Cocteles y otros venenos…

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Hace unos días me preguntaron para una encuesta, que cuál era mi coctel preferido. Me pasé buen rato pensando, porque he tenido muchos cocteles adorados. ¿Por qué será esto? Porque somos parte de un país bien borracho, no ha de ser por otra cosa.

El alcohol en exceso se lleva pésimo con el sexo; luego un@ bebe y al día siguiente se entera de que estuvo bien rasposa la jarra por dos signos indiscutibles: no traes ropa puesta y quizás te duela un orificio que no recordabas que tenías.

Pero digamos que nos vamos a casa a encerrarnos la nochecita. Ninguno de los dos va a manejar (o los que vayan…). Y supongamos que todo lo que siga en la jornada será pura enjundia sexosa.

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Entonces quien quiera empezar un sexo bullicioso, medio locochón en cuestiones de atascadencias diversas, yo recomendaría un coctel con vodka. El vodka lo hizo el diablo para vengarse de unas trastadas que le hicieron unos rusos, y desde entonces muchos ruskis viven agarrados a la tella.

Pero nosotr@s que somos bien morigerados, beberemos sólo un coctel o dos para ambientar la antesala del sexo. Lo idóneo es que sea realizado con una medida de Absolut Vanilla, refresco Sprite y muchos hielos. Mezclar. Espolvorea azúcar encima de los hielos. Sino hay AbsolutV, cualquier vodka, ash, pero el chiste es que también sepa a vainilla. Es una especie exótica y el chesco es burbujeante. ¡Ñam! La combinación es muy dulce, ergo alcohólica, entonces cachondeadora y luego intoxicante.

Todos estos ingredientes nos dan como resultado un sexo lento, exploratorio, y tardado para el coito. Es pura sabrosura de las estepas siberianas hasta nuestras camas. Sino de perdido se pueden imaginar que lo hacen con un ruso, o rusa, o les inspire una ídem.

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Supongamos que no andan de ánimo vodkero, pero sí tequilero. Nos estamos entendiendo. Nunca mejor que una medida de tequila Centenario Plateado con refresco Kas rosado. Le ponen muchos hielos a un vaso y sirven. Mezclar. Encima de los hielitos agregan chile piquín en polvo. Además de ser muy alcohólico, es burbujoso.

Las burbujas en una bebida embriagante provocan alegría. Igual que cuando un@ bebe champán: es cómo sellar el amor: uno sabe cómo empieza esa felicidad, pero no sabe cómo va a terminar. El tequila es nuestro, entonces, acorde a nuestro bullanguero organismo.

Si no se me prenden del coctel, el sexo tequilero será jocoso, perversón, con mucha plática mientras el coito y seguramente un fornicio bailador que los tire de la cama.

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Es como hacer el jarabe tapatío pero sin los trajes incómodos. Pero que nadie diga,  que para el sexo coctelero despreciamos a nuestros hermanos caribeños que nos han regalado el oro de los destilados tropicales. Entonces mojitos.

Éste es pura sabrosura porque antes de beberlo dan ganas de bailar, y como todos sabemos, el baile es una forma de sexo vertical. En un vasito ponen unas hojitas de menta (yerbabuena, eucalipto…hagamos una mexicanada), una rodaja de limón muy delgada pero jugosa y una cucharada de azúcar. Muelan con tenedor, la punta del palote de las tortillas (no me digan que no palotean sus testalitos, ash…), o con algo que pueda triturar y mezclar las hojas, el limón y la azuquita. Hecha la maldad, viene el ron (del que más les guste…), un bonche de hielos y agua mineral o tónica. Mezclar. En lo que sirven y mezclan, ya están bebiendo encuerados y a fornicar como si estuvieran en la playita, sin la incomodidad de la invasiva arena que se apodera de nuestra pudenda.

 

Dos de cualquiera de éstos brebajes y les apuesto que la piel acaba siendo suyita desde el tercer trago, o les devuelvo sus besos.

Garantizado. Jarabe para la tos y whisky: ivaginaria@reforma.com