Pornostalgia…

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La puñeta del ayer…

¿Cuánto ha cambiado la forma de masturbarse en comparación a hace 10, 20 ó 30 años? Y la manera en cómo ejecuta la gente su actividad sexual?

Uno de mis mejores amigos siempre me pone a reflexionar sobre las formas en las que nos hemos liado una y otra vez en toda clase de maromas pornográficas…No él y yo, sino toda la gente en el mundo que consume sexo virtual, pornografía, conversaciones calientes, y toda clase de mercantilismo sexoservidoresco…

Para empezar…¿a dónde quedaron las hot lines? La última vez que recuerdo que alguien me contó que se la puñeteó hasta desmayar en un teléfono hablando con una rubia sádica vestida con algo púrpura, fue cuando el dólar estaba a menos de 13 pesos.

Es decir, muchas centurias de horas de internet han pasado, para olvidar casi por completo al sexo telefónico, que ahora ha sido sustituido por el wassap, los chats, cualquier medio de mensajería para marranear casi en vivo, porque si nos ponemos en plan porno, seguramente transmitiremos algunas de nuestras guarradas postmilenials en vivo, con todo y aroma del calzón al aire…

Nunca mejor dicho.

La pornografía de las revistas como Hustler y Playboy, íconos fundacionales del softporno pos-moderno, resultan ser ahora montones de papel que a nadie le importan con señoras que no cachondean a nadie, ni siquiera cuando se abren como su fueran a parir a un canguro del tafanario.

Todo cae irremediablemente pero, aquellos días primitivos en los cuales las personan intentaban quemar sus revistas porno para que los mequecillos de sus primos o sobrinos o hijos no viesen a las encueradas, han sido enterrados y se ven igual que un pictograma egipcio de un faraón jalándosela.

No crean que este es uno de eso discursos mamilas de comparar los tiempos y épocas con el fin de determinar cuál fue mejor. Práctica aburrida de gente que nada más piensa en cuánto le va a crecer si dice esa mamilencia. Cada quien vive lo suyo, y si a nosotr@s adolescentes nos tocó explorar en el terreno aburrido de la pornografía mal hecha, así cogeremos probablemente. Eso sí, hay muchas generaciones, tribus y culturas que han asimilado lo mejor del porno, de lo cachondo y provocador.

Conozco a muchas personas que para jalársela, de adolescentuelos, nada más les bastaban menos de diez páginas del Libro Vaquero. Ahora la gran visibilidad del porno, en los adminículos portátiles y en cualquiera que ande en línea, trae a la pantalla a cada que se le ocurra, la calentura querer ver una genitalia pulsante: entonces eso será.

Nos preguntábamos: ¿habrá cambiado la forma de coger de las personas? ¿Su pornografía no les da suficiente técnica o motivación para hacer un pompeo de quebrar cadera? Hemos adormecido nuestros sentidos, como si nos empeñásemos en transformarlos en otros zombies: las hotlines apelaban al oído, a la imaginación y a la imaginaria sobada de culo que el que escuchaba, le iba a proporcionar a la sinuosa mujer al otro lado de la línea. Que más bien era una monumental dama que tejía mientras sodomizaba a un señor con su conversación al teléfono. Las revistas de señoras encueradas se han convertido en uno de esas publicaciones que alguna tribu humana convertirá en objeto de culto, lo cual celebro. Los nostálgicos, como en una conferencia de motoristas que me tocó escuchar hace poco, dirán: es que antes eran más cachondas, gua gua bla bla, y todas esas insensateces que dicen los hombres cuando no se les para. El porno se encuentran a la vuelta del click de cualquier computadora en el mundo…

No existe nada mejor o peor en el porno,  ni para los tiempos de cualquier puñeta, porque sin pornografias, morbo, cachondería, sexosidad, estrés, hacerse una masturbación nutritiva nunca pasará de moda. Es parte de la sexualidad humana y del reconocimiento del cuerpo.

Quiero agradecer con todo mi corazón a tod@s los (¡cientos y cientos!) adolescentes que me recibieron en sus secundarias en los municipios de Juárez, Guadalupe, Apodaca y Santa Catarina esta semana. Mi ciclo de talleres de derechos sexuales y reproductivos termina hoy. Estar cerca de ustedes me convirtió en un mejor ser humano.

 

No se la arranquen: elia.martinez.rodarte@gmail.com