Todas las guerras, hasta el amor, llevan a Maquiavelo…

en listo.jpgMaquiavelo y el sexo

Niccolò Machiavelli o Nicolás Maquiavelo legó su nombre a su teoría filosófica y práctica del ejercicio político como consejero durante el renacimiento. No importa que aquello haya sucedido ha centurias: lo que él reflexionó sobre el poder y control en la política, se puede ejecutar en el fornicio, en la sexualidad, en el amor, en el romance y derivados.

Cada acción que ejecutamos a favor de nuestra genitalia o de alguna relación amorosa o afectiva en nuestra vida, es producto de una serie de maquiavelismos que planeamos antes de llevarnos a alguien a terreno, cantarle un tiro fogoso o simplemente ver la forma de cómo se enamora de nosotr@s, a base de pura maña sucia. Ya no conozco a nadie que le tire el lazo a un@ sin truco.

Maquiavelar significa en lo cotidiano, una acción de estrategia y pensamiento previo a realizar alguna cosa, sea legal o ilegal. Maquiavelo fue un asesor político en tiempo de guerras, ergo se dedicó a estudiar las mañas de los seres humanos para encontrar su punto débil y manipularles. Todos maquiavelamos a cada momento, porque continuamente estamos planeando cómo obtener lo que deseamos con los recursos que poseemos.

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Nicolás, nacido el 3 de mayo de 1469, no era tan maquiavélico para el sexo, y según cuenta a  su amigo Luigi Guicciardini en una crónica sobre una experiencia sexual que tuvo, andaba tan ganoso que se tiró entre las sombras de un callejón, a una mujer en ruinas: sin dientes, sin pelo, habitada de piojos y liendres, que babeaba como fuente cuando Maquiavelo le aluzó la cara, nada más para darse cuenta de que se había cogido a un esperpento. Aunque el recopilador de esta crónica Gregorio Luri, en El blog de Ocata, asegura que quizás nuestro maquiavélico sólo estaba madreando a su compa. Otra biografía de Maquiavelo, del argentino Fernando Lucero Figueroa, cuenta que además de su esposa Marietta Corsini, tuvo amantes diversas: mujeres ordinarias y lejanas de las damas del poder que él admiró, como a Catarina Sforza, una de las mujeres guerreras de ese tiempo y su “dama de Forli”.

Las citas de Maquiavelo que conocemos emanan de sus muchas obras, siendo las más populares El príncipe y El Arte de la Guerra, sólo por mencionar las más conocidas: fue prolífico en libros.

El sexo es poder y la teoría maquiaveliana lo sustenta debido a que Maquiavelo separa la moral de la política, y es absolutamente pragmático en cuanto a lo que desea obtener.  Como cuando dice que “hay un doble placer en engañar al que engaña”: el sueño de todas las personas que buscan vengarse de quien les puso los cuernos.

La más terrible de sus sentencias y que se aplica perfectamente al fornicio, es cuando escribe: “Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos”, y eso se exhibe en los batos que siempre se avientan el hociconié sobre sus ejecuciones sexuales y nomás no rifan. No hay congruencia…

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Debido a que el empleo recurrente de Maquiavelo era el de asesor y perro policía de señores poderosos de Italia, sabía que habría de cuidar su propio poder. Por ello no se equivocaba cuando decía que “Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen…”, porque a quienes amamos están amarrados a nosotros y vapuleamos ese lazo. Manda quien quiere menos, y ese ejercicio del poder también estaba entre las consignas del filósofo, quien conocía a fondo la naturaleza humana. Y a la más venenosa, como es la de los humanos en el poder.

Nunca pareció un tipo osado en el amor o en el sexo, aunque él valoraba el arrojo de los hombres que se atrevían a conquistar mujeres, porque mostraban la misma lumbre que aupa la ambición por el dinero. Pero sabía proyectarse, ya que en otras de sus obras, podemos ver a Maquiavelo siendo realmente maquiavélico, como en la comedia La mandrágora en donde una personaja inventa una pócima para poder engañar a esposo, mientras consigue quién le ayude a producir un heredero, práctica muy común con tanto marido borracho impotente, en ese y todos los tiempos.

El fin justica los medios: también palabra de Maquiavelo.

 

Florencia 500 años: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

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