Piropo: ¿por qué no quiero que me evalúen el tafanario?

Esta columna se publicó el lunes, no se trata de revictimizar, sino de poner en claro una situación que nos afecta a todas.

Piropo y cárcel

Un taxista fue denunciado y encarcelado por acosar en la calle a una mujer, que se atrevió a a llevar el caso hasta las últimas consecuencias. El penalizado es un hombre que le gritó: “guapa” a la ofendida, que procedió en su contra. Este suceso forma parte importante de la evolución de una sociedad que necesita mayor respeto hacia las mujeres. Es el inicio de un enorme desaprendizaje que va bastante lento: ¿por qué los hombres deben estar tasando el sabor de las nalgas de las mujeres, criticando su cuerpo o sabroseándolo y transgrediendo el espacio privado de una?

Es urgente que tiremos abajo la idea del piropo y “las flores” que echan en la calle los señores y batillos de todas las edades, porque es una agresión. Lo natural es que ellos se defiendan, como se defendió el taxista cuando ya estaba apañado y exhibido, nada más por jocoso, porque ni siquiera había tono calenturiento: sólo era el bufido de uno que quiere ser juez de certamen de belleza mientras ruletea.

El argumento es que nosotras, desagradecidas, no apreciamos el valor del piropo que nos aprueba, nos ensalza y nos valora. ¿Para qué quiero yo que un viejo grasiento diga que mis nalgas están sabrosas? Eso ya lo sé. ¿Necesita una señora saber que es deseable sólo porque se lo dice un peladillo de cuarta? Pues quizás no, pero debería se apreciarse a sí misma, cualquier mujer. No lo necesitamos.

Esto en el maravilloso caso que no sea una de esas emanaciones flatulentas de amenaza de violación, sexo, cogida violenta, como hacen muchos hombres que se empoderan con ello. Creen que les crece cuando son amenazantes.

En mi tierna adolescencia, mis amigas y yo hacíamos ejercicio en la Alameda cada mañana, y un señor a quien llamaremos Marrufo, nos decía una letanía de groserías gruesas sobre violación: nunca nos imaginamos que ese viejo sucio era el abuelo de una de nuestras compañeras. Nos aterraba.

Nosotras no sabíamos si el vejete verde iba a hacer realidad sus amenazas o si nos iba a salir por las veredas. Era un anciano lujurioso que sólo arrastraba su triste humanidad, pero aún tenía los arrestos para atosigarnos, a nosotras casi niñas, hasta echarnos del sitio prácticamente por el miedo a ese hombre horrible.

Este hombre añoso toda su vida había tratado a las mujeres como nalgas y aún poseía las fuerzas para salir a acosar y a aterrorizar niñas. Era un pedófilo.

Desde entonces aprendimos que atravesar un campo minado de hombres o junto a cualquier tipo de aspecto paternal, no era garantía de evitar el acoso, los piropos de cualquier índole y la incomodidad en un tránsito que debiese ser libre y seguro para las mujeres.

La reacción de los hombres hacia la prohibición de emitir un piropo, la de molestia ante la falta de agradecimiento de una mujer hacia las loas, es una respuesta machista y misógina.

No apelamos a ese escenario de decirles a los piropeadores: “¿qué tal si fuera tu mamá / hermana / hija / esposa / novia…?” porque las mujeres deben ser respetadas como un derecho elemental y fundacional de lo civilizado. Las etiquetas de la hermana, madre, prima de algún tipo, no añade ninguna valía, ni la menoscaba, sólo es otra mujer que merece respeto a su persona.

Las reacciones en internet hacia la mujer que denunció al taxista, son más virulentas y amenazantes: son hombres que no entienden que una mujer tenga la opción de denunciar a un tipo que no la respeta en su libre tránsito por la calle. Ella ha recibido amenazas de muerte, acoso sexual y un inusitado odio por parte de hombres y mujeres que aún tienen en su mente un constructo sucio sobre lo que debe ser el respeto hacia una persona.

Las mujeres tampoco debemos hacerlo, aunque nos parezca muy gracioso y sea una forma fácil para justificar la lagartonería innecesaria y también machista: no está chido que repliquemos las mismas conductas de asca de algunos señores irrespetuosos, mientras nos sabroseamos en voz alta o de forma agresiva con un tipo random de la calle.

Este va a ser un partido difícil y largo: necesitamos otra dosis de respeto.

 

Tamara: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

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4 comentarios en “Piropo: ¿por qué no quiero que me evalúen el tafanario?

  1. Entiendo la razon por la que la mujer denunció al hombre, aunque haya sido una simple “guapa”, pero creo que lo que ofendió a los “machitos” fue el hecho de que, encima de denunciar al hombre, lo presumiera en las redes sociales como si hubiera agarrado un marlín y se tomara fotos con él (o como cuando sale uno de esos tipos mataperros que aun se graba haciendo un acto tan infame). Una cosa es que las mujeres exijan respeto de los hombres y eso queda claro, pero también creo que ella literalmente se vió muy mal presumiendo su “buena acción”, como Alguien dijo por ahi “que no sepa tu mano izquierda lo que hiciste con la derecha..”

    • Creo que confundes un poco el mensaje de Mateo 6:3…No creo que ella haya “presumido” nada, sólo ejerció su derecho de denunciar algo que consideró como invasivo y violento, haya sido “guapa” hasta un equis “tsss tsss” (aparentemente inofensivo). Esta es una cuestión de territorio esta de los piropos: los hombres quieren mear alrededor de una mujer, y ellas todo el derecho de esquivar y asquearse del chorro. Así es de elemental.

  2. Yo creo que tu también confundes un poco a Mateo y a Sor Juana, el decirle guapa a una mujer no es tasar el sabor de sus nalgas, es verdad que no tenemos porque molestarlas de ninguna manera y la denuncia fue por acoso no por ofensa.
    Y no, nadie necesita que un viejo grasiento o joven fresco les diga que están o se ven de X manera y ni mucho menos un peladillo de cuarto o un peladillo de primera con corbata y bien bañadito manejando un mercedes benz.
    Así como hay hombres que les gusta piropear o florear a las mujeres, hay mujeres que no les molesta que les digan algo tan normal como un: “Que guapa te ves hoy” (ya si ella entiende otra cosa entonces si hay que evitarla y recomendarle un psicólogo)
    Si alguien en la calle le dice guapa a alguien de mi familia no creo que pase algo mientras lo ignore, ya que si la ofende de otra manera entonces si tendrá que defenderse de la manera que sea necesaria.

  3. No creo estar confundida cuando se trata de respetar y hacer respetar el espacio ajeno. Por supuesto que hay mujeres que no les molesta e incluso que creen que así debe ser. Pero no estoy de acuerdo, ni este es un espacio para cambiar los constructos tuyos ni de nadie. En sí no entiendo tu punto, pero gracias por opinar 🙂

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