La vieja tradición de matar y aventar cuerpos femeninos…

Creyó que estaba muerta

En enero de 1977, Edgar Contreras Martínez, casado, 30 años, ejecutivo de ventas, mató a Laura Millet y trató liquidar a la hermana de ésta, Elda. Intentó violarla. Todo le salió mal. Ni siquiera alcanzó bien una erección, cuentan algunas versiones maliciosas en línea. Las golpeó, ató y balaceó. Las abandonó desnudas en un predio cercano al aeropuerto de Monterrey.  Elda sobrevivió y acusó. El tipo la creyó muerta luego de dispararle. Edgar se va a Estados Unidos, lo extraditan y cumple con su condena.

Eso fue en los setenta cuando todavía la ciudad regiomontana era, dicen las crónicas del crimen, un sitio inocente, semiprovinciano y no tan prolífico en violencia extrema.

La historia de ese crimen sigue asombrándome, desde que Pedro de Isla, escritor regiomontano y apreciable amigo, me la semblanteó una sinopsis, que luego se transformó en un andamiaje literario. Escribir sobre ese trágico hecho, no sólo fue un tema central en muchas de nuestras conversaciones, sino un suceso referencial en la violencia de género.

Un feminicidio como el perpetrado por Edgar Contreras fue un acto de sadismo: los crímenes violentos y virulentos en contra de mujeres en México, son ejecutados con una sorpresiva saña, ira, odio…

Es decir, la matan, la rematan, le cortan la cabeza, le prenden fuego, la machetean, la cortan, las esconden en agujeros indignos. Así es ahora y es muy visible. Casi podríamos decir que el atroz feminicidio de los setentas, era como un atisbo premonitorio de lo que sucedería después: un montón de señores iracundos,violentos, asesinos potenciales, feminicidas en ciernes.

Pedro de Isla narra en su novela “Los andamiajes del miedo”, una descripción puntual y morbosa de la mente de un asesino, cuyas motivaciones radican en actitudes muy arraigadas en el machismo y la misoginia en México. El feminicida las levantó de una discoteca regiomontana, se las llevó del sitio, las atacó y lo demás es una historia intensa en la que resalta el mensaje purulento de la sociedad de Monterrey de aquella (y todas las épocas), justificando la conducta del asesino: ¿qué hacían esas muchachas, hermanas, nativas de Yucatán, estudiantes foráneas, a altas horas de la noche con un señor casado?

Todo lo que acontece después de que sobrevive una de las hermanas atacadas, Elda, fue un circo espantoso tras el cual las identidades de los implicados se diluyeron en el olvido: las versiones de los destinos de los protagonistas se complicaron o falsearon y el arribo de nuevos y más violentos crímenes, feminicidios y escándalos, ocultó el caso de las hermanas Millet y su trágica historia a manos de un hombre regiomontano.

En la novela de Pedro una de las aportaciones más valiosas, es la forma en que él domina la mente del asesino, traduciendo a la realidad el verdadero monstruo que fue el tipo. Fue la peor pesadilla de cualquier morra: golpeó a las secuestradas, las manoseó, ató, amenazó con una pistola, arrastró y a la que mató, lo hizo por estrangulamiento, una de las formas más íntimas y personales de matar, si así se le puede llamar a una atrocidad en la cual la empatía hacia otro ser humano desaparece.

La sociedad regiomontana, que en ocasiones se las gasta para juzgar a sus torturados con gran saña también, condenaron a las muchacha como unas putas trasnochadas de mala fama, en un extravagante giro del seguimiento de esa tragedia: las mujeres no salen de noche con tipos, a emborracharse, menos si son casados, sin la presencia de su madre cerca para vigilarlas. Un cúmulo de difamaciones espantosas rodearon a las hermanas Millet, quienes además de sufrir el linchamiento regio, padecieron un acoso mediático.

Recordar historias así, no es una cosa de nostalgia, sino la confirmación que este país no ha cambiado un ápice en 40 años: sigue lleno de batos machistas, mujeres misóginas, tipejos violentos que creen que pueden poseer a cualquier mujer, personas que replican la violencia de género y hasta llegan a justificar un feminicidio: “porque andaba de puta”, “se viste de zorra”, “ella lo provocó y estuvo tomando” y muchas otras condenas ciegas, que perpetuarán ese odio hacia las mujeres.

Nos vemos en las redes sociales y en mi página http://www.ivaginaria.wordpress.com

 

Ahora no salí de bruja: elia.martinez.rodarte@gmail.com

Un comentario en “La vieja tradición de matar y aventar cuerpos femeninos…

  1. Elia martinez .ola me da gusto saludarte,leo tu pagina pero esta vez me sorprendio y me dio gusto que hablaras de edgar,ese caso tan sonado,creo que tu eras una beba cuando eso paso pero el hecho de mencionarlo,de alguna manera siento un poco de justicia,soy mujer y me hermano de alguna forma con esas chicas,quisiera decir tantas cosas respecto de eso yo lei en su momento todo el caso ( y como cambiaron ) todo a su favor.gracias porque al hablar de eso das un poco de justicia a esas personas que nadie apoyo.saludos felly.

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