Un grito en la noche…

Vecin@s que gritan…

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Nunca he escuchado a nadie gritar durante el fornicio a propósito, salvo las veces que alguien me lo ha hecho notar y me he puesto a fisgonear. Por lo general es un individuo que siempre anda con las antenas como receptor de radio, captando a las morras gimiendo y a los batos bufando. Sea en hoteles, casas, departamentos, baños de antros, en el sanitario de la gasolinería…en donde se pueda y acomode, gente puede estar cogiendo. Y anunciándolo al mundo.

Los ruidos del sexo son inconfundibles, adictivos y hasta excitantes o repulsivos

En un sitio en donde pasé un fin de semana, la gente de mi alrededor se quejó mucho de una pareja que gritaba mucho cuando estaba forniciando. Como duermo profundamente jamás me entero de nada alrededor, no escuché a nadie gimotear ni tampoco me hubiera importado darme cuenta.

Pero los demás, en voz baja, se mofaban de la forma en que ambos gritaban, nombraban, asqueroseaban, cómo se llamaban el uno al otro cuando se sentía que ya estaban al reviente.

Como era obligatorio escuchar a la noche siguiente el testimonio de los gritos, esperé hasta el primer aullido, que realmente no fue tan tarde.

Se estaban aventando uno de esos fornicios que suenan como choque de vísceras, y que son repulsivos, pero a la vez antojables y comunes. Era una pareja que no se limitaba a tentarse sino que también se anunciaba lo que venía: ambos eran muy ruidosos y bastante opinadores, pero se daban la cortesía de hablar el uno y luego la otra.

vecinos que gritan

Es una de las formas de coger más interesantes que he presenciado, aunque fuera por el sentido del oído, porque en su manera de complacerse sexualmente también estaba la excitación oral, de ambos, y en ello un poco de exhibicionismo. Es claro que ell@s sabían que estaban escuchándoles afuera los demás huéspedes. Me parecieron sucios, pero divertidos.

Pero sí existen casos reales en los que por ejemplo, si las criaturas escuchan a una pareja gritando mientras fornicia, hay que contestar preguntas y no hacerse ueyes. Los actos normalizados del amor y el erotismo, son de nuestra cotidianeidad, se relacionan con el afecto y el respeto al cuerpo. No guarden silencio convirtiendo el algo cochino el asunto.

Cualquier persona que viva en un ámbito familiar en donde hay padre y madre que mantienen actividad sexual, sabrá de las manifestaciones del fornicio y por lo tanto son comunes, pero objeto de morbo.

No sé hasta qué punto sea políticamente correcto ir a callar a una pareja que grita mucho, muy fuerte, o que se está poniendo obscena a la hora del pompeo. Es como sea, parte de la libertad de expresión a la que tenemos derecho como ciudadan@s, pero estas ostentaciones forniciatorias suelen ser un tanto mamilas o fingidas. O me remiten al porno y a mí mejor póngame mi porno en mudo, porque los gritos y gimoteos no me mojan.

Sin embargo es normal que sea un acto, o una simulación o una llamada de atención a algo que saben fingir muy bien. Y que hasta les cachondea. Ya he visto tantas formas en que la gente se calienta, que no me extraña nada. Más bien me entero que soy muy vainilla. Además ni qué fuera concurso de freaks del sexo.

Lo cortés y valiente al mismo tiempo, será llamar aparte a tu vecino, al que te dé más confianza y que grita más fuerte cuando coge, y avisarle que han escuchado que se la han pasado bien. Pero me sigue pareciendo un caso de intromisión.

Mi teoría sobre la escándala de la gritadera de los cogelones con bocina, es la envidia. La reverdecida sombra que no nos deja ver cómo los demás la están gozando bien sabroso. A la gente le encanta que le anuncies que eres miserable y sufriente…Pero si les presumes que te están poniendo hasta romper la cama, un extraño gesto, una cara de “ayñ…esta vieja caliente”, nubla a las personas. Alegrémonos de que los demás follen y se refocilen a gusto. De eso está también fundamentada la paz del mundo.

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Maullar: elia.martinez.rodarte@gmail.com