Cómetelo todo de una buena vez

Guácala, ¿qué rico?

La parafilia de una persona es la asquerosidad de otra, y serán muchas las motivaciones para que ciertas prácticas, cosas, animales, situaciones o personas y personajes exciten a alguien.

La misofilia es una parafilia en la que las personas se excitan con los desechos, execrencias, fluidos, mucosidades de otres. Posee tantas variantes y situaciones, que implica no sólo los jugos humanos, sino también la activa convivencia con ellos.

No es algo tan simple como decir: me excita el olor a sobaco, o me tomo la malteada después de bajarme, o me bebo sus sudores cuando le chupo la piel, o muero por lamerle los pies apestosos. Todas estas situaciones, por ejemplo, se encuentran en el límite de lo tabú, porque la misofilia siempre implica que alguien goce y se excite: comiendo caca (coprofilia), menstruación (menstruofilia), orines (urolagnia), vómito (emetofilia).

Quienes bajo su propia responsabilidad y riesgo se comen los desechos de otras personas, llevan al extremo su misofilia. Por lo general estas parafilias implican la observación también, para masturbarse o para sabrosearse en el acto sexual. O ser la variedad en medio de la orgía: nunca falta uno que se quiere mear en público.

Existen miles de videos porno de misofilia y son de lo más estrambótico y asqueroso, pero popular y asqueantemente humano.

Al vivir una parafilia como la misofilia hay que considerar una de las más morbosas motivaciones que ésta tiene: el asunto es encochinar y encochinarse. Digamos que su idea de sexo sucio es verdaderamente atascado, y aunque esto suene a algo que me encantaría, nunca he sido fan de las execrencias ajenas. Que dicho sea de paso, nunca ignoren a sus propias execrencias: color, olor, consistencia. La sola observancia de estos aspectos nos ayuda a saber si tenemos un problema que afecta nuestra salud.

Al hablar de ensuciar a otr@ o de encochinar la genitalia con más asquerosidad, nos lleva a otra parafilia: la salirofilia. Esta es la que define el placer de cachondearse al atascar de algo a alguien, pero también se refiere a la parafilia de quienes gustan escupir, escupirse o tragar baba, que es algo que normalmente hacemos. ¿A quién no le encantan esos besos largos y límbicos en los que sientes que alguien te da de beber? También se refiere a la gente que se lanza escupitajos y se calienta. Ash…

En la salirofilia se clasifican otras parafilias como el bukkake, que es la eyaculación grupal en la carita de una pobre incauta, como en el video de la canción Rastamandita de Molotov, pero ahí en lugar de semen, salía harta leche de muchos pechos adheridos a las paredes, que rociaban a unas damas topless. Es una estupenda canción coital.

También entran en la salirofilia la coprofilia, las luchas en lodo o forniciar en zonas lodosas y pantanosas (qué ocurrencia de llenarse el culo de barro…), ciertos juegos de forzar a otro y claro, la reina de las parafilias nutritivas, la sitofilia.

Desde el momento que le estás untando mermeladitas a tu pareja en su cuerpo, ya estás excitándote vía la sitofilia, lo cual es bastante saludable.

¿Qué hacer si nuestra pareja es afecto a la coprofilia y de pronto quiere comerse mi popó?; ¿cómo controlas la excitación de ese tipo que sabes que le encanta verte guacarear?; ¿a dónde correr cuando alguien te persigue con el pene dejando un rastro de orina porque te quiere dejar caer una lluvia dorada?; ¿Cómo le digo amablemente a mi mujer que, no gracias, no quiero hacerle un beso vampiro en sus días de regla? La observación y el ejercicio de unas parafilias tan particulares como éstas, requieren del consenso de quienes van a marranear, nunca mejor dicho.

Asimismo en la salirofilia debe prevalecer el acuerdo, porque en muchas de sus parafilias afines, hay sometimiento, violencia, e ingesta de comida y caca.

Aunque todas las palabras antes escritas en esta columna implican mierda en todas sus modalidades, debemos asumir que día con día caminamos hacia la pudrición, entonces al administrar nuestras parafilias sabiamente, estaremos sabroseando, pese a lo descabellado que suene lo que nos guste.

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Una parafilia: la escena cuando te atas las cintas de los zapatos: elia.martinez.rodarte@gmail.com