Mis dos centavos

Yugo

…entonces uno de mis mejores amigos, que me llama y me dice: por favor mejor comuniquémonos por correo.

Odio ese momento en que la correa les aprieta a las personas al grado de que no pueden ir a cagar sin que su pareja les dé la bendición a la nueva execrencia.

Hablo desde la cómoda barrera de estar libre y soberana, medianamente estable en la sesera, y con un grado de escepticismo extravagante hacia ciertas formas neorománticas de relacionarme, que no están del todo mal.

Siento que se está muriendo la parte de mí que contenía el relleno cremosito.

Quizás por eso, porque no entiendo el apretamiento del yugo hasta el grado de perder la individualidad y el espacio personal.

Sé que muchos de quienes leen esto ahora dirán, “¿qué tiene esta vieja? Si yo estoy con madre bajo el control y mando de mi comandante (su pareja)”.

Eso es bueno. La programación neurolingüística.

Quizás también puede ser que yo esté equivocada, y que debí haberme quedado bajo aquella correa amarrada en ese rancho lejano en donde no vive nadie.

Ahora no puedo hacerlo.

3 comentarios en “Mis dos centavos

  1. Yo tampoco lo entiendo. Cuesta mucho, muchísimo trabajo y esfuerzo mantener una amistad así, neta, cuando las amistades se emparejan. Pero no es imposible, pues. Sólo que todo necesita ser muy claro, abierto y sin dobleces. Y a veces ni así.

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