Desfilen falos gigantes

Fiesta del pene en Japón

Kanamara Matsuri es la fiesta del pene en Japón y se celebra casi paralelo a la pascua de occidente. Aunque la pachanga oficial es la primera semana de abril.

También se conmemora la fertilidad, por lo cual miles de personas acuden a poner oraciones en los templos shintoistas para recibir a un bebé sano. Nosotros occidentales, nos concentramos demasiado en que el fiestón es netamente para celebrar al falo, pero nunca pensamos que es la manguera por donde salen los pececillos.

Esta efeméride japonesa en verdad emociona, por la disponibilidad de la gente hacia el pene. Nadie lo ve con morbo. Comienza con una procesión de miembros gigantes, que van siguiendo los asistentes desde temprana hora en conmemoración de la enorme verga y sus potencias.

Tomemos en cuenta que los penes que van en procesión son enormes, más altos y gruesos que cualquier persona de peso normal, por lo que desfilan cargados por travestis.

Esta tradición empezó en la era medieval de Japón, y se dice que fue instaurada por una trabajadora sexual que llegó al templo a pedir una buena y segura noche de talón. Esto fue en el periodo Edo, que duró desde 1600 hasta bien entrado el siglo 19. En esos tiempos de la historia japonesa, fue cuando se afianzó quizás el carácter disciplinado y firme de los nipones, y también cuando los samuráis comenzaron a desbandarse y a cambiar de giro. No muchos aceptaron irse al campo o convertirse en simples mortales.

Entonces cada año en Kawasaki desde hace más de dos siglos se celebra al pene, y se reza y espera que produzca muchas criaturas sanas y sea lo menos ponzoñoso posible, para que no ande transmitiendo infecciones con sus fluidos.

La celebración del pene entonces es una procesión fálica comandada por un grupo de hombres travestidos que llevan tres esculturas gigantes de miembros. Estos penes hacen la delicia de tod@s, y allá no andan haciéndole gestos a una verga gigante: la gente va tras la genitalia respetuosamente, compran sus souvenirs en forma peneana, desde dulces hasta cualquier objeto que se pueda llevar de recuerdo.

L@s asistentes se regodean en la reata, nunca mejor dicho querido público, porque durante esa festividad, allá andarán chupando los glandes de sus paletas en forma de pene y se tomarán foto en los miembros gigantes de madera. Es una delicia ver cómo se montan, la chupan, la persiguen, la observan y admiran…Todo normal, pero en japonés y en un día especial para dicho propósito.

Existe también un pene metálico en la festividad, que se dice conmemora la habilidad de un herrero medieval, quien diseñó un pene de fierro (¡un fierro de fierro, qué hermoso!) para poder introducirlo en una gentil damita quien por desgracia albergaba en el interior de su vagina, a un demonio dentudo y malvado que se comía los penes de los señores que querían darle un canco. Pero con el falo de acero, triunfo el coito y desde entonces se celebra la metálica metida.

Para que vean lo lejos que estamos de la mentalidad oriental, la verga japonesa conmemora algo que ni siquiera se relaciona con lo grande, ponedor, grueso, cabezón, ancho, lleno de venas, flaquito, largo…Esta fiesta cobra significado por los dones y gracias del falo como la fertilidad y su misión de aportar para la vida.

Por ello la fiesta es una profusión de penes que la gente pepena con alegría y sin morbo. Imagínense una celebración similar acá: sería un festejo paralelo a un concurso de albures. Aquí se respeta muy poco al pene y sólo se le utiliza para chistes chafos y para advertirle al compadre que no se le caiga el jabón. ¿Se han fijado todo el homoerotismo que existe en los albures?

Los orientales también le dan un sitio importante al pene, pero nunca con una connotación afrentosa como en occidente, sino como una vara de poder, preciada y valiosa. Le llaman cetro, caña, flauta o bastón de jade, y siempre se le ve como una joya. China, India y Japón le han dedicado un taberáculo de adoración.

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