La nutella en la piel también se come

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(que de las diosas goce ya el señor Michelo Ferrero, creador de la Nutella)

El cuerpo se come

Es demasiado raro que yo tenga un pensamiento malicioso respecto a un ser humano y la nutella, pero cuando eso sucede me sorprende que mi fantasía pueda ser tan golosa de dulce: imagínense al cuerpo deseado revolcado en crema de nueces. Interesante. Sé que me cansaría de lamer y me aburriría, en fin.

Quizás el mejor antecedente de la dulzura y la sexualidad es la miel, porque resulta ser una de las sustancias preferidas para ser vertidas en el cuerpo de un amante, ya sea para embellecerle, para cachondearle, lamerle o todas las anteriores.

Desde los romanos hasta los egipcios y pasando de una cultura a otra en donde la miel es completamente distinta a las demás, es un elemento afrodisiaco que es adorado por su más alta cualidad: su dulzura. Como sea, es dulce. Es la sublimación de la dulzura.

En la Roma antigua era asimismo una garantía de que los recién casados iban a asegurar una descendencia, porque les atiborraban de miel durante las primeras semanas de su alianza. Su luna de miel…

Es sólo una de las muchas cosas para las cuales se ha servido el cuerpo de vajilla, de cuchara, o de copa, siendo lamido o usado como contenedor de alimentos.

No soy muy fanática de las parafilias que tienen relación con ver al cuerpo como comida, o siendo asado, congelado o guisado. Existen numerosas prácticas que relacionan al sexo con la fantasía de un cuerpo que va a ser cocinado, o puesto al pastor o al horno. No creo que sean parafilias estrambóticas o escandalosas, si consideramos las enormes transgresiones que el ser humano realiza en contra de seres más débiles, pero no deja de ser divertido que alguien se excite pensando en poner a su pareja en una posición de pavito en la charola para forniciárselo.

Y uno de los más llamativos momentos del sexo y los alimentos, o el cuerpo como charola, es el del Nyotaimori, una práctica japonesa que consiste en poner a una mujer desnuda sobre una mesa y encima de ella, alimentos como rollos y cortes de pescado, típicos de la comida japonesa.

La preparación de la pobre persona que se entume con los pescados encima no es cualquiera cosa, porque se tiene que habituar a estar inmóvil y a quedarse quieta mientras las personas le ponen los palillos encima ash…Ya ven cómo se pone la gente de atascada cuando sabe que se puede marranear.

Además de la práctica para quedarse quietas, se deben de deodorizar el cuerpo con un buen lavado. En algunos países, por sus reglamentos sanitarios en el servicio de alimentos, los cuerpos de las personas que llevan los sushis y los rollos encima, deben ser cubiertos con plástico.

Aysh, pero como los japoneses en cuestión de pelos y de sushi son bastante delicados, la persona que se ha de poner como charola deberá tener el coño absoluta y rotundamente como durazno recién cortado. Es decir, que la pobre tendrá que rasurarse el chocho a conciencia porque si no, no podrá servir como bandeja para alimentos.

Gracias a una ley casi centenaria, los japoneses mantienen la exhibición de los genitales y sus pelos correspondientes, fuera de la visión del querido público.

Por supuesto que existe también la misma práctica en donde hombres desnudos se ponen para ser servidos con sushi encima. Se llama Nantaimori. Imagínense el bato todo forrado de arroz y pescado y que de pronto que tenga una sorpresiva erección. Por eso me encanta la comida japonesa.

Todas las prácticas que tienen que ver con comida y cuerpo, son milenarias y también tienen una parte religiosa. Al compartir el sexo y engullir comida, sea encima del cuerpo o junto a él, o consumir carne humana en un ritual, como aquel caníbal austriaco que se comió el pene de su amado, se constituyen como actos de comunión y de fusión. Tiene su lado descabellado, pero así es la tradición y así ha sido la cultura de muchos pueblos. Mientras tanto traten de comerse, en buena onda a su pareja, y si le van a poner sushi encima, primero le depilan…