Fe minus: mujer sin fe

El pecado se llama mujer

Eso de pecar es una práctica tan antigua y mamila, en especial en el sexo y para las mujeres, y sólo ha servido para aburrirnos más; para temerle al fornicio recreativo; y para asumirnos como entidades meramente reproductivas.

Aunque en la biblia, que es la casa de citas más nombrada en occidente, existen alusiones y condenas a la homosexualidad, a la masturbación, a la sodomía, entre otras situaciones que les parecen delicadas a los “autores” de dichos libros, el pecado no está propiamente ahí.

La iglesia católica cristiana entonces, no ha sido restrictiva, cerrada e intolerante desde el principio, pero apenas fue ganando terreno, dejó fuera a las mujeres, uno de los más tremendos distractores de los hombres.

ec

Cito de Dante Medina, la etimología de fémina, por ejemplo: “La palabra latina “fe-minus” designaba, medievalmente, a la mujer: “la que tiene una fe menor”. Es decir, que las mujeres poseen una fidelidad a la iglesia más pobre. Ya me imagino el soponcio que le va a dar a la señora del rosario en la levantada del niño.

Incluso el adjetivo y sustantivo “femenino” quiere decir: fe de niña.

Por supuesto que me parece una injusticia, pero nada podemos hacer con lo que se ha calabaceado. Quien le metió más cizaña a la relación mujer-sexo-pecado-iglesia, fue San Agustín, el obispo de Hipona del siglo IV, quien usó a las mujeres como culos sin valor: con el viejo truco de que luego me arrepiento de tanta fornicación. “Ama a Dios y haz lo que quieras”, era su idea de mantenerse más o menos a raya dentro del cristianismo puro.

Pero el taimado produjo una iglesia hipócrita bajo un régimen de lujuria, que no creo que él mismo haya abandonado en aquellos viajes de retiro tan misteriosos que se aventaban algunos doctores de la iglesia con sus sobrinos.

San Agustín señalaba a las mujeres como el sujeto y vehículo hacia el pecado, debido a la manzana que recibió Adán de Eva, la fruta que cubrió de pecado a la humanidad. Y de ahí nació esa idea mamila de que ella tuvo la culpa y el pobrecito (puños) nada más cedió a la tentación.

 

Por eso las expresiones: “ella se embarazó”, “ella abrió las patas” y lo que implique obligar a otro a hacer idioteces atrayéndole con el olor a calzones húmedos.

negro.jpg

En esos primeros siglos horribles y presuntamente oscuros del cristianismo, después de la conversión del imperio romano, se cree que la sexualidad humana estaba acotada, pese a que la iglesia era bastante elitista y mandona. Sin embargo fue una de las eras más cogelonas y diversas, ya que lo mismo se metían entre parientes, debido a que dormían muy hacinados o tenían prácticas sexuales como la zoofilia e incluso la pederastia. Los niños y niñas no eran muy valiosos entonces y ya contaban con una suerte tremenda si llegaban a la pubertad.

Pero imagínense, aquell@s en el alegre fornicio nomás levantando enaguas y metiéndola, cuando de pronto la iglesia les adoctrina que el sexo y su ejercicio es algo que no debe gustarnos y que encima, sólo debe ser reproductivo. Aburrido…

El mayor error de San Agustín fue relegar a las mujeres como los hornos de la humanidad en grado subhumano y estupidizar a la gente diciéndole insensateces y hociconiés sobre la reproducción de las especies. Por ejemplo de que las moscas y las abejas se reproducían sin macho ni hembra y atribuyendo la generación espontánea a muchas entidades de la naturaleza.

Ya encuerándonos de la culpa cristiana, desoyendo el catecismo y fornicando como locas, tampoco se acabó el asunto. Porque luego viene la maternidad, y en ese capítulo, la iglesia sí metió muchos azotes culpígenos, que nos generaron maternidades y maternajes miedosos.

Nos vemos en las redes sociales en Ivaginaria.

 

El clon es el malo: elia.martinez.rodarte@gmail.com