Portame il burro…

tangas

Lubrica con mantequilla

“El último tango en París” es una de esas películas que cualquier calenturient@ te va a decir que veas para que se te ponga dura, porque el sexo es muy explícito y brutal, siendo lo bruto la parte intensa: existe una gran población de mujeres y hombres que asumen como normal, e incluso excitante, la violencia en el sexo, como un arrebato de pasión inusitado.

En la citada película existe una escena de un “coito” por detrás y un masaje manual a la zona anal o vaginal, ejecutado por Marlon Brando a María Schneider, “Paul” y “Jeanne”, en la cinta.

Ese momento de la película es la ya muy famosa “escena de la mantequilla”. Brando lubrica a Schneider con mantequilla y luego la penetra con fuerza, por detrás, inmovilizándola con todo su enorme cuerpo. Ella sólo gritó y se defendió poco: de antemano sabía que estaba desvalida.

El problema con esta escena es que el coito o la violación fueron reales, haya sido con pene, dedo, con o sin mantequilla. Antes de filmarla, Marlon Brando, el protagonista y Bernardo Bertolucci, el director de la cinta, acordaron escenificar sexo real y poner el aditivo de la mantequilla, sin avisarle a la actriz.

Así era de ocurrente, dijo en una entrevista Vittorio Storaro, el fotógrafo de la película, quien asegura ofendido que no hubo ninguna violación. Puede ser, pero a él no le metió el dedo Marlo Brando, entonces está de dudarse…

pelos

Más tarde, en una escandalosa entrevista publicada por El mundo de Alycia, Bertolucci aseguró que le ocultaron a María Schneider la intención de hacer el coito real, para poder captar el instante genuino de una humillación y de dolor. Confesó un asalto sexual del cual él fue cómplice. La actriz, de 19 años entonces, tuvo un desenlace un tanto trágico: drogas, intentos de suicidio y muere de cáncer a los 58. El director se quejaba de que era terrible que ella haya muerto odiándolo…

Otras versiones suavizan el ataque sexual, al establecer que la actriz sí tenía conocimiento sobre la violación de la que iba a ser víctima su personaje. Pero debates van y vienen, y nadie se ha fijado con qué enjundia le pone Brando la mantequilla a esa santa mujer con el dedo, a quien, digamos, no violó, pero de que le metió el dedo hasta el hipotálamo, es una realidad y está en filme.

Como haya sido, es un hecho la transgresión y violación sexual hacia la actriz Schneider, quien no creo que haya tenido muchos arrestos para denunciar a Brando y a Bertolucci, quienes eran unos idolillos machos de los locos setenta. Lo hizo hasta 2007.

Hace poco se armó el debate y la denuncia con este caso, porque don Bertolucci aparece en la entrevista descosiendo toda la verdad: quería ser hiperrealista y ver a la mujer siendo humillada y sometida de verdad.

El director ni siquiera sabe porqué se ha armado tanta polémica y entiendo perfectamente la razón. El es un hombre de otro siglo y de una empolvada antigüedad: lo perdimos. Ni siquiera creo que asunte en que violó los derechos de una mujer. Y aunque sea un genio maestro de la cinematografía mundial, no deja de ser un pervertido que busca sus pares y filma una escena que provoca el asalto sexual hacia una mujer, de la cual, como director y creador, él es responsable. Brando, igualmente, es un creador genial de personajes, pero lo puerca nadie se lo quita.

“El último tango en París” (1972) es sin duda una de las películas transgresoras del cine setentero, en el cual hubo mucho sexo explícito, duro y audaz; en 1975 se filmó “Bilitis” una película de David Hamilton, en la cual las actrices son menores casi todas y las que no lo eran, parecían. Salían desnudas y en escenas eróticas, recreando una adaptación libre y aburrida de una novela “Les chansons de Bilitis” de Pierre Louys.

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En 1976 se realizó “El imperio de los sentidos” con escenas de sexo real bien filmado y forniciado, y es un filme aún prohibido en muchos países, empezando por Japón. En 1979 se estrenó “Calígula”, una de las más fieles estampas de la vida romana de los deíficos emperadores, que se tiraban a todo y por todo.

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La libertad sexual de los setenta, quizás alejó la mirada de la normalización de la violencia. Eso fue hace más de 40 años y sigue igual.

Pixie: elia.martinez.rodarte@gmail.com

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