A celular abierto…

jajaja

La amenaza del celular

Todas las acciones que ejecutes con tu celular, como fotos, llamadas, mensajes o chats serán usadas en tu contra tarde o temprano. Aunque este adminículo de comunicación se encuentra entre nosotros desde hace tiempo, no hemos podido fijar un protocolo cortés y confiable para que podamos relacionarnos con la gente, sin que el cel afecte esta convivencia. En la vida de pareja el teléfono afecta muchísimo.

Estar con el culo, la oreja y las manos pegadas al celular es un vicio de muchas personas. Si ya es molesto estar una persona con la que conversas y sólo está mirando la pantalla del teléfono, imagínense la hecatombe mundial si ustedes le hacen eso a su amors. Administren su tiempo con humanos y accesorios de telefonía celular. La comunicación como sea tiene que fluir, pero cada vez que ustedes tiren al león a su pareja por estar usando el telefonito, será una piedra más para el montón, que pronto les serán arrojada.

El irse con el celular a una estancia aparte a hablar, o meterse al baño o a ducharse sin dejar el teléfono afuera, es una de las más sospechosas actividades que una persona en pareja puede realizar. A mí me pueden a venir con la letanía de que “hay es que yo le doy privacidad a mi marido/novia/compañer@”, pero como sea buscan la manera de escuchar la conversación o intentan revisar el contenido del aparato. Pongan más controles en su aparato, no permitan que aparezcan sus notificaciones en pantalla, asignen alertas especiales a sus movidas, cambien el nombre por algo menos comprometedor a su contacto “secreto” y aprovechen todas las formas en que la tecnología les brinda la oportunidad de reforzar su privacidad.

Con estos años usando el celular y conviviendo con toda clase de personas adictas a este tipo de comunicación, he aprendido sólo dos cosas: nuestro teléfono siempre será revisado, y quien jure que no checa el aparato de su pareja miente, porque si le toca que se activa un mensaje de su amors, seguro va a mirar a la pantalla: aunque sea de forma involuntaria. Y la otra es que no hay paranoia menor sobre el uso del cel: todo lo que uses será usado en tu contra, porque el que busca encuentra, aunque sea algo nimio.

Y ya ven luego esas parejas o compañer@s sentimentales que parecen computadoras: si ven un mensaje, rápido localizan en su mente qué pasaba ese día y hora del chat, cruzan datos, recuerdan cosas que ni estaban presentes en su memoria, y van juntando los puntos hasta que te cachan en una movida, falsa o verdadera.

El asunto de las fotos y videos en el celular van por su cuenta, porque desde que se pueden tomar imágenes con el teléfono, se transformó por completo la vida privada. Ahora tenemos en nuestro archivo fotos de genitalia propia y ajena, encuerad@s de toda índole, el video de aquella gran mamada en que te afanaste porque te estaban grabando, tus caras mientras alguien te forniciaba, y toda esa clase de momentos dizque íntimos, que pueden entrar en circulación en internet gracias al caco que te robe el aparato.

Hubo un sonado y extremo caso en Monterrey, de un hombre nefasto que perdió su celular. Alguien lo encontró. Se puso en contacto para entregarlo a su dueño. En lo que revisaba el contenido, encontró un video del tipejo violando a una menor, casi una bebé. Tras de eso se remitió el caso a las autoridades, mientras el violador pederasta intentaba un soborno para encubrir su delito horrible.

Las imágenes que contiene un celular son material íntimo y privado, y es urgente que mantengamos a raya lo que guardamos.

Ahora debemos estar al tanto de otras muchas cosas. Existen aplicaciones fáciles de conseguir y bajar para hackear conversaciones: por ejemplo, los mensajes que envía por wassap tu pareja o los que recibe, puedes recibirlos en tu celular. También el localizador GPS es una manera de estar visibles y localizables. Esas personas necias que a cada lado que llegan, registran que están ahí, son carne de persecución y temo decirlo, hasta de secuestro.

Nos vemos en las redes en @Ivaginaria.

Llamada perdida: elia.martinez.rodarte@gmail.com