Si robé pero poquito, hay otros más rateros que yo, y el calzón blanco

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El perturbador escote de Layín

Temo decirles querido público, que el escándalo del alcalde de San Blas, Hilario Ramírez Villanueva “Layín”, es un hórrido ejemplo de lo que nuestra gente puede llegar a ser cuando el poder envenena hasta la indignidad. Que se convierten en bufones, en una afrenta para sí mismos, ofendiendo a las personas, a tod@s nosotros por su falta de honor, de vergüenza y hasta de respeto para las mujeres de su casa.

Los temas políticos son del sexo también, y el sexo está en todo, por lo que la atención hacia este personaje, proviene de ese nefando día de su cumpleaños en una ostentosa fiesta hace unas semanas, en el cual, bailando con una muchacha, la exhibió frente a miles de personas. Les mostró compulsivamente los calzones blancos de la mujer quien desistió de seguir bailando.

Una lectora de mi página Ivaginaria en Facebook, originaria de San Blas, comentó que el alcalde dijo en una entrevista allá en Nayarit, que ahora que sea semana santa las muchachas lleven bajo el vestido prendas de licra “porque ya saben cómo soy…”

Días después de la fiesta, comenta un lector nayarita en mi página, el alcalde Layín se jactó de este hecho machín, como algo gracioso, que estábamos en una fiesta y somos alegres. Como luego dicen, borracho no cuenta.

Este hombre, antes del calzonazo, ya era famoso por una vacilada que se aventó. Existen frases infames como “me estoy cogiendo a su hija”, dicha a un padre de familia, o “me tiro a tu hermano”, dicha por la esposa de alguien o “sí robé poquito”, revelada por un político, en este caso, Layín. Porque es una afrenta ante lo evidente. Sabemos que roban. Conocemos de su poca honorabilidad. Pero ya es muy sonoro que se lo restriegue a la gente en su mera jeta. Todo quedó en broma, hasta que se suscitó el asunto del calzón de la muchacha.

El personaje Layín fue entrevistado sobre la falta de respeto hacia una mujer y la manipulación de su vestido para exhibirla,y cuando le preguntaron sobre si le gustaría que un tipo les hiciera lo mismo a su mamá o a su hija, Layín de inmediato defendió a su madre, pero nunca mostró vergüenza, arrepentimiento e incluso actúa como si estuviese en el derecho de exhibir el tafanario de quien fuese en sus dominios. Cuando se le pidió una justificación sobre su trato misógino y ostentosamente gandalla, simplemente cantinfleo…o quizás estaba intoxicado, porque su declaración era errática. Aunque es factible que así sea siempre, por el contenido usual de sus declaraciones, que por lo general son sinsentidos con una verborrea anorteñada sin congruencia. La camisa abierta hasta la mitad del torso, enseñando su pecho peludo y la montaña del estómago que no se desborda gracias al par de tallas más de la prenda son el sello de este hombre que, cada vez que va mentir empieza una frase con “Lo que pasa es que…”. Nunca falla.

taliban

El cinismo y la vergonzosa resignación pintoresca de “así somos los mexicanos, vamos a reírnos de nuestra miseria”, ya se brincó la barda hasta la terrible normalización de la violencia a la mujer por parte de este funcionario. El Layín se disculpó por esa afrenta calzonera, pero les apuesto los ovarios a que no entiende una coña de porqué la regó. No lo capta, ni sabe de qué va su error. Lo perdimos, quizás desde que esa santa que defiende lo parió.

“El nivel de cultura de un hombre se mide por la cantidad de botones de la camisa que tiene abotonados-desabotonados”, cito a otra de las lectoras de Ivaginaria en internet, quien ser burlaba, como todo México lo hace, de esta persona que gobierna a una sufrida población nayarita.

Me opongo a la normalización de cualquier tipo de violencia. No me da risa la corrupción y menos la ostentación de ésta. No quiero que ningún personaje sin instrucción, sensibilidad y sentido del pudor de cualquier persona, gobierne ningún territorio de mi país.

Por lo general terminaría una columna como esta con un “hay que ser cochino, pero no trompudo”, pero sería avalar la corrupción. No más.

Si lo asalto, es un reembolso: elia.martinez.rodarte@gmail.com

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