Mirada y control…(que no te cachen viéndole las nalgas a alguien)

uno

Ojo alegre y otras paranoias

Esos días cuando la mirada absoluta de tu amor era sólo para tus carnes, en los primarios meses del romance cuando todo era besos, lamerse y olerse, ya han pasado. Han transitado quizás a espacios menos pasionales y arrebatados, a una rutina de pasatiempos domésticos: ahora es más importante hacer el mandado que coger.

Sin embargo, ya que vivimos en un entorno sumamente machista, en que los señores se sienten calificados para pegarnos los ojos a las nalgas y a los senos, debemos empezar a negociar y a dictar sentencias, antes de que nos rebase la paranoia, la malacopa o peor, que se hagan realidad tus ansiedades nada más por estarlas machacando.

Además del replique de conductas machistas y territoriales. No es una gracia ni un piropo ser observada / deseada / mirada / analizada…

Todos esos dichos mamilas de:

La mirada es natural

Es que están bien chulas y cómo no admirarlas

Ay si te veo con lujuria, pero no es con mala intención

No quería quedármele vieno, pero era imposible.

Hacen ver a los batos o a las personas que las emiten, como entidades inevolutas que no saben controlar un impulso machista sólo porque obedecen ciegamente a la volatilidad de su “hormona”, al prejuicio, a la convención y al convencimiento de que la mujer, como un objeto, debe ser loada por su belleza.

dos

Amamos en un país en donde la lumbre es amasia de la gasolina. Mujeres muy celosas y territoriales, con hombres que gustan mucho de mear fuera de la olla. Pero también asuntemos en que la vista es muy natural, y mientras a ellos les han recalcado que está “bien”otearles el tafanario a las damas, a nosotras nos han enseñado a controlar la mirada.

Ya una que otra se ha soltado de la manada y vocifera hacia el nalgatorio de un señor para reconocer que está bueno. O las más voraces, se van directo al paquete, y aunque no miren mucho, ya saben para dónde anda volteando Darth vader.

La mirada sí es muy natural, pero no es lo mismo cuando mira una a uno, que uno a una. Las intenciones siempre serán manifiestas, en especial en este país de ojitos de papel volando.

Pero asumamos algo: una cosa es un bato que sea mirón y lujurioso, y otra muy distinta, el que otea inocentemente a un peregrino par de nalgas. Está tan introyectado el voyeurismo en nuestra genética, que miramos naturalmente, porque nos gusta ver esos cuerpos y organismos. Y es una actitud machista.

Dependiendo de la mirada será la ofensa, por eso ellos deben de contenerse aunque no quieran, a riesgo de parecer maniacos sexuales con compulsiones mastubartorias. Que aunque sí lo sean, mejor no paleteen.

Las mujeres poseemos un detector de miradas y hasta un clasificador de ellas, sea producto de la paranoia o bien, porque ya sabemos leer bien a nuestro ente masculino.

Tenemos la mirada: “nada más le vio las nalgas / pechos casualmente”, “le metió la mano debajo de la falda con los ojos”, “le metió el dedo literalmente y luego se relamió los labios”, “en este mismo instante se la está tirando” y creo que un epítome del descaro sería la mirada de “le da su raspado de anís sin recato”.

El problema es que en esta tradición machina muy poco podemos hacer, a menos que el hombre sea razonable y de esos santos varones que se ponen límites en la mirada, al menos, cuando está alrededor la policía de los ojos.

Nunca defenderé a un bato mirón, porque ejerce una conducta violenta y sexista de “de bajo impacto”, muy incómoda e invasiva. No está nada chido que una vaya pasando, le vean el culo y luego digan “ssshhhh”, como en un despertar de una víbora mazacuata. Nada que ver con sus lujurias de perro frente a carnicería.

uno tres

¿Qué pasa con una señora mirona que nada más le anda mirando la bragueta a los parroquianos? Algo levantará, porque muchos hombres pepenan lo que sea que oriente los ojos a su lapicillo. Sin embargo también es una actitud invasiva, no recurrente en las mujeres, pero sí una herramienta de cacería para llevar a terreno a algún incauto que se siente acariciado o acosado por una mirada.

Alguna vez salía con alguien que se incomodaba porque yo le decía: mira está guapa esa, o qué buen culo tiene aquella…

Luego me percaté que estaba actuando como un trailero que se rasca los huevos frente a todes, y dejé de hacerlo. Las conductas machistas, aunque parezcan una actitud “liberal”, también reflejan rastros de machismo.

Nadie es dueño de la mirada de los otr@s, pero sí debe ser claro en lo que espera de esos ojos. Las miradas han sido fuente de conversaciones ancestrales y de los ojos podemos conocer las intenciones. La mirada alegre es responsabilidad de cada quien.

No me veas así: elia.martinez.rodarte@gmail.com