Cuando dejas de ser la otra…(ash)

De amante a esposa

Sea éste mi regalito del día de las mujeres para mis vulvarinas amigas. Les voy a ofrendar una pequeña disección del cerebro masculino heterosexual para quienes están en esa dulce transición de amante o amiga oculta a esposa o novia oficial.

Ustedas amigas, se han convertido en esa pequeña estadística que logra quedarse con el tipo, después de esa férrea batalla contra esa brujer horrible que lo tenía amarrado al pobrecito. Además de la garantía de que, por esos cinco minutos de lucha, ya te quedaste con la gallina, existe otra posibilidad sobre esa relación: quizás te haga lo mismo a ti.

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Parece la sombra de una ave carroñera este pronóstico, pero si algo es inamovible es el germen de la infidelidad en todas las personas, quienes buscan reafirmación de su ego y emoción al estar picando sin concierto. Y temo decir además, que todo mundo jala, en algún momento, por alcohol o drogas, por caliente e ignorado e incluso por el puro placer del fornicio diferente.

Por eso no es nada extraño ver a las esposas y novias cuidando como al becerro de oro a su bato. Y no crean que andan venadeando al más guapo de la manada, sino más bien se lían con unas garras de viejos que, luego resultan muy verbosos y, si son feos y andan con una chulaza, de pronto se vuelven guapos y ligadores. Me desconciertan los seres humanos.

La que se convierte de amante a esposa permanecerá como la amante. La gente muerde una y otra vez la herida más vieja, y cuando se trata de “la otra” (ash…) que se vuelve la “nueva”, ostentará la etiqueta negativa por unos buenos años. Obviamente la esposa o novia abandonada será revictimizada por los siglos de los siglos, hasta convertirla en referente para los otros matrimonios o noviazgos tambaleantes. “No vaya a pasarle como a Ramiro y a Anita, cuando la dejó por aquella pelada”. Será también un tema de bullente chisme por un rato, hasta que caiga otro en su oficina con la cara inserta en el coño de su asistente o de su compañera de turno.

Una amante luego esposa debe de lidiar con la familia del susodicho, quizás ayudar en la crianza de algunas criaturas y llevar un hogar como se lo llevaba la otra que quedó en la antigua casa. Las nuevas mamis tendrán que parir ornitorrincos para soportar las conductas diversas de sus hijastros, empezando con diluir el estigma de que le diste vajilla a su mamacita.

(¿En serio pasar por todo ese trance de estar a la sombra para quedarte con un bato que ha engañado a todas antes haciendo una apuesta ridícula sobre la contención de su pene contra el inmenso amor que dice que te tiene como asumimos le dijo a las otras? Es un asunto de fe).

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Nosotras sabemos con certeza lo que va a pasar en una relación. Que nos hagamos tontas en aras del romance y coger, es otra cosa. Pero en la disección del cerebro masculino heterosexual que les prometí al principio, he descubierto que no importa el grado de educación o clase social, pero muchos hombres aún etiquetan a las mujeres por los roles y cualidades que ellas deben ostentar y asumir para ellos. Mamá: santa. Esposa: hijos. Novia: esposa. Amante: sexo. Amiga con derechos: fornicio. Por eso muchos utilizan todavía la arcaica expresión: a esa mujer no se le debe de tomar en serio. ¿Quién le otorgó a los batos el súper poder de etiquetarnos el culo en su taxonomía machista? Pues ellos mismos.

La amante y luego esposa fue por un tiempo para no tomarse en serio, pero ya saben cómo funciona el asunto: unas porfían. No me atrevería jamás a juzgar ni a señalar a ninguna mujer que esté ahora mamándosela al esposo o novio de otra. Pero que asuma la realidad, así como la esposa o novia engañada, que también saben que su cariñito anda mojando la brocha en otra pintura.

Además no entiendo cómo vivir en paz con un infiel, ahora en una situación “honesta”, si se le conoce por sus mañas de evasión y engaño. Dénse pues.

 

Mañosear: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

 

 

 

 

 

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