…que te peguen, meen, aten y calienten…

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Todas las prácticas del sadismo, masoquismo, dominación, sumisión, ataduras / bondage, y cada una de las actividades alusivas a las antes mencionadas son producidas para seguridad, consenso y goce. Nada es al azar o improvisado.

Sangre en el cuerpo

El sexo se trata de sangre y por ello la expresión de “me hace correr la sangre por las venas”, exalta la sanguineidad. En el acto sexual, no sólo en lo coital, se pone como un tren la circulación, generando una sensibilidad extra.

Por ello entonces en el sadomasoquismo, el bondage y algunas prácticas de contacto físico y dolor, la sangre pinta las pieles. Cuando se nalguea con una vara (cane, le llaman), un flogger (de piel o tela, como el flagelo con el que le pegaban a Cristo, pero sin púas), o una tabla (como la regla, la del vicio inglés), se enrojece o moretonea porque sensibiliza la zona con este maltrato físico consensuado.

Los instrumentos que se utilizan en el sadismo y en el masoquismo, hieren o laceran la piel de una forma en que, entre más se enrojece se siente más rico, sin embargo cada persona debe saber controlar su nivel de dolor y placer. Cada juguete tiene su truco e intensidad.

Es tan efectivo pegar para sentir, dicen los practicantes, como amarrar, ya que las cuerdas hechas de yute o cáñamo, son las buenas para los amarres, nunca mejor dicho.

Me detuve en el taller de Krystal Sade Lorien y Marqués de Alexander en el Congreso de Educación Sexual y Sexología FEMESS que se realizó en Monterrey, y entonces entendí algo que no había asumido del mundo sadomaso dominante, sumiso y amarrador: se trata de generar una convención de la sangre en la cual las personas experimentan una extra sensitividad. Eso aloca más al cuerpo, porque lo altera sobre lo ya alterado, entonces de la sensibilidad de piel en condiciones normales (sin aplicar dolor) se potenciará con unos buenos latigazos.

Siguiendo las recomendaciones del instructor Marqués Alexander en cuestión de látigos, floggers, varas y paletas, el dedo índice es el que guía el fuetazo. Aysh: que eso garantiza la puntería.

Mi instrumento preferido en esa exhibición de juguetes, fue una paleta que se vende en las tiendas de artículos religiosos, y que sirve para tundir niños. Se pueden usar para marcar las nalgas de un culo empinado.

Entre las prácticas que mencionaron, me resultó controvertida el ball busting, que literamente es el molestamiento de las bolas. Hará que a muchos se les espante la leche con la idea de que les agarren a campanear los cojones. Pero sin duda se pondrán duros y sanguíneos, que es lo que promueve que los espermatozoides se avienten como clavadistas de La Quebrada.

El sadomaso es un conjunto de prácticas consensuadas, es decir, no se trata de mandar a nadie al hospital, por ello se hacen acuerdos de seguridad. Sin embargo conversando con un querido amigo activista y expracticante del BDSM, me dijo que lo que le gustaba más era marranearse sin reglas. Es decir, que le valía meterse, picarse, cortarse, amarrarse, ponerse agujas, cotonetes en el meato urinario. Cada quien asume la responsabilidad sobre su cuerpo, pero no toda la comunidad practicante coincide con esas lo que pueda resultar inseguro o peligroso.

En el BDSM existen preparaciones puntuales para muchas de sus actividades, como para quienes gustan de las lluvias de fluidos. En la lluvia dorada, que es la de la orina, no se puede beber cualquier pipí. Para la lluvia marrón, que es la de heces, se debe hacer una dieta de desintoxicación antes de ponerse a jugar con caca. Para la lluvia griega, que es la de vómito, no se pueden ingerir ciertos alimentos. Existe la lluvia roja que es la de sangre menstrual, la plateada (de saliva) y la blanca (de semen). Echarle los propios fluidos corporales encima, dentro o en la cara o boca de otr@s, conlleva responsabilidad de l@s involucrados.

Al taller de BDSM y a todos los relacionados con ese tema en el Congreso FEMESS, se acercó gente con curiosidad y ganas de aprender. Yo sigo siendo muy vainilla, pero creo que una poca de esa tabla de la tienda de artículos religiosos me gustaría. Con cita del Antiguo Testamento, por favor.

En el taller nos enseñaron que en el BDSM no hay nada al azar y que todo sigue un protocolo. Es un goce con harta producción.

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Moretón: elia.martínez.rodarte@gmail.com