Nadie escucha

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El extravagante acto de escuchar

De verdad os digo: yo jamás escucho a las personas mientras me dan direcciones, por eso cuando me están diciendo a dónde ir por lo general estoy en mode off.

No pongo atención. La gente habla su propio idioma cuando da indicaciones. Nada de: “avance 100 metros y gire a la derecha”. Más bien es: “mire llega al letrero del súper, lo rodea, luego encuentra unan callecita, que parece calle grande…” Ya mejor uso el Waze o no voy.

Cuando la gente no escucha o no está atenta, sea cual sea la razón, la mayoría de las veces se relaciona con un estadio de desinterés y hueva por lo que dice la otra persona, y a veces no es nada personal, sólo es bastante aburrido.

Pero por desgracia la mayoría de la gente es (somos) así. O está sorda y hay que repetirles las cosas. Existe un gran índice de problemas auditivos, el resultado de vivir en las junglas ruidosas.

Pero a la larga se vuelve un acto risible observar a las personas cuando no están escuchando o poniendo atención.

Nuestro compromiso por lo que dice el otr@ es tan pobre, que las conversaciones son olvidables fácilmente y son cosas que se desvanecen en el aire porque no pelamos.

Como es@ que siempre está atento a cada palabra que dices, hasta asiente y pone ojitos de reflexión intensa, pero en realidad está en el país del chocolate pensando qué es lo que quiere contestarte para lucirse.

En friega edita y adorna la anécdota, y cuando tú ya te echaste una aburridora, corta la perorata que te recetas y cuenta su hazaña. Lo cual es algo que ya contó antes mil veces. Estos que cuentan sus anécdotas mil veces (…) no sólo memorian pura basura que el mundo entero sabe, sino que no se escucha a sí mismo tras esos años de sobar la misma historia.

Al ser una sorda selectiva para las direcciones, en mi caso, asimimo existen otr@s personas que eligen hacerse los muertos cuando escuchan y su protección es el silencio.

Saben que la han esparcido toda, pero se mantienen estoic@s apretando un ovario o huevo, para según ellos, no avivar el fuego.

Típico: “Dime Ramiro, ¿por qué no me llamaste para decir que no llegabas?”

Y Ramiro en silencio absoluto ad náuseam, con el esfínter en tensión, apretado como si aguantara la respiración también por el culo.

Y temo decir que la no respuesta, en estos tiempos de tecnología y de malas relaciones, es peor a veces que la respuesta.

Dejen a su amorcito en visto por dos horas en el wassap o mensajería, y verán cómo se los cogen parados nomás los oteen.

Es@s son callados maléficos, porque creen que manipulando el silencio ya se les quitó la culpa y amainó la bronca. Su comportamiento de “no veo, no oigo, no respiro” es una de esas estrategias de sobrevivencia, como quien se tira al piso a fingirse muerto ante la presencia de la bestia. En este caso, cualquiera que le pida explicaciones.

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Pero nuestra comunicación verbal está nutrida de situaciones risibles y muy ridículas, como las que suscitan aquell@s que sólo hablan y hablan y viven para sus palabras y de pronto, un@ sólo quiere suicidarse. Cuando cualquiera aporta una idea a la conversación, el ente que habla y jamás escucha, sólo tomará una palabra clave del que osó a robarle tiempo aire, y seguirá abundando hasta que el mundo explote.

En esas situaciones la opción de la sordera y sordearse es la mejor. Me parece muy interesante también ese comentario machista y mamila sobre las mujeres y la forma de sus conversaciones. No es cierto que hablemos tan expansivo y bullanguero. También las maneras de comunicación entre las mujeres están cambiando, y quizás entre nosotras he notado más la aplicación al detalle y a escuchar más.

Aunque hace poco, le dije a una de mis mejores amigas: “si vamos a platicar no me saques al tema a EquisNombre”. Acto seguido me contesta en otro mensaje: “¿Y qué ha pasado con EquisNombre?” No sólo derribó el mito de que nadie escucha y pone atención en las conversaciones, sino que además lo hace por mensajería de internet, siendo una mujer supongamos atenta a lo que le platico. Y no es una crítica, sino una forma de divertirnos a su costa.

Pero el más controvertido es aquel que no te está escuchando porque te sabrosea. En ciertos casos está magnífico, pero al captar las lujureadas de un silencioso que no te gusta, es un momento guácala. Las mujeres cuando no están captando, porque nada más esperan a que se rinda la plaza, son sinuosas y creo que encantadoras. Como gatitas. Pero algunos señores se ponen en plan de baboseo, que no está nada chido, en especial cuando el alcohol los pone valientes. Así no.

Nos vemos en las redes sociales y en www.ivaginaria.wordpress.com

 

Oilagua: elia.martinez.rodarte@gmail.com