La mano de la censura: Juan Dabdoub

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El diablo adentro: Juan Dabdoub

Para que nos quede claro que en México es normal cachetear a la señora, vean lo que hizo el presidente de la Confederación Nacional de la Familia, Juan Dabdoub. Ese señor que se parece al jefe Diego, pero sin puro y con cara de perversillo. El agredió a una mujer en la cara cuando ella lo interrumpió mientras él se echaba un verbo sobre lo que ellos llaman “ideología de género”, qué básicamente es la ideología católica que discrimina a las personas que comprenden la diversidad sexual.

La mujer abordó a Dabdoub mientras éste daba una entrevista y al increparlo, el hombre manoteó y le tapó la boca, pero en eso se arma un zipizape, y él la agredió físicamente, así como ella a él le agredió verbalmente cuando intentó boicotear la entrevista.

Este es un pleito normal entre activistas, la confrontación, pero lo que no es normal ni debe ser normalizado es la violencia. La discusión entre opuestos es normal: pero tocarse no.

Cuando comentábamos en redes lo del golpe de Juan Dabdoub a la mujer, a mí me quedó claro que muchos machines quisieran haber hecho lo mismo.

Batos, se prenden. De verdad. Aguanten vara y enfríen sus cojones antes de levantar la mano, porque cualquier golpe, cambia sus vidas para siempre. Hace poco en Saltillo, una de mis ciudades-casa, la poeta Esther García fue golpeada por su exesposo y padre de sus hijos, Alberto Silva. El bato es chido, conocido de mucha gente y amigo de personas honorables. La noche del día del padre golpeó a su mujer y ella transmitió en vivo el momento posterior a la agresión. A partir de ese escándalo local, se han conformado bandos que defienden a la poeta y quienes defienden a Alberto. Independientemente de la relación entre ellos, él la tocó. Sucedió una transgresión violenta y hay pruebas. El podrá haber sido condecorado como la mejor persona del universo, pero hubo un momento de ira. Con ése tuvo…

Hay muchas situaciones en las que los batos creen que las morras verdaderamente se merecen golpes.

En las redes sociales, la noticia de Juan Dabdoub removió en los dentros de muchos hombres, un adormecido sentimiento de poder socavado. Es como una herida ardida y ardiente, que algunos señores sangran, y de pronto es su héroe al que se le monta el macho. Secretamente también quieren.

Dabdoub en su defensa a la tapada de boca que le dio a la mujer, a quien además infantilizó, se atrevió a decir que ella puso su boca en su mano, casi, deslindándose de cualquier responsabilidad sobre ello.

Juan Dabdoub es un gran estandarte del machismo, misoginia y cualquier variante de la intolerancia que se le vaya ocurriendo en el camino. Y lo más aterrorizante es la total y absoluta invisibilización de su culpa: yo no fui, ella me provocó, ella me atacó primero, ella me golpeó, se metió en donde no le llamaban, quería opinar en algo que no debe…Todos ellos argumentos de agresores y de personas que han violentado a mujeres.

La violencia es fuego y acelerante. A medida que leía opiniones sobre la tapada de boca de Juan Dabdoub a la morra que lo interrumpió, éstas subían de tono (los dejé intactos, sin corregir sintaxis ni ortografía): “Los derechos de esta mujer impertinente progay terminan en donde empiezan los de la otra persona la cual estaba en una entrevists”, dijo Alberto en mi página de Facebook. “…ella tampoco debió llegar así interrumpiendo descortésmente, puede esperar aunque sea una pausa para preguntar amablemente y no dar pie a que le falten al respeto…Los dos muy mal”, comentó Diana. “…o sea cualquiera puede ir a interrumpir una entrevista nada más así? Solo por que los homosexuales se sienten violentados y discriminados por todo mundo se les debe dejar hacer lo que quieran ?”, declaró Dave. Luego Noe: “Tenia que haberle cruzado la cara de un putazo no nomas taparle la Boca…hay gentuza que no entiende si no es por la mala”. Y Rodolfo: “Si piden debate respecto del tema debatan, no traten de obtener simpatías de la gente realizando actos como está falta de respeto. Al final de cuentas quien la llamó?”

En México los agresores jamás se hacen responsables de sus actos.

 

Somos violentos: elia.martinez.rodarte@gmail.com

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