reset-colu

Estaba pensando que quizás me paso de esnobish al plantear a un yo lírico desquiciado como el autor o voz narrativa de las columnas. En eso iba pensando cuando salí de la clase ayer por la tarde. Al salir de Colegio Civil. Sin embargo, es verdad. Al ejercer un yo lírico como el autor de la columna, se está creando verdaderamente un texto de columna auténtico y con una voz personal y cercana. Además el yo lírico es el mero malvavisco.

La columna es un género personal y eso es su condena o su mérito. La verdad es que en el rebusque de columnas para compartir, sin citar a nadie porque ya rebasé mi cuota de personas con las que me debo controversiar este mes, he encontrado textos que olvidé a los dos segundos de haberlo leído, con todo y la aplicación que pongo en querer querer.

Los autores de columnas de autor, que sólo atraviesan su nombre a un texto que saben que será vendible, son horribles. Son como los muñecos de un museo de cera, cuando personifican a alguien: muestran de cualquier personaje la más fea de las caras, cuerpos y expresiones que llegarían a tener. En este caso los presuntos personajes famosos que escriben una columna de autor, porque a menos que tengan unos buenos negros literarios (como se les llama en la fauna periodística a los tamemes de los columnistas), serán buenos o legibles.

De lo contrario se convierten en una carga para esos santos varones y santas mujeres, los editores que talonean con sus colaboradores. El trabajo del editor de un periódico, siempre me ha parecido de santidad y paciencia.

He encontrado otros textos que me han gustado, No siento nada especial tampoco. Los ejemplos que escogí, me parecieron los mejores y sobre todo, más justos y equitativos, Pero eso es para mi clase de mañana.

 

Anuncios