Lesbianeando en mayo…

kusee

Lechugas y otras hortalizas

Siempre nos achacan a las mujeres heterosexuales una tendencia lesbiana a veces sobrevalorada, en especial porque existimos algunas que ya estamos muy engreídas con el falo, pero vivimos nuestros momentos lesbianos y ya ni modo. Es momento de que las más producidas acepten que lesbianean circunstancialmente.

Es una escena recurrente en la vida de las damas porque ya nadie se empacha por besuquearse con otra, ash…Lo cual es bastante normal, así que si tuviste tu crossover de fin de semana y terminaste embarrada del lipstick de tu comadre, allá tú. O si te andas enamorando de tus amigas pero luego te rajas y así. O si tuviste tu novia de verano y ahora te preguntas si quieres la del otoño o invierno…

Los momentos lesbianos de las mujeres bugas resultan ser uno de esos recuerdos en los cuales se toman como el chiste del desvarío en una borrachera, o bien se entierra en los anales de la historia negra de nuestra sexualidad.

Es una escena recurrente en la vida de las damas porque ya nadie se empacha por besuquearse con otra, ash…Lo cual es bastante normal, así que si tuviste tu crossover de fin de semana y terminaste embarrada del lipstick de tu comadre, allá tú. O si te andas enamorando de tus amigas pero luego te rajas y así. O si tuviste tu novia de verano y ahora te preguntas si quieres la del otoño o invierno…#Ivaginaria #ComprenElPeriódico #Metro @PeriodicoMetro

En la novela “Sin bragas” de Jack McLaughlin, Jean Dee, la protagonista, vive un largo romance con una mujer con quien compartió su casa y terminó sepultando esa memoria para hacer una “vida normal” en la heterosexualidad del sueño dorado norteamericano de los años cincuenta. Su esposo, años después, descubre esa relación porque Jean Dee atesoraba la braga usada de su amada. El marido la mata. Lo heterosexual sigue siendo la norma para muchas personas.

Sin embargo creo que la experiencia de mujer con mujer es una forma de conocer la naturaleza humana y darnos cuenta de lo cajetas que podemos resultar como entidades necesitadas de amor, romance, cariño, dulzura, sexo y muchas cosas más que son a veces necedades. Ash…

Las mujeres heterosexuales, o heteroflexibles, que incurren en relaciones con mujeres lesbianas o con otras bisexuales curiosas, obtienen uno de los mejores aprendizajes en las relaciones humanas, en especial porque las damas sí operamos con necesidades específicas que sólo podemos constatar y lamentar cuando estamos con otra mujer. Somos espejos de todas y de las otras que también somos.

En un taller reciente sobre erotismo y relaciones lésbicas, una de las conclusiones a las que llegamos, es que muchas mujeres se asustan cuando entablan relaciones románticas y sexuales con sus similaras, porque se dan cuenta de cómo somos en realidad.

Demandantes, necesitadas, mandonas, chantajistas, manipuladoras, chifladas, conchudas, tiernas, más sexuales…fueron algunos de los calificativos de mujeres señalando a mujeres con quienes se habían franeleado en una o varias ocasiones.

Les ponen muchos peros las morras a las morras, pero no conocí a ninguna que haya solamente forniciado una sola vez con una de sus puchas amistosas. Todas repitieron y no le hicieron caritas, pero luego se andan quejando, imitando los mismos patrones machistas y misóginos. La heterosexualidad es una construcción, pero las lesbianadas también.

Cualquier relación que establezcamos distinta a nuestra heterosexualidad, forzosamente es un constructo que debemos asimilar sin prejuicios si queremos disfrutarlo.

En el taller de erotismo y lesbiandad descubrimos también que las mujeres heterosexuales que incurren en su etapa lencha o lechuga, esperan ser tratadas en un rol femenino: es decir, que se cargan como con un bato: ven por mí, invítame la comida, págame esto y aquello, pasándose por la pudenda la equidad de género. ¿Quiere salir mija?: pague su parte de la cuenta. Salga con bato, morra o con silla etrusca.

Ahí es en donde el mundo lesbiano de las heteroflexibles se viene descuadrando, porque las mujeres heterosexuales lesbianeando ejecutan un protocolo machista del cual no se desafanan por comodidad. A todas nos encanta que nos inviten el trago, la traga y hasta lo que no corresponde que paguen. Somos sexistas involuntarias y además codas de facto. Si queremos igualdad y equidad debemos de pagar por ella.

Quien desee establecer una relación mujer con mujer, si es seria y sensata le auguro un éxito rotundo, si saben vivir bajo protocolos de sororidad. Las mujeres juntas en armonía hacemos cosas increíbles, pero cuando entran los conceptos románticos y machistas, es cuando la lesbianez se vuelve tan tóxica como una heterosexual, con todos esos vicios con los que hemos manchado la convicencia amorosa y sexual. Entre tanto, junten sus tapetes.

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Amigas con derechas: elia.martinez.rodarte@gmail.com