Torcerle el cuello al ganso, la ovejita coqueta y otros romances…

chango

La zoofilia de cada día

Mientras más lejos el rancho, más intenso será el “romance” con la chivita, y con otras buenas especies del mundo animal que tienen la mala suerte de vivir entre nosotros.

La parafilia de la zoofilia existe desde la primera mirada entre humanos y animales, con nefandos resultados para la mayoría de esas criaturas, en especial las de hoyo chico, las aves, los domesticados y los de crianza. Nadie se anda metiendo así porque sí a follar con un león, un cocodrilo o una boa constrictor: sólo sucede en las mitologías de todos los pueblos.

Dada esa familiaridad animal-humano en ayuntamientos sexosos, las leyendas sobre seres mitad animal y mitad ser human@, abundan, como la de la sirena, el centauro, el minotauro, y otros muchos.

En la novela “La Gata” de Colette, la mascotita felina le hizo la vida de cuadritos a la nueva esposa de su dueño por celos. En el mito griego del Minotauro, su mamacita, reina de Minos, fue preñada por el toro más hermoso de la comarca, mismo que le pusieron a tiro: ella se escondió dentro de una vaca de madera con un hoyo generoso para el astado más bello. El resto quedó en un laberinto.

En la película de King Kong, nos da el ejemplo de la relación zoofílica hollywoodense más común y aceptada: ¿Por qué a tod@s nos parece normal que un chango gigante se enamora de lo que podría ser una lagartija en su manota? Simio sucio.

El caso de Diane Fossey la científica que vivió más años estudiando a los primates que conviviendo con seres humanos, fue visto también con un sospechoso sesgo zoofílico, tras su muerte.

A lo largo de las mitologías las señoras se han ayuntado con osos, toros, cisnes, burros (las más felices de todas…), peces, elefantes y han creado seres fantásticos.

Pero siendo realistas y saliéndonos de la controversia de que si Caperucita Roja se echó o no al lobo, la zoofilia se encuentra entre las prácticas más comunes e incluso, a veces se trata con indulgencia. Al humano cogelón que se tiró y mató a la gallinita, supongo que alguien le ha de poner un correctivo, o mínimo cobrársela.

Ha poco se viralizó un video de una mujer muy guapa teniendo relaciones sexuales con un perro de tamaño grande. Dicen que la morra lo grabó para su novio, que es su onda, que le encanta la del perro… Pero, ¿qué culpa tiene el perro?

Hemos de decir, antes de que se emocionen a ir a toquetear a la vaca lechera o al burro del carrito de las nieves, que es una violación a los derechos de los animales y un abuso. Estoy segura que si les preguntaran a los pobres animes que si quieren forniciar con un humano, dirían que no.

Pero ya domesticados agarran unas mañas como de esposas, amasios, novios…No son de otro planeta las historias del gato enamorado de su dueña o del perro violento contra los que se le acercan a su ama, o cualquiera de esas manifestaciones de territorialidad de todos los animales.

Mi gata Nigga ha intentado matar a todos mis novios cuando entran o salen de mi casa. Y además tiene un fetiche con mis pies, en el que dejo que se golosee a sus anchas hasta que me harta.

Una cierta vez me encontraba de visita con alguien en una casa en donde habitaba una linda perrita, de quien protegeremos su identidad, y sólo llamaremos Chichitas.

Pues como no había nada qué hacer nos pusimos a descolocar las cobijas. Todo iba como un fornicio emocionante, además por ser casa ajena claro, pero justo en el momento en que ambos íbamos a explotar, casi diría que atinándole perfecto al instante orgásmico, Chichitas empezó a lamer mi pie derecho que estaba en el aire (sí estabamos de misionero ash…), un dedo a la vez. Digamos que varios seres vivos y queridos contribuyeron a ese orgasmo, pero Chichitas no estaba en el programa de la noche. Desde ese momento nos cayó bien, pero luego ya mejor con la puerta cerrada. No fuera a gustarnos.

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