awwww…mira, aquí la foto de mi primera orgía…

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Sandra Vázquez de la Horra, Orgía reptiliana. 2012

Orgía: ¿jalas o te pandeas?

Las orgías no son para tod@s. Ni aptas o efectivas para todas las edades.

Lo mismo es patético una orgía de adolescentes medio jarras que no le atinan en el perreo y que nada más andan descremando infecciones de transmisión sexual. O una de viejos diputados de algún partido conservador, maltratando a un grupo de trabajadoras sexuales que deben de lidiar con sus panzas, sus alcoholes y su doble moral.

Pero el momento de una orgía arriba a nosotros, incluso, cuando se hace un trío. Si alguien más se integra al meneo sexual, más allá de la convención “normal” de dos en el fornicio, es una orgía.

Las orgías son una práctica sexual antigua como la humanidad, porque las sociedades primitivas eran bastante cogelonas, pero sobre todo, no discriminaban con quien. Entonces si había una mujer encinta, pues llevaba un hijo de la comunidad. Apareció la propiedad privada y las orgías, ¡bujú!, fueron un poco más controladas.

Sin embargo, los griegos, que consideraban que la felicidad era una meta digna de ser alcanzada, no se cansaban de forniciar orgiásticamente, debido a su no muy exigente preferencia sexual; e incluso, para mi gusto prefiero la idea de la orgía griega, a la romana, en especial porque los romanos eran más democráticos en cuanto a con quien juntaban su genitalia. O sea un romano cualquiera, dejaba que quien sea se la mamara por cualquier pretexto. Un griego también, pero le pensaba más rato.

Pero gracias a los griegos conocemos la parte más divertida de las orgías: la que está llena de alcohol, de comida, de ceniceros llenos de pastillas de las que ya saben, y también Viagra…La ciudad de Sybaris, que le da nombre a la palabra sibarita, se autodestruyó a sí misma por sus pobladores, porque eran ostentosos, cogelones, voraces y atascados, todo ello con enorme lujo y despilfarro.

Pero la orgía moderna, a donde vamos a ir a exhibir nuestras pieles, espero tonificadas, es una forma de convivencia sana que podría ayudar a muchas parejas a que recuperen su energía sexual y ganas de lujurear. O de plano mandar todo  al infierno, cosa que a lo mejor algun@ de los involucrados ha pensado últimamente.

Al acudir a una orgía, siempre debemos estar seguros y conocer al menos a una pareja involucrada. Trío son tres, cuatro son swingers después de un trago coqueto listos para abrochar, pero una orgía buena mínimo debe ser de siete. El número non es para que alguien tenga chanza de descansar. A veces es necesario y no todes son unas licuadoras sexuales.

Conocer personas dentro de la dinámica orgiástica a much@s les ayuda, y a otr@s incomoda. Sin embargo en cuestiones de sexo grupal con desconocidos y seguramente con aditivos involucrados, no es seguro acudir sin referencias o sin conocer a alguien.

Si crees que vas a salir bien librado de la brillante idea de hacer una orgía con tus amig@s cercanos, quizás sea una buena ocurrencia siempre y cuando no te importen tanto. En especial porque a la orgía siempre le va la territorialidad.

Incluso con personas que ni siquiera están relacionadas emocionalmente. Por una cuestión de posesión o terriorialidad inherente a tod@s, la gente en las orgías acapara, o no se rola, o no se niega y sufre, o batalla porque no sabe decir que no, o simplemente se deja llevar y se queda como chuleta sin aportar a la dinámica.

Las orgías son como la vida, una entidad con muchas dimensiones y energía que deber fluir armónicamente. No todos van a salir aullando en la primera orgía, más bien algun@s quizás quieran más. Otr@s quisieran sólo sordearse y pretender que “como ya vivimos la experiencia” ya no volverá a suceder.

Por eso las orgías no son para tod@s y sí es necesario gustar mucho de la lujuria, trabajar harto en el pompeo y eliminar cualquier sentimiento que se atraviese en contra del goce sexual, sin el lastre de la denominación de origen o de que anden revisando correas antes de empezar la fiesta del sexo. Una orgía debe ser una celebración y simular la alegría de la vida que no logramos en la realidad. Nos queda la alternativa de coger.

Sólo vine a recibir y en la próxima sí doy: elia.martinez.rodarte@gmail.com