Poder y coño

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El poder de la vagina

Tod@s somos y existimos gracias a la vagina. De entrada y de salida (aunque las excepciones honrosas serían los que fueron fabricados en probeta y los nacidos por cesárea, pero bueno, son detalles…)

Primero debemos distinguir la vagina de la vulva, porque a mucha gente no le queda claro a estas alturas. La vagina es el canal por donde entra y sale la vida (y muchas infecciones de transmisión sexual y VIH-sida si no nos cuidamos) y la vulva es todo lo pulposito de fuera: los labios, el clítoris, es la esponjosidad de la genitalia.

Aunque ahora la gente tampoco sabe una coña sobre la vagina, nomás que es un sitio para meterla y de donde salen algunas criaturas, antes no sólo existía ignorancia, sino supersticiones muy extravagantes sobre lo que creían que era una vagina.

Para empezar como salían bebés y sangre cada mes, la gente de los pueblos antiguos se asustaba mucho con la genitalia femenina que de hecho, era muy venerada, pero cuando se fruncían más, era al ver lo mucho que gozábamos con el fornicio: casi todas las religiones coinciden en sus textos sagrados en lo mismo: al venirnos, nos vamos: tenemos orgasmos súper poderosos cuando podemos lograrlo. Según el taoísmo es porque tenemos más contacto con nuestro cuerpo, ergo capacidad orgásmica.

El sabio shií Abu Taleb dijo: “Dios todo poderoso creó el deseo sexual en diez partes y le dio nueve alasmujeresy una sola alos hombres”. De ese tamaño han de haber estado los orgasmos de su esposa Fátima.

A la vagina también se le temía porque existía el mito de que tenía dientes. Ya hemos hablado de la vagina dentada, y si lo tropicalizásemos a nuestro tiempo, la dentata significa el horror de un hombre a que una mujer se la arranque con su potente perrito. En los tiempos antiguos el vampirismo sexual que se le atribuía a una vagina, se relacionaba también con la voracidad de una señora para absorber cual aspiradora la simiente del pobrecillo que le daba su malteada. Un anatomista y fisiólogo del siglo XV llamado Lavino Lemnio, estaba convencido de que las mujeres se sabroseaban más en el orgasmo porque succionaban los súper poderes de los hombres y se regodeaban en ellos. De ahí el término vampiresa: es una exprimidora de penes.

Pero la vagina y la vulva a veces resultan ser ofensivas en su exhibición, es decir, una mujer retratada abriéndose los labios vulvares con los dedos, siempre será una imagen considerada agresiva y obscena. En Europa, durante el medioevo, en muchos castillos, como custodias de las puertas principales de iglesias o edificios principales, se encontraban imágenes llamadas Sheela Na Gig, que eran figurillas de señoras en actitud bastante afrentosa y agarrándose el coño. Con las piernas levantadas y abiertas como flores. Muchas de estas mujercitas fueron violentadas y borradas porque no era posible vivir con mujeres abiertas, incluso las martillaron o rellenaron.

Después de que se dieron cuenta del incomprensible poder de la vagina, muchas culturas, pero sobre todo las religiones, se dedicaron a borrar las vaginas y vulvas de la escena. A lo largo del tiempo la genitalia femenina se fue transformando en un símbolo un tanto maligno, ya que lo mismo utilizaban su imagen o su exhibición para ahuyentar alos espíritus del mal, al grado que se creía que éstas rechazaban a los espermatozoides, lo cual no está muy alejado de la realidad: los espasmos vaginales del orgasmo sirven para atarantar a los pececillos en su camino rumbo al óvulo, pero por eso al final, el espermatozoide más apto es el que llega.

También existieron otras creencias idiotas, como la muy racista en el siglo XVIII en Norteamérica, cuando decían que las asiáticas tenían la rayita horizontal en vez de vertical; y sí hay muchos tipos de vagina por sus formas y fisionomía, así como de vulva: ninguna se parece a otra. En el tratado erótico “El jardín perfumado”, el autor andaluz Nefzaoui ya distinguía 38 tipos de genitalia femenina.

Muchos mitos se han desarrollado acerca de la vagina y vulva, pero su poder radica en la fuerza de la misma para dar vida y placer. Hay que darle cariño.

Mi coñi: elia.martinez.rodarte@gmail.com