A mí déme mi sexo sin amor y una coca light

¿Sabe más rico con amor?

Ignoro la respuesta a la pregunta de que si el acto sexual sabe más rico con amor o estando enamorados, pero a nivel fisiológico sí es factible que se sienta más intenso y profundo. No quiero destruir su idea de romance y descaramelizarles la sesera y la genitalia. Pero, hay niveles. Se coge con la cabeza, el corazón, la genitalia o con todas juntas, pero es difícil forniciar con cada una de las células de tu cuerpo y decir que eso es normal y sucede siempre.

No con tod@s nuestr@s amantes sentimos el rayo siciliano, porque no cualquiera nos cimbra el organismo. Cuando estamos o creemos estar enamorados, el primer acercamiento al cuerpo del otro es el beso en la boca. Por favor no pasen directo a besar la genitalia o al culo antes de besar en la boca a alguien que les importa. Trata de lucir evolucionad@.

Al juntar las bocas y meter la lengua en la cavidad del otr@, el hipotálamo despierta a toda la banda en el cuerpo y les ordena: corazón, a bombear sangre; piel: a erizarse; pene: de pie; vagina y vulva: a mojar bragas.

El beso es lo más importante para que esto suceda, porque justo al besarnos, es cuándo las feromonas obran su labor mirífica. Por lo regular la gente cree que se emiten las feromonas en el momento del pompeo o en cualquier parte del acto sexual, pero se expelen cuando besamos. Por eso las feromonas no sólo actúan a nivel sexoso o erótico, sino que otros besos como el de una mamá a su bebé, o el muchacho saludando a amig@s, producen feromonas que nos hacen afines a esas pieles.

Al besarnos se genera una emoción inaudita. Si nuestras feromonas no se entienden o no empatan, el encuentro feromonal puede originar rechazo o incomodidad. No podemos untárnosle a cualquiera, porque no sabemos si empataremos feromonalmente. Existen personas que rechazamos de forma natural sólo porque nuestros aromas animales no nos permitirán acercarnos.

Al sabernos enamorados, enculados, encoñados, empanochados, hasta la madre, en posición de empinación romántica, o como le llames, el corazón late y reacciona, porque es el que aporta la fuerza sanguínea a la erección y la pulposidad a la vulva, y favorece la oxigenación al cuerpo.

Al echarse a andar un mecanismo de altos estímulos hormonales, y sólo por meter y sacar la lengua de otra boca, el corazón se pone como locomotora. Por eso en el faje, primero viene una emoción intensísima que nos fusiona en humedades y calor con nuestra ropa interior, y el beso pone al cuerpo en un estado de saturación. Te encuentras caliente, mojad@, duro, lleno de sangre y listo para un coito, en el mero centro del limbo de los besos.

Si te gusta besar porque estás hasta la madre de amor, hay que aprender a respirar para que te prendas a gusto. Succiona, agarrando aire, mientras besas y lames, luego suelta suavemente por la nariz, así inhalando y exhalando. Acompasa la tambora de tus latidos en la respiración.

En ese nivel de intensidad y tras horadarse con besos de lengua hasta la trastienda, un coito o la metida, será un momento de descarga energética y en la fusión de la piel, será el momento en que creemos que estamos enamorados. La adrenalina del amor. No podemos estar más cerca del otr@, porque estamos conectados como la ploga al enchufe. Por eso se le llama clímax.

Asumimos que estamos hasta el culo de amor y sería increíble sentir la misma intensidad en otras situaciones. Hasta que vuelva a suceder con ése u otr@. Una situación que junte lengua y feromonas, nos va a poner igual de erizos, si sabemos canalizar la sensación.

Sabe rico el sexo cuando se ama o se cree que se ama, porque el cuerpo reacciona mejor y sólo se concentrará en la producción de felicidad. Con el beso usamos 29 músculos en la boca y besarse más de 30 segundos, prende el fermononerío. Con sólo 20 segundos de juntar los cuerpos sin tocarse: ya empezamos a amar.

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Mete la lengua y ya: elia.martinez.rodarte@gmail.com