Este es el post acusado de gordofobia…

Camello

La pezuña o dedos de camello, mejor conocido como camel toe en inglés, es la visión de la vulva de una mujer a través de una tela. Es cuando se marca la boca de entrada a la vagina debido a que la prenda de ropa que le cubre, la ciñe de forma que se vea como una sonrisita entre las piernas. Ergo, los labios de la zona vulvar, más abajito del Monte de Venús, parecen la boquita de un pez asustado que todo el mundo puede ver.

La vulva, la zona de los labios mayores, a diferencia del escote o de la nalga, ofrece una imagen definitoria y sexual. No nada más para atarantar como el busto o el tafanario, que una utiliza como telaraña. Y no me voy a hacer idiot ignorando el hecho de que todas, si señoras, no sean mamilas, hemos utilizado el poder nalga – seno para atraer alguna mosquilla. Muchas de forma involuntaria o inconsciente, pero lo han hecho. Y hago hincapié en que la mayoría de las mujeres, hombres también, ha empujado la puerta con las nalgas, porque así se los ha dictado su instinto de supervivencia. Entonces ahora imaginen que pueden mostrar la promesa vaginal a través de un calzoncito o un shorts apretado, incluso aun pantalón debidamente acomodado.

Un día, llevando unos jeans, muy ceñidos del coño, me di cuenta que la visión de la genitalia femenina era un hipnotizador de batos, simplemente porque ofrecía la imagen de la última frontera morbosoide que la gente quiere mirujear, que es la vulva, o sea la entrada a la vagina.

El uso de mallas o leggings, la pieza de ropa más controvertida desde la minifalda por lo mucho que llega a mostrar el coño, ha transformado la manera en que se muestra el camel toe, o la pezuña de camello.

Ahora gracias la flexibilidad de la tela de las mallas, uno puede no sólo ver el camel toe, sino todas las formas de labios que poseen las vulvas, que son bastante caprichosas. Cada una es única.

Cuando una mujer se está “comiendo” la malla con los labios mayores en la vulva, no sólo revela su genitalia, sino que también muestra todo lo que batalló para depilarse y que a través de su malla, no pareciese que traía escondido un estropajo usado. Así se ve cuando no está depilado en lindo monte de Venus, que es la pared que defiende a nuestra genitalia de los ataques barbáricos.

En este país debiese existir un reglamento para el uso de mallas y leggings, porque así como muchas andan mostrando el toto y ni se dan cuenta, también exhiben el aguayón de manera impune sin que nadie les diga que están atentando contra la estética del universo. Sea flaca o gorda, gordo o flaco, hay cosas que se ven mal y nadie puede objetar eso.

Si las mallas son de una talla que no va a contener tus carnes, antes de que parezcas un jamón amarrado, considera no utilizarlas, así como los colores claros, porque ésos traicioneros, van a sacar la celulitis que no se puede ya ocultar porque, mija, esas carnes se desbordan. Es algo normal en nuestro tafanario mexicano.

Si usas mallas y traes tanga, atente a que tus nalgas parezcan un tanto excesivas, pero gordas por malcontenidas. Usen las mallas con blusones que cubran el culo, en especial cuando son claras. Esta prende revela demasiado, y lo de menos es que se nos vea el coño o la raya del culo, sino todas las imperfecciones que nuestra natural vanidad humana (no exclusivamente femenina) quiere mantener en secreto, como la celulitis, la lonja o las várices. Ni hablar de los hombres con mallas: sería un sinsentido extraño. Como una pelea de ratas bajo espandex.

La última prueba de la malla: si brincas y tu cadera y nalgas tardan un buen rato en aquietarse porque están ejecutando un tsunami de carne, después de que las agitaste, es que tu cabús no está preparado para ser depositado en unas mallas.

La visión de una panochita, nunca mejor dicho, suave y frondosa, por supuesto es herencia de la imagen de las Venus de la prehistoria, que eran esculpidas en piedra, mostrando unas vulvas bembonas que parecía que iban a succionar el universo con su poder.

Ahora sólo succionan la malla, pero se mira la imagen ancestral de donde comienza la vida: en un carnoso coño.

Lamer: elia.martinez.rodarte@gmail.com

6 comentarios en “Este es el post acusado de gordofobia…

  1. La verdad y sólo la verdad está reflejada en el artículo, y seguro que muchas se vieron y muchos lo han visto, aunque el gusto se rompe en géneros, en lo particular me resulta grotesco que usen leggins y en el peor de los casos mayas para sustituir al pantalón, que se note si traen o no calzones, si los vienen mascando y junto con los leggins, se marca la cerdulitis, no es nada estético ni agradable a la vista mirar piernas flacas y una gran cadera llena de bordes, nalgas caídas y peor aún que traen calzón con relleno, claro que para la mirada masculina mirar cómo les bambolean las nalgas para ellos es el paraíso. Sí debía haber una especie de amonestación ante ese mal espectáculo.

  2. Curiosamente, las que más se animan a usar leggins son las gordas.
    Hace tiempo una ex pareja me llamó “vulgar” por usar unos jeans que mostraban la marca de la que hablas. Obvio lo ignoré, pero yo considero que tampoco se trata de exhibirse cayendo en lo excesivo.

  3. En este análisis tan pormenorizado tendría que haber la categoría de los calzones; esos que corresponden por su tamaño y forma con las formas de sus poseedoras. Las dulces chicas que ayer fueron hermosas y delicadas y que usaron minúsculas y bellas tangas de color pastel, hogaño usarán carpas de circo como las que cuelgan al arbitrio del aire en las cuerdas de los tendederos de todas las casas los domingos por la mañana y que nos recuerdan aquellos cuentos de la infancia de dulces princesas que acabarán convirtiéndose en espantosas brujas.

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