Reset…

…como mis anécdotas son sólo zapatos gastados, seguiré caminando. Respecto a la columna del vino, un lector me envió una canción de Alberto Cortez, cuya letra es muy hermosa y vera.

"Sí señor... el vino puede sacar
cosas que el hombre se calla;
que deberían salir
cuando el hombre bebe agua.

Va buscando, pecho adentro,
por los silencios del alma
y les va poniendo voces
y los va haciendo palabras.

A veces saca una pena,
que por ser pena, es amarga;
sobre su palco de fuego,
la pone a bailar descalza.

(El vino)

A Alberto Cortez lo vi tres veces en mi vida: una en concierto, otra en casa de un escritor en CDMX y en la rueda de prensa previa a la presentación o disco o realmente no recuerdo.

Por alguna razón a los cantautores les preguntaba si leían poesía, o si se sentían apegados a cierto autor, y por lo general la mayoría de los cantantuchos, en especial los nuevos, eran casi analfabetas o farsantes, como aquel italianucho ridículo que se creía heredero de los poetas latinos o el mismo Arjona, que creo que apenas hablaba español cuando llegó a este país.

Alberto Cortez en la rueda de prensa, me contestó que sí, en efecto, el era un poeta y eso le permitía “hablar con las flores, con las estrellas y con usted…”. Yo tenía 19 años y nadie me había dicho ni la palabra usted ni flores ni estrellas en la misma oración. Me quedé muy impactada. Yo sabía y estaba en ese taloneo porque conocía las posibilidades del poder del lenguaje, que por cierto, no domino ninguna, pero escuché a Cortez y sólo vi al árbol cortés, como el mismo se denomina, ejerciendo la postestad en las palabras más simples del universo. Las reporteras hicieron awwww, los reporteros risas nerviosas y continuó la rueda de prensa en la realidad. Lo primero que hice al llegar al periódico fue hacérsela de pedo a mi entonces novio, porque nunca me había dicho algo similar a lo que me acababa de decir Alberto Cortez. Como hice igual cuando escuché a Pablo Milanés, a Gonzalo Rojas, a Ledo Ivo y otros rockstars con los correspondientes novios. No supo ni sabrá de qué hablaba yo en aquel entonces.

En ese momento entendí otro de los súper poderes de las palabras y también de los poetas, y años más tarde, de los presuntos poetas…

Lo que más me decepciona es que tras ese shot de heroína a mis venas con ese momento Cortez, no recuerdo haber sentido el impacto de unas palabras simples y elementales como aquella vez. Seguro que el rigor de la primera ocasión en todo, que determina las cosas como signadas por fuego, me ha desgastado la capacidad de sorpresa. Creo que nunca me he vuelto siquiera a fijar en ello.

La poesía me parecía un escenario imposible de muchas dimensiones, que sólo requería el léxico elemental y el silencio para darle vida a las cosas.

 

 

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