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Nunca había visto a un francés tan enojado desde que el dueño de una panadería local estaba regañando a su mesero porque no lo dejó ligar con una señora con la que estaba platicando…por eso el partido de ayer, la final de Tigres y Chivas, pasó sin novedad como la tormenta de la madrugada, que les cayó como amor líquido a mis plantas…

Ayer escribí sobre el suicidio, y siempre me sucede con estos temas, que no los agarro por ningún lado mientras quiero asirlo por todos…Pasa lo mismo con la pedofilia o el trabajo sexual: salta un ángulo que es tremendo, que hay que darle más repasadas y repensadas del contenido, en ciertos casos cuál es mi postura…Y en el caso del suicidio y el ejemplo Sylvia Plath, la postura del siglo pasado fue odiar a Ted Hughes.

Yo sigo mirándolo como la mierda que pintan que fue: misógino y machista, agresor de bajo impacto, de esos que saben domesticar a sus morras para que ellas mismas se echen la culpa de todo y hasta lo defiendan y muy infiel y con lo más imperdonable de la infidelidad: que no sepan serlo y sean paletas, exhibicionistas y torpes. Ni un palíndromo dentro de la línea supo escribir. Es un gran poeta eso sí.

Desde que el asunto Hughes-Plath se convirtió en el caso McCoy versus Heathfield de las postvanguardias gringas, ha mutado de telenovela a leyenda negra todo lo relativo sobre el suicidio de Plath, Assia Weille (y el infanticidio que cometió cuando se mató junto con Shura Hughes, la hija de ambos) y ya en este milenio, el deceso de Nicholas Hughes, hijo de Sylvia y Ted.

Todo se ha escrito sobre esas muertes en la literatura. Sobre la incidencia de la mancha suicida en la obra de todes ellos, pasando por la banda alternativa a ese club maldito, como lo es Anne Sexton, hermana de Plath en floración poética y en ideas suicidas. Las conversaciones y asegunes sobre quitarse la vida parecían una plática de ñoras dandose recetas, en este caso, en el nido de la morbidez y de los tragos entre ellas, aparecía la grandiosa idea de por fin estar en paz. El suicidio es el ajax de la depresión.

La pregunta más lógica que las mujeres y batos plantean a la primera es: ¿por qué no pensó en sus hij@s? El primer acuse del rol: la madre que abandona el nido literalmente, cuando se le va el bato. La madre fallida, la amante abandonada, la esposa a punto de divorciarse. Muchas etiquetas y estigmas para una mujer que quería imitar a Yeats en obra y vida.

Estaba peor el jale que le iba a tocar a la amante Assia: acabar de criar a los huérfanos de Plath, esposa del viudo con quien se acuesta. No es nada sorpresivo que imitara a Plath usando el gas suicida. Matar a Shura Hughes, su pequeña hija, fue demasiado. Hughes no mató a nadie, no abrió ninguna llave de gas ni le hizo el nudo a ninguna soga. El sólo fue un cuchillo.

Trabajo en un texto sobre VIH y amigues seropositivos…Contrariamente a lo anterior, me ha dado una visión de esperanza ante las cosas dolorosas que siempre significaron el VIH-Sida. Antes era una máscara de muerte y de ignorancia, todo sobre el asunto vih-sida era oscuro como si habláramos de una peste medieval que sólo llevaban y traían los gays…En ese pozo de ignorancia se fueron muchos compadres y nuestro recuerdo de ellos, hasta antes de la era de la enmicación.

 

 

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