Cuando tú controlas a la genitalia y no al revés…

Head in Hands

Sapiosexual o ¿genitalia intelitente?

Ash…nada de genitalias inteligentes. La última vez que dizque pensé con la genitalia se me quedó un condón adentro y lo demás es historia.

Pero cuando el cerebro actúa por encima del corazón y la genitalia, nos convertimos en personas en control de nuestros impulsos sexuales. Si eres un romántic@ desatad@, pensarás: “ay cómo va un@ a controlar los impulsos sexuales, si la carne es débil…” Si crees esa papanatería, estamos perdid@s, porque cuando un@ asunta a controlar su vida sexual por completo, es cuando más acorde va a actuar respecto a las necesidades del cuerpo.

En términos occidentales y como convención social, quien obedece a sus impulsos sexuales es que se ha tirado a la putañería. Cada quien piense lo que quiera.

Para definir la sapiosexualidad, que es uno de esos términos mamilas que se han acuñado hasta para determinar de qué tan listo es nuestro coño o pene, sería una persona capaz de darle nutrición a su sexualidad de acuerdo al manejo controlado, responsable y protegido de su ser sexual, pero a la vez actuando sin límites morales estrictos.

Una persona sapiosexual es la que sabe administrar su actividad sexual sin importarle a quién se tira. A mí me parecen muy sabios l@s bisexuales. Nunca se les acaban las opciones, tienen más sexo del que much@s a su alrededor experimentarán, y ni siquiera porque se tiren a muchas personas, sino por quienes ellos mismos son al ayuntarse con cuanta cosa se les atraviese.

Una persona sapiosexual también es quien puede ser responsable y versátil en su actividad sexual. Sabe su rango de dolor y hasta cuánto aguanta por su alguien le quiere poner su friega en el acto sexual y le da sus bofetadas o sus cancos pesados. Pero también sabe negarse cuando no le laten ciertas prácticas, porque tampoco debe de entregarse por obligación y sufriendo, a menos que su onda sea la sumisión y el masoquismo.

L@s sapiosexuales, como son sabios en el sexo, asumimos, pueden y saben aceptar el rechazo, el último gran mohicano de las taras de los seres humanos. Una emoción bastante histérica, cabe mencionar. El miedo al rechazo es una de las formas más primitivas de mostrar nuestra miseria. Por supuesto que en toda nuestra existencia nos van a rechazar, cosa que ni es el fin del mundo, ni será la última vez, y temo decir querido público, que es un derecho humano decir “no”.

Una persona sapiosexual es la que se ha ocupado de vivir por una vez aunque sea, alguna experiencia sexual “extrema” o al menos ha vencido sus miedos intentando alguna maniobra sexosa: por ejemplo aquellos que prueban una orgía y no temen transgredir sus propios orificios; o aquel que termina forniciándose a alguien que levanta y olvida. Conocen del momento propicio sin ponerse en tanto riesgo, en este mundo de violad@s y muert@s.

Los sapiosexuales pueden adaptarse a las parafilias de sus compañer@s sexuales, porque comprenden el hondo sentido de lo humano de esta pulsión. Nadie sabe por qué existen personas que sólo se excitan viendo excremento, o por qué la asfixiofilia sigue siendo adictiva pese a su peligro, o qué tiene de maravilloso ver a un par de animales cogiendo en los videos de la vida salvaje. Lo único que es cierto es que del impulso sexual y las parafilias, nace también la humanidad.

L@s sapiosexuales son los que ejecutan un acto sexual controlado directamente desde su cabeza. Saben qué está pasando en su organismo, por lo que se sienten bien sabros@s cuando están haciéndolo, y saben perfectamente cómo gemir, disfrutar y cuándo y cómo venirse. El sexo es técnico también y hay que desarrollar una estrategia de cómo tocar y ceñir al cuerpo del otro para fusionarse ambos, o quienes sean que estén en el abrazo del erotismo. El poliamor en elsexo también es parte de la sapiosexualidad, porque ser el jamón en cualquier torta nunca está pasado de moda.

Nos vemos en las redes sociales en @Ivaginaria en Twitter, y bueno en Facebook nos vemos cuando levanten el bloqueo de mi página Ivaginaria, que de nuevo fue denunciada porque puse la foto de una verga bajo un calzón de delicada lencería.

Ni estaba grande: elia.martinez.rodarte@gmail.com