fuese una muñeca inflable.

Prisci (carcajeándose): ¡es cierto! es el tipo que te agarra como la almohadita del perro, igual que Byron, que se cogía a los cojines de la sala.

Alejandra: sólo eso me pasa con él…Ya cuando me pongo de ladito es que sólo quiero que deje de estar manoseándome, como si fuera catearme las cavidades…

Prsici: eres un bulto…

Alejandra: en la mañana cuando se fue me dijo que me amaba. Pero creo que le gustó más en bulto, porque me lo dijo cuándo me estaba haciendo la dormida, para no tener que pararme a hacerle café.

Prisci: Amor…ahora todo mundo se apendeja más severo cuando cree que es amor. Y no te levantaste con éste, pero que no haya sido el ogro horrible aquel porque te paras a hacerle, de nuevo, sus huevos…

Alejandra: eso es todo mana…Ya me voy a la regadera a borrarme sus rastros. Nada más qué decir. No me duele el culo lo cual está bien…

Prisci: al menos.

(Ambas cuelgan el teléfono)