Chatterley

Pornoerotismo literario

Ninguna imagen pornográfica en el mundo le ganará jamás a nuestra atascada imaginación. Quizás sí haya un@ más cochino y atrevido, y alguien con más recursos obscenos: pero lo que cada un@ siente con lo que se inventa y se elabora, es único e irrepetible.

Por ejemplo, no es lo mismo la cachondería que se experimenta al ver una imagen porno en una película o en internet, que lo que se siente cuando se lee un libro. Porque los sentidos están involucrados de manera diferente: cuando vemos, creemos que “sentimos” en todo el cuerpo, porque el lenguaje visual nos lo oferta: ¿pero qué pasaría si sólo estuviéramos “oliendo” el acto sexual o escuchándolo? Sin ver.

Entonces cuando uno lee literatura cachonda, los sentidos se ponen alertas, enloquecen y nos hacen experimentar cosas distintas, más sensuales y sensoriales. Se siente más sabroso y la excitación proviene del mero epicentro de nuestro relleno cremosito. Es imposible no calentarse. Mi querido Samuel Noyola, poeta y desaparecido, sin querer me ayudó a seleccionar algunas de las novelas cachondas que les recomiendo ahora, porque era las que leía en el baño para jalársela. Así era de romántico.

Por ejemplo, “El amante de Lady Chatterley” del autor inglés D. H. Lawrence, que es un clásico del erotismo en la literatura. Todo el libro está lleno de sensualidad, de una ansia extraña, como si fuera una de esas erecciones que va y viene pero que no se decide a rendirse. La novela está plena de olores, tonos y de texturas de la naturaleza, del sonido del agua y de las manifestaciones de la luz y de la tierra, y de los cogidones que le daba el leñador y guardabosques a Constance, la infiel protagonista, que no llenaba de tronco, y debía fletarse además al marido enfermo e impedido, ígnaro de aquella situación. De esa novela aprendemos tres básicos para el fornicio: es buena idea ir a forniciar sin llevar ropa interior, para agilizar el proceso. No hay que alucinar sobre qué significa el sexo. Sólo es sexo normal entre dos personas normales e infieles. Y quizás el mensaje principal en cuanto a erotismo, es que, al ejecutar el acto sexual, nuestra percepción del cuerpo del otr@ cambia. No es lo mismo sabrosearse unas nalgas de lejos y luego tocarlas: no necesariamente empatan las sensaciones.

La literatura pornoerótica nos remite asimismo al Marqués de Sade, pero la verdad yo me lo saltaría, porque su asunto no es erótico del todo, sino pornogore: le encanta la caca, las violaciones, comerse a la gente, y aunque respeto las parafilias de cada quien, me parece un poco indigesto; el fornicio literario que prefiero es el que se remite a las sensaciones más intensas, espirituales quizás, pero profundas y mejores, para orgasmos más luminosos en la mente. Igual está Leopold von Sacher Masoch, el del masoquismo. Puro canco mala onda sin deberla ni temerla, sólo porque a una condesa loca le gusta beber sangre de doncellas.

Henry Miller, el novelista estadounidense, puede aportar sensaciones que remueven los dentros y mojan las bragas cuando lo leemos, y quizás ayuda su estatus de pequeño patanzuelo. En “Sexus” (la primera de una trilogía), el protagonista está enamorado de la vieja loca que se llama Mara, pero entre tanto se la pasa manoseando a cualquier incauta que aparezca en su camino, en un viaje sexual y sensual de mucha experimentación. Es cachondo y calenturiento al narrar, de mucho detalle y fiereza en los actos eróticos.

Si midiéramos en un eyaculómetro estas novelas, recomendaría primero “El amante del Lady Chatterley”, “Justine” (de Sade que es más erótica que porno), “Sexus”, “Historia de O” de Pauline Réage (que me encanta porque va directo al fornicio, casi sin encuerarse, al iniciar la historia), “Las edades de Lulú” de Almudena Grandes, que narra un desmecatamiento sexual muy humedecedor sobre una morra que se abandona al goce y a los rigores del falo. Y en las historias homopornoeróticas, no está demás leer a Luis Zapata con su “La más fuerte pasión”. Bragas húmedas garantizadas.

De las escritoras analizaremos pronto su intenseo, porque su sensibilidad erótica va más allá del sexo, y se clavan más en los clavable.

 

Viva la matria: elia.martinez.rodarte@gmail.com

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